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28.10.2014

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Siempre he entendido la curiosidad como una manera de enfrentarse a la vida. En concreto, mi manera.

 

También es verdad que aplico el término con cierta sutileza muy alejada de la acepción que la encadena a esos diseccionadores de corazones ajenos que encuentran su espacio en los medios.

 

No. Mi curiosidad no es eso. Es una sucesión de ojos y oídos abiertos que me empuja a viajar por todos los conocimientos que no tengo. Igual me eclipsa la materia oscura del universo que el sistema reproductivo de un cangrejo. Es la fascinación continua por este mundo nuestro tan complejo. Mi curiosidad vital, esa que llevo adherida al ADN y tatuada en un brazo, es la capacidad de la que me enorgullezco de interesarme absolutamente por todo lo que veo.

 

A pesar de eso, esta vena inquisitiva mía no acostumbraba a internarse por puertas entreabiertas de otros y, sin embargo, el otro día lo hizo. Sin malicia pero sin remordimientos abrí una caja de secretos que no eran propios. Y he terminado con un saber que probablemente no quería, ni era necesario, ni sé muy bien cómo manejarlo. Y aunque diste mucho de ser la caja de los truenos, comparte con ella algo: lo que una descubre ya no se puede volver a meter dentro.

 

Por eso hoy me planteo de qué murió exactamente el gato curioso y si la interrogación que me abandera no será, a la par que una bendición, una condena.

 

Martes. San Judas, qué ironía. Buenos días!

13.03.2014

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Me pasa mucho que la gente me pregunta insistentemente cosas que no sé ni por asomo y, por más que les reconozca mi ignorancia sobre el asunto en cuestión, siguen preguntándome. Me di cuenta el otro día cuando -avatares del destino- acabé viendo un partido de fútbol con mi madre en la sala de espera del dentista. Aunque es mi madre, me conoce y sabe que el fútbol me la trae al pairo, me preguntó desde la improcedencia de un corner hasta el apellido del portero ¡! No sé qué me sorprendió más, si que mi propia progenitora tenga esas inquietudes o que espere que yo pueda resolverlas…

Pero debe ser que tengo cara de libro gordo de Petete porque esto me pasa más veces: impertinentes que te preguntan en las paradas de autobús por el servicio completo de líneas de la EMT sin mediar un ‘por favor’ ni un ‘gracias’, clientes que esperan que yo les conteste sus dudas existenciales… hasta Mati, mi compañera, que aunque suele consultarme a diario sobre el abecedario y ahí me crezco, en ocasiones te plantea preguntas de anexo de tesina doctoral… Aunque la palma, sin duda, se la llevó mi padre aquella vez que me llamó para que le dijera los horarios de los trenes de Madrid a Salamanca y que, cuando le pedí un minuto para poderlo consultar, me dijo que no, que no, que se los dijera de memoria!!

Si yo nunca he negado mantener relaciones íntimas con el signo de interrogación y reconozco pecar de lo mismo que el gato, pero de momento -queridos familiares, amigos y conocidos- NO LO SÉ TODO. ¡Qué más quisiera yo! De momento comparto lo que sé; que es jueves, San Rodrigo y que en siete días será primavera. Buenos días!!