año

01.02.2016

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Por más que el mes de enero sea ese en el que el año se hace nuevo, en mi sector profesional es el mes-infierno en el que toca compendiar todo el año viejo.

Hacienda insiste en que aprendas a sumar y te obliga a agregar la información que ya les has dado en modo trimestral en una suerte de manifiesto en el que el diablo de los números tiende a jugar con los decimales, con lo que el amable verbo ‘sumar’ se transforma en el mucho más laborioso verbo ‘cuadrar’; gracias a lo cual, tu agradable jornada laboral se transforma en una cuenta atrás en la que no cabe nada más: ni blogs en los que escribir, ni buenos días que dar.

Lo peor de dicha circunstancia, es que te embotas y te abobas… Como eres una especie de olla a presión en la que se van sofriendo las cuentas, en cuanto tienes un tropezón y la cosa no cuadra a la primera, la máquina de trabajar se avería: los ojos empiezan a hacerte chiribitas y las neuronas te derrapan y ya no estás segura de si dos y dos son cuatro o cuatro con cuarenta, mientras dudas de tu propio nombre y vas perdiendo la paciencia…

Y es que enero, ya lo dicen por ahí, está en cuesta. Cuesta trabajo pensar, se minimiza el tiempo de sentir y, si me toca ponerme a escribir, sólo me salen cosas como esta…

Para más INRI, gracias a la intromisión del fin de semana, enero este año no se acaba cuando arrancas su hoja si no un día más allá. Hoy. Hoy se termina el follón