08.04.2015

Posted on Actualizado enn

Últimamente huelo a hombre que tiro para atrás.

No es que se me hayan descompensado las feromonas, ni que detecte en mi piel el rastro de un olor que no me pertenece, que eso me sucede a veces y me despierta un curioso contraste de sensaciones. Esta vez ha sido la casualidad la que ha dejado mi aroma con un tufo decididamente masculino.

Por un lado, el desodorante: durante un tiempo desapareció de las estanterías el que me gusta en versión femenina, así es que ante la trágica posibilidad de quedarme sin él, decidí agenciarme el de caballero, sin saber cómo iba a oler. Y por otro lado, me he comprado una colina que abajo pone “men”. Y no por descuido, si no por atrevimiento. Es una que ayudé a mi hermana a elegir para regalársela a nuestro común padre por Reyes y me encantó, me parecía que podía pasar por unisex, así que me la compré… Pero no. Huelo a tío (como dice mi otra hermana), a macho, al Jacks que buscaba la del anuncio, a lo que cantaban (Ay!) Mocedades ¿o era Ay! Amor de hombre? A saber. Lo mismo es.

Huelo constantemente como alguien que tiene pene. Y, sintiéndolo mucho, así va a tener que ser mientras me dure el perfume y el desodorante, que no está la cosa como para tirar los botes, por mucho que no se correspondan con el sexo que Dios te dio al nacer. Total, eso de la diferenciación olfativa por género no deja de ser parte de las convenciones sociales… y todos sabemos que esas se pueden fumar. Fuego ¿quién me da?

Es miércoles. Buenos días!

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