20.09.2013

Posted on Actualizado enn

Ayer sufrí una tarde de inesperado e indeseado cambio de planes. Esperaba sudar la gota gorda con mi nueva monitora/sargento de natación y acabé sumergida en el in/cómodo sillón de mi dentista. Pero es que las muelas mandan y, cuando un nervio te declara la guerra no hay nada que hacer, salvo ingerir 4 litros de agua fría que era lo único que me calmaba el dolor y zamparse un diazepan como alternativa a saltar por la ventana…

El caso es que la ingesta de tanto paliativo al final, confieso, hizo mella en mí y acabé con un efecto secundario digno de estudio: cada vez que cerraba los ojos, se me aparecía el Dr. Spock ¡¡¡A mí, que nunca he sido trekkie!!! Afortunadamente hoy el dolor y la tripulación de Star Trek son historia; aparentemente la única secuela es el cuadrante superior derecho de la boca algo sensible y que, en lugar de decir ‘dependienta’, digo ‘amapola’. Si la cosa no va a más, me doy por conforme; siempre hay casos peores: he comprobado que hay gente que llega a perder el sentido del humor por mucho menos…

Viernes y San Andrew Kim Taegon (en serio). Ya no hay huevos de dar los buenos días, así es que buenas tardes y feliz fin de semana…

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