09.09.2013

Posted on Actualizado enn

A juzgar por la temperatura de esta mañana, el verano ya es historia. Este verano esquivo que se ha quedado con nosotros lo que una visita de compromiso; le costó llegar y estaba deseando irse y en la primera oportunidad ha emigrado cual cigüeña (de aquellas que emigraban, digo; porque ahora ya no gustan del cambio de latitudes). Y aquí nos ha dejado con el otoño asomando por los vientos fríos y las mochilas nuevas… Esos niños, angelitos… Desde luego, si fuera un hijo mío el que volvía hoy al cole, habría ido con su gorrito y su forro polar y no con mis sandalias, que he llegado a la oficina a punto de perder los meñiques por congelación, como si fuese la sucesora de Juanito Oiarzabal ¡!

Si me oye mi madre me dice que soy una exagerada; que eso es ‘el fresquito’ de la mañana. Pero es que su fresquito de la mañana comprende temperaturas de entre -2 y 15 grados y por ahí no paso. Yo, en este caso (y prácticamente sólo en este caso) estoy con la mayoría: si la mayoría de las chavalas en short tiemblan y tienen las piernas azuladas, si la mayoría de los que esperan el autobús no para de estornudar y abrazarse a sí mismos y si la mayoría llevamos los pelos (y lo que no lo son, que bendito Dios el que inventó el sujetador con cazuelas) como escarpias… por algo será, no? Y aunque a estas horas el sol ya ha tendido su red de ilusión, no nos engañemos: hay que sacar el edredón.

Lunes. Tengo frío, tengo sueño, tengo las manos destrozadas y una rodilla magullada… Lunes. Buenos días!!

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