29.01.2015

Posted on Actualizado enn

No es que no sepa ducharme sola -en mi casa casi siempre lo hago- es que a lo largo de los seis últimos años me he acostumbrado a las duchas multitudinarias de los polideportivos (entendamos aquí el término multitud en la cualidad del dicho, esto es, referido a más de dos), de tal manera que cuando disminuye el aforo, me aburro como un percebe perdido en un cocido.

 

El martes pasado, por ejemplo, que los vestuarios estaban desiertos porque la gripe había hecho estragos entre los nadadores, ducharme, echarme la crema y vestirme fue un auténtico coñazo. Hay que hacerlo y lo hago, pero un coñazo.

 

Normalmente, con eso de que la desnudez física incita a la intelectual, la conversación suele estar de lo más animada y nunca nos falta. De hecho, en esas lides conocí a mi buena amiga Alba. Y siempre que nos preguntan ¿de qué os conocéis vosotras? respondemos entre risas que de las duchas, que nos conocimos en pelotas… razón por la cual nos fue imposible ocultarnos nada!

 

Desconozco si ese mismo ambiente se respira en el vestuario de enfrente, el masculino. Y me temo que con la duda me tendré que quedar porque si entro a curiosear quizá rompa su dinámica… Los chicos que se duchan así en modo manada…son capaces de conservar la misma naturalidad? Porque desde luego cuando a las chicas se nos cae el jabón no pasa nada de nada!

En fin.. Curiosidades de jueves, nada más. Buenos días!

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