04.06.2013

Posted on Actualizado enn

La primera vez que volé en globo tendría yo 8 ó 9 años. Me llevó Julio Verne, en un paseo de Cinco Semanas que a mi avidez lectora y aventurera infantil le duró bastante menos. La última fue el año pasado en Capadocia, donde buscando las chimeneas de las hadas a golpe de propano acabamos encontrando el cielo infinito, ese por encima de las nubes, donde el sol nace sin que la tierra le obligue a hacer sombras…

Entre una y otra han mediado más ganas que oportunidades, pero lo cierto es que el ser humano lleva aprovechando el principio de los fluidos de Arquímedes para ascender por los aires desde un 4 de junio de 1783. Y no se me ocurriría quitarles mérito a los Montgolfier que se les ocurrió el invento mirando una hoguera, pero la verdad es que es de puro instinto darse cuenta de que uno se eleva y vuela con el aire caliente y, sin embargo, su frialdad o su ausencia vuelve a ponernos los pies en el suelo…

Martes; desde el suelo o desde el cielo, buenos días.

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