aire

30.11.2015

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Nada como escapar de Madrid al amanecer para ver, mientras la ciudad casi duerme, cómo se van despertando sus carreteras.

Nada como salir al alba para disfrutar del anaranjado despuntar del día que se despereza, una vez más, cubierto de mierda.

La línea del horizonte parece dudar de la hora y conserva una oscuridad difusa que no es noche, si no mugre. El aire suspende por exceso de suciedad en suspensión. Gases de nombres tóxicos que se nos cuelan entre pecho y espalda. Así estamos: entre la espa(l)da y la pared donde el progreso nos ha arrinconado con sus contaminados besos.

Y es que la polución rampante que nos rodea no sólo se siente en las vías respiratorias y la melena que se ensucia, si no que estropea también la profundidad de campo del ojo; llega un punto que no sabes bien si hay niebla, legañas, o que en esta apartada orilla están quemando carbonilla y hasta aquí llega el olor, porque desde luego, no se respira mejor.

Pero acaba saliendo el sol. Por detrás de una fábrica de ladrillos rústicos, pero sale. Y España es el país de ‘Amanece, que no es poco’, no nos olvidemos. Así es que mientras el sol tiña el dióxido de nitrógeno con su color y se confunda con el dorado del oro, todos seguiremos felices con el invento. Además, ahora que se ha levantado la boina veo al fondo molinos de viento y será más fácil luchar con ellos que antes porque siguen siendo gigantes, pero en suspensión de pagos.

Total, no echéis mucha cuenta de mis cuentos, que posiblemente no me esté llegando suficiente oxígeno al cerebro. Es lunes. Hace frío y sueño, pero ha amanecido amigos. Qué menos!! Buenos días!

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07.10.2015

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Probablemente, si viviera en Tarifa o en Lanzarote no pensaría lo mismo pero, desde un Madrid dónde viene de tiempo en tiempo, me gusta el viento.

 

Bien es verdad que te deja los pelos cual niña del Exorcista y que te obliga a llevar gafas porque los ojos se llenan de arena y otras sustancias sin clasificar, pero siempre me ha dado la impresión de que te hincha el espíritu además de la falda y que abre un camino por el que la mente tiende a volar. Y a la mía con cualquier pequeña excusa le basta, quizá porque…

 

Lo mío son las rachas de viento que te levantan el vuelo de la falda y una sonrisa. Los trenes que se deslizan entre los pensamientos líquidos de la noche. El plasma de luces blancas y rojas que transportan el monóxido de carbono al asfalto. Lo mío es dejar ir la vista por ese río.

 

Los atardeceres templados. Los últimos rayos de sol que arrancan reflejos dorados. Una mañana de primavera en el campo; una tarde de otoño paseando.

 

Y perderme en ritmos que retumban allá lejos, que viajan hasta mi estomago según entran por las orejas. Y hacer una historia con palabras que vuelan; cargada siempre de un cazamariposas para recogerlas.

 

Lo mío siempre ha sido disfrutar con la vista, con el oído, con el tacto… con todos los sentidos. A veces incluso con los sinsentidos. Porque parte de lo que me rodea son engranajes que no acaban de ajustarse. Piezas de una mecánica disonante; que cumplen a pesar de ello su misión en esa función que es vivir; vivir de esta manera.

 

La noche y el día. El pensamiento y la acción. El dulce y la sal. Volar y nadar. La guerra y la paz. Pasar corriendo y sentarse a observar. Lo mío, que me lío, siempre han sido los contrastes. Y con eso me voy a quedar.

 

Para el viento, vuelve el sol. El sol también me gusta. Buenos días!

30.10.2014

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Estos días calurosos que estamos viviendo y que alguna mente ocurrente ha calificado con acierto de “veroño” son maravillosos. Cierto. Pero tienen un efecto secundario non grato: Madrid está sucio. Muy sucio. Sucisimo.

 

El aire que respiro da asco. He tenido que activar el pulmón mágico y lo voy transformando (inspiro polución y expiro aire fresco y renovado), pero me canso. El proceso fotosintético que hago requiere de un buen humor a prueba de atascos, discusiones con clientes malhumorados y disquisiciones morales de bajo rango y me consume muchos recursos.

 

Si no lo pienso, voy tirando, pero cuando me paro a meditarlo me desmoralizo; otra bocanada llena de cemento, de fruta insípida, de metro maloliente, de gente triste, de paredes desiertas, de desengaños… convertida en amaneceres soleados de cafés humeantes y ánimo sosegado, en flores rojas, en bailes frente al armario, en sombras chinescas de niños jugando.

 

Puedo hacerlo.

Lo hago.

Pero me canso.

 

Jueves. Inspiro. Expiro. Lo estoy logrando (?)

Buenos días…

15.10.2014

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No soporto los fú-fú matamoscas. Quizá tengo algo de bicho porque me sientan fatal. Me revuelvo: me pican los ojos y la garganta, estornudo, toso, lloro y moqueo en cuanto alguien tiene la brillante idea de echarlo en la habitación en la que yo me encuentro.

 

Por suerte, como no me pican los mosquitos y tengo genes de lagarto (para aplastarlos de un manotazo), no suelo necesitar el uso de esos venenos. Pero, de vez en cuando, me encuentro planeando por casa unos bichitos minúsculos que ponen a prueba mi paciencia y mi resistencia al estrabismo (porque tienden a volar sobre el puente de mi nariz, en ese punto exacto en el que, para verlos, tienes que trabar los ojos). En estos casos es cuando echo mano del frasco.

