adolescentes

12.11.2015

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Charlábamos hace poco en la sobremesa de una cena (deliciosa, por cierto), sobre la influencia de las redes sociales en la vida profesional y nos comentaba una amiga que se dedica a ello, que hoy por hoy, tener más o menos público digital puede suponer la diferencia entre que le den a un actor un papel en una serie o se decanten por otro con más seguidores en las redes.

 

 

Nunca me había planteado como, efectivamente, los likes son un medidor accesible y gratuito de la popularidad. Y aunque el tema me resulta muy interesante, pensaba que su ámbito se limitaba a profesiones mediáticas y grandes empresas, pero escuchando la conversación de dos chavales en el metro esta mañana he empezado a dudar.

 

 

Le contaba uno a otro sobre una chavala que le molaba y que acababa de agregar en facebook, pero le había estado cotilleando el perfil y le extrañaba que tuviera tan pocos seguidores ‘siendo una chica’. Decía que no se fiaba, que a ver si no le había dado una cuenta falsa… Toma ya! Así es que por lo visto no basta con ser mona y simpática; si no tienes además los adeptos que el perla en cuestión estime oportunos en tu página, te descarta!!

 

 

Así pasa que mi hermana -que en general es una cría sensata- se pasa la vida pendiente de cuantas reacciones despierta cada foto que cuelga (que por supuesto cuida al milímetro) y se pica si no le dan doscientos corazones en un momento. Y como ella el 99% de los chavales de esa edad. Así es que así saldrán: que no sabrán matemáticas, ni lengua, ni geografía, pero llegan a adultos con una formación en marketing total!!

 

Jueves ¿Cuántos ‘likes’ podremos coleccionar? Buenos días!

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22.10.2014

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Anoche, lo confieso, me dormí un ratito en el sofá. No eran horas de irme a la cama pero sufrí uno de esos ataques furiosos de estrabismo por somnolencia y me dejé arrastrar por Morfeo sin apagar la televisión. Cuando me desperté descubrí sorprendida que la pantalla se había poblado de gente en pelotas ¡Ups! ¿Será un programa de porno-cutre de esos de las tantas de la madrugada? Pero no, eran las once y vente y lo que echaban era triste, pero otra cosa: Adán y Eva, se llamaba.

 

¡Por todos los demonios catódicos! ¿Que ven mis ojos? Dos chicos y dos chicas en cueros que me han causado el mayor de los sonrojos. No por el traje de piel -nunca he sido yo una flor delicada para el desnudo propio ni el ajeno- si no más bien por el pelaje: el de los personajes, que no tenían desperdicio y el del programa en sí, cuya mecánica consiste en soltar a esos cuatro angelitos -con nulo pudor y mucha ansia de aparecer en la televisión- a elegir a uno de ellos para verse luego en modo cita con los pantalones puestos… Ole y ole con las mentes pensantes del Canal Cuatro. Les parecerá la bomba la idea: alterar el orden de los factores sin alterar el producto ¡!

 

Lo cierto es que a cualquiera con un mínimo de formación y de compostura le suben el ego (por comparación) hasta el infinito; lo terrorífico es la influencia que tales espacios tienen sobre mentes adolescentes más tiernas: que se venda como normal el irse morreando con el primero que te cruzas en una playa, no saber que el Manzanares es un río, dónde está y cómo llama la Alhambra, tener por objetivo pescar marido rico o considerarte culto e intelectual porque eres capaz de pronunciar la palabra ‘sociocultural’. Toma ya. De este lustre son los aspirantes a padres de la humanidad, que en el momento en que abren la boca se te olvida que van en pelotas.

 

Tremendos los referentes televisivos que encumbramos, aún cuando me consta que no son así la mayoría de los veinteañeros. Lo que no acabo de entender es quién gana con esto…

 

Miércoles. Normalmente el día más erótico de la semana… el más indignado esta mañana. Buenos días

01.10.2014

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Al hojear el otro día el catálogo de un hipermercado -de esos modelo enciclopedia que sacan ahora para el otoño- me di cuenta, de repente, de que mis hermanas han crecido: tuve que saltarme íntegra la sección de juguetes infantiles, porque ya no tengo excusa para mirarlos. Ya no les interesan en absoluto ni la muñeca Bratz de turno (que a decir verdad, nunca les ha hecho mucho tilín) ni el ‘Crea tus propios tapetes de macramé Feber’ (que tampoco). Ahora intentan quitarse a garrotazos el olor a pañal y el mayor de sus entretenimientos es jugar a ser mayores, con todos sus complementos: maquillaje, ropa sin lazos, teléfono móvil, cámara de fotos y ese aire de inconformismo perpetuo que se gastan.

 

Ahora el juego es wasapearse tonterías con el chavalito de turno mientras se arrastran de la cama al sofá y regalan sus primeros besos, sus primeras lágrimas y algún que otro desvelo. Lo cierto es que lo segundo y lo tercero todos lo hemos hecho; la diferencia radical estriba en lo primero: los que vivimos la preadolescencia antes de que Dios le diera un vuelco a las telecomunicaciones no podíamos tontear con el muchacho de turno desde la comodidad de nuestra casa. Nos tocaba desplegar nuestros encantos en el cara a cara, con toda la vergüenza que ello podía acarrear. Los de ahora, se dicen de todo por vía telemática y, cuando se ven, no tienen nada nuevo que contar, por lo que no les queda otra que ‘enrollarse’ para no dar por perdida la tarde…

 

A riesgo de sonar a lo que no soy: ni mojigata ni anticuada, lo nuestro me gustaba más. Enfrentar las cosas a la cara y no tras el chaleco antibalas de una pantalla me parece una lección de vida fundamental (además de mucho más natural); ese mercadeo de afectos tan evidente en el que la foto de perfil es la pieza de carne expuesta me horroriza, pero veo difícil la vuelta atrás. Esperemos que lo superen al madurar…

 

Miércoles y Día de los Mayores; de los Viejos, vaya; de los que han madurado ya. Buenos días!!