10.10.2013

Posted on Actualizado enn

Creo que ya he mencionado algún día que este año disfruto de las directrices de una nueva sargento camuflada de monitora de natación, de esas que esconden, tras su cara sonriente y su aspecto afable, un extenso conocimiento de los más refinados métodos de tortura al alumnado (de ahí que yo sospeche que posea formación paramilitar profesional o que vea a diario El Sargento de Hierro). Porque yo no voy a nadar los martes y jueves, no. Ahora lo sé; voy a hacer instrucción. ¡!

Pirámides imposibles, ausencia de instantes de recuperación, intercalado de fuera-pistas corriendo con el agua por la rodilla… El otro día, a medio martirio, las piernas comenzaron a temblequearme (no preocuparse, a los tres días se me pasó), vi caer en una esquina, llorando, a un compañero y, cuando salí, me di cuenta de que la sandalia izquierda se me salía, que casi me caigo de camino a casa… Vamos, que el pie me encogió (porque no creo que el zapato haya crecido en ese rato). Total que cada vez que salgo viva de la clase, me apetece celebrarlo; pero como fumar es imposible hasta 5 horas después y no tengo fuerzas para sujetar una copa, lo acabo celebrando semi-desmembrada en el sofá, que no es tan mal plan.

10 de octubre. Día Mundial de la Salud Mental y Nuestra Señora del los Remedios. Para conservar la primera no me queda más de la segunda que dejarme torturar: nadar y nadar. Buenos días…

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