 

Bueno, pues estaba yo tan contenta porque había encontrado un insecticida bueno, bonito y barato, que no huele a nada, no me pone mala usarlo y, como es de una marca blanca, sale de precio apañado y ahora descubro que no, que no. Que todo es un engaño!!

 

Ayer amaneció una mosca en casa -de esas que saben que el verano ya ha acabado y tienen los días contados- y pensé “esta es la mía, le voy a endiñar un chute del ‘flis’ ese concentrado”. Pues la muy asquerosa no se murió! Ni se inmutó. Como aquella que le da en la cara una ráfaga de brisa marina!! Vamos, que volví a casa y la encontré contenta y relajada… hasta vino a darme la patita!!

 

En fin. Era demasiado bonito para ser verdad. Me han debido vender aire embotellado y yo he picado! Será porque se celebra hoy el Día Internacional del Lavado de Manos?

 

Miércoles. Buenos días!!

07.05.2014

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He de reconocer que los secamanos, en general, no me agradan; yo soy más de toalla tradicional. Entiendo que, en los baños públicos, mantener un stock constante de toallas limpias y secas sin robar, tiene su dificultad, por lo que asumo que busquen otras alternativas: esos rollos de papel-tela que haces girar me gustan y si tienen toallitas de papel me parece fenomenal; me apaño incluso con el rollo de papel higiénico, aunque siempre se te queden trozos adheridos por la humedad. Lo malo es cuando no hay ninguna de esas posibilidades y lo único que tienes para secarte las manos (aparte de los pantalones vaqueros y los rizos que Dios te dio) es el aparatejo ese de la pared que, si es de los medio-malos tiene un botón que le das (con el codo, que está seco, por si te da calambre) y sale aire y, si es de los malos-malos tiene un sensor que detecta tu necesidad y… no sale aire.

 

Y no sale, oye. Que a la señora de adelante le ha dejado sin gota de agua hasta los zapatos, pero a ti te tiene como a una gilipollas moviendo las manos como si intentaras cazar una mosca en las proximidades del agujero de salida de aire y nada. Es más, cuando ya te rindes y decides que te vas, es cuando empieza a funcionar ¡Ah, vale! Y le das otra oportunidad a resultas de la cual concluyes que la única manera de que el puñetero aparato cumpla su misión estriba en tener un pie apuntando permanentemente hacia la salida o las manos en ese preciso lugar en que el aire no te da ¡!

 

Vamos, que no; secamanos… para qué? Mejor que todo nos resbale: las gotas de agua de las manos y las de agua salada que a veces nos pasan entre las pestañas… Tener la piel seca tampoco es para tanto si el verano se acerca. Miércoles. Buenos días!

18.02.2014

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Algunos días sufro de (no sé muy bien cómo definirlo) una leve ‘flojera espiritual’.

No es grave ni permanente, es sólo como levantarte con las gafas grises en vez de con las rosas. Me jode, pero no me lo tomo a mal; entiendo que padecer ocasionalmente cierta tristeza existencial indefinida implica que estoy de la mitad para arriba de la pirámide de Maslow, que afortunadamente tengo mis necesidades básicas cubiertas y puedo permitirme preocupaciones algo menos terrenales. Pero esos días tienen connotaciones negativas algo molestas… Por ejemplo, camino más despacio, lo que implica una alta probabilidad de perder el metro y una exposición mayor al frío invernal que ha vuelto a tomar las calles. Además, suspiro más y eso de suspirar -excepto que seas la protagonista de un novelón romántico, que esas suspiran con mucha profesionalidad- no me parece una actividad nada recomendable. Viene a ser pegarle un bocado a la nada, darse un buen lingotazo de aire… lo cual por un lado puede derivar en una agresión a las vías respiratorias altas (porque el trago de aire entra sin tamizar) y, por otro, en una incómoda aerofagia o flatulencia de la que aquí está mal visto hablar.

Por suerte, ya lo hizo mi primo Don Francisco con su inimitable estilo personal; así es que nada mejor para hacer bueno el decaído día que terminar con esta poesía…

Poema al Pedo de Francisco de Quevedo y Villegas

14.10.2013

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Eso de la eficiencia energética es una milonga biensonante que se han sacado de la manga los burócratas, no? Un saca-cuartos, vaya. Porque está muy bonito que ahora haya que obtener (y pagar) el dichoso certificado para vender o alquilar un piso, pero algunos la eficiencia se la pasan por el arco del triunfo; por ejemplo Renfe, que si coges un tren con 23° en la calle, te ponen la calefacción a 43°, no sea que te enfríes. Verídico. Os extracto lo que iba escribiendo en un whatsapp de grupo cuando me sucedió:

“Yo en un tren al que he estado esperando 11 minutos y que lleva puesta la calefacción a todo trapo. Encima va a tope de gente. Como el calor es insoportable, nos hemos desnudado todos y, al tener que sujetar los pantalones en una mano y los zapatos en la otra, no puedo agarrarme y casi me caigo! Estoy escribiendo el mensaje con los dedos de los pies. Como los cuadros de los pintores mutilados que vendían los calendarios de puerta en puerta cuando yo era pequeña (…) Creo que se me está fundiendo el cerebro”

¡¡!! Hombre, si lo que quieres es un método de derretir viajeros, es muy eficiente, eso sí.

Lunes y Día Mundial de la Espirometría: la forma menos divertida de medir el aire que respiras. Yo ya lo estoy celebrando: voy comprobando cuánto aguanto sin respirar cuando me dan un puñetazo en el estómago y ¡oye! no está tan mal… Buenos días!!!