alegría

06.03.2015

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Ya llega la primavera

No lo sé porque note mi sangre alterada ni porque los almendros empiecen a pasar del blanco al verde. La señal más evidente -al margen del consabido anticipo que nos hacen los grandes almacenes- es que la alegría viene de la mano de su anagrama: la alergia. Los picores se empiezan a esconder por entre mis cuerdas vocales recordándome que el polen no solo es esa sustancia que hace nacer las flores.

Pero no voy a presumir de cínica, el cambio de estación también me hace vibrar otras cuerdas: antes de ayer sufrí un deseo incontrolable de sacar a pasear al perro. Hasta que me di cuenta de que yo perro no tengo… pero no me dejé arredrar por eso: me armé de chaqueta deportiva, zapatillas, braga polar y miguitas de pan y me bajé al río a pasear, a ver si se me acercaban las palomas y podía poner alguna estofada para cenar (nada; las muy espabiladas se las saben todas y casi me estofan a mi).

El caso es que estas tardes que tengo tiempo -y el tiempo empieza a virar a mejor- he decidido practicar el deporte tradicional de los ancianos -me refiero a pasear, no a mirar obras- porque, la verdad, dejar ir los pies con el rumbo sin acabar de trazar me encanta. Especialmente cuando además puedes llevar música en las orejas, ideas en la cabeza y tienes un salvoconducto vulgarmente conocido como teléfono móvil y otro en forma de abono transporte por si los pies se te van de más.

Sí. La pátina de cinismo se resquebraja cuando sigues encandilada por tu propia ciudad, cuando caminas con paso musical al son de lo que escuchas, cuando levantas la vista para apreciar una balconada y en ese instante encienden la iluminación de la fachada. He de reconocer que la sonrisa que me baila en la cara es de lo más primaveral.

Viernes. Feliz fin de semana. Y buenos días!!

20.02.2015

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Desde que Dios inventó las cestas exteriores para publicidad y las grandes compañías descubrieron que les salía mucho más eco(nómico)lógico dejar de enviar las facturas en papel, el buzón del portal suele llenarse… de polvo, básicamente.

 

Pero esta semana algo bueno he debido de hacer porque se me ha llenado de alegrías (algo malo también, pero creedme  que no puedo confesarlo esta vez; baste saber que he vuelto a dejarme la cara hecha un cromo y hasta ahí puedo leer). Primero un paquete que no por esperado me ha causado menos ilusión y que es el resultado de una colaboración de esas que (como diría mi compañera imitando el acento borbónico) ‘me llena de orgullo y satisfacción’ y después una invitación personalizada y divinamente decorada a la comunión de mi preciosa sobrina María.

 

Y aunque parecen envíos aislados que no guardan relación entre sí, en realidad tienen un nexo común: la amistad. Porque sin contar con la de Kety nunca habría diseñado una postal y sin la de Sonia nunca hubiera sido tía (bueno, quizá algún día, cuando mis hermanas lleguen a la edad). Así es que chicas, hoy toca esto: daros las gracias. A vosotras, a Mati y Mariano que me han tenido a dieta estricta de deliciosas filloas con compota de manzana para desayunar  y a mi rubia particular, alías María, que -por lo mucho que me conoce- sabe anticiparse a mi mala lengua y no me deja meter la pata, cosa que tan bien se me da.

 

Y dado que esto de echar y recibir flores me gusta tanto como una tarta cubierta de fondant -es decir, nada de nada, por si había alguna duda- no me voy a explayar más, que la lista es por fortuna larga y no todo se debe desvelar… Gracias a todos, amigos. Buen fin de semana y buenos días.

06.02.2015

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La Fórmula de la Felicidad. Día 5

Buenos días jefe, aquí tiene el informe. Me dijo que lo necesitaba para el viernes, no? Con este frío no he pisado la calle y he conseguido terminarlo, aunque no sé si servirá de algo.

Como nos temíamos, fue una plaga. Cayeron por cientos, aunque aún no están seguros del porqué. Por lo visto la fórmula sólo servía mientras se mantuviera la ilusión por tenerla pero, en el momento en que aquello se puso a la venta, se corrompió el contenido y en lugar de beber la felicidad perpetua se contagiaron de una decepción amarga.

Se salvaron unos cuantos que se negaron a tomarla: un viejo relojero descreído, alguno que militaba en la propia desgracia y otros pocos que pecaban de auto complacencia (además, claro está, de todos los que no podían pagarla). Al final hasta el científico chiflado ese que lo inventó, cayó. Fue el caso más grave porque añadió la culpa al abultado fajo de sus desgracias.

Yo? No, yo no. Puede secarse esas lágrimas! Ya sabe que mi sueldo no es muy grande y tengo tres niños en casa… Ellos me dan a mí todas las fórmulas que hay en la baraja: las alegrías y los desvelos cada día de la semana.

Le dejo por hoy, jefe. Que disfrute del fin de semana. Los viernes son fabulosos, no cree?
Fabulosos, dice usted?
Sí señor, así es: días buenos para hacer fábulas…

05.02.2015

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La Fórmula de la Felicidad. Día 4

Los jueves siempre han sido unos buenos días en mi calendario. Algo así como los previos del fin de semana, lo que le son los cuartos a las campanadas. Aunque también me encantan los viernes y por supuesto los miércoles… No anote nada de eso, agente, que voy a parecer un inconsciente!

Bueno, el caso es que a pesar del ambiente frío, yo estaba de un humor excelente y quería salir a compartir tan habitual acontecimiento, que no soy de los que olvidan disfrutar con algarabía el día a día. ¿A dónde? Pues de bares, ya sabe, esos lugares dónde el que no está alegre es porque no quiere (o porque teme las consecuencias que eso le traiga al día siguiente).

Apenas encontré gente en los sitios de siempre -cosa rara, ya ve usted- pero no me preocupé, que por esos lares no echamos cuentas de las ausencias de nadie, así como ignoramos sus faltas también.

Por lo visto todo el mundo andaba haciendo cola en las farmacias. Todos querían comprar un vial del invento ese, la última panacea, la pura felicidad embotellada. No me dirá que no tiene gracia, pensar que la felicidad puede beberse o siquiera fabricarse. Cualquier abuela les hubiera dicho que la felicidad, como el amor, ni se compra ni se vende.

Pero allá ellos, pensé. Dudoso destino tiene aquel que hace de lo bueno un ejercicio y no una piedra en su camino en la que poder tropezarse. Esto sí, haga el favor, esto anótelo usted.

30.10.2014

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Estos días calurosos que estamos viviendo y que alguna mente ocurrente ha calificado con acierto de “veroño” son maravillosos. Cierto. Pero tienen un efecto secundario non grato: Madrid está sucio. Muy sucio. Sucisimo.

 

El aire que respiro da asco. He tenido que activar el pulmón mágico y lo voy transformando (inspiro polución y expiro aire fresco y renovado), pero me canso. El proceso fotosintético que hago requiere de un buen humor a prueba de atascos, discusiones con clientes malhumorados y disquisiciones morales de bajo rango y me consume muchos recursos.

 

Si no lo pienso, voy tirando, pero cuando me paro a meditarlo me desmoralizo; otra bocanada llena de cemento, de fruta insípida, de metro maloliente, de gente triste, de paredes desiertas, de desengaños… convertida en amaneceres soleados de cafés humeantes y ánimo sosegado, en flores rojas, en bailes frente al armario, en sombras chinescas de niños jugando.

 

Puedo hacerlo.

Lo hago.

Pero me canso.

 

Jueves. Inspiro. Expiro. Lo estoy logrando (?)

Buenos días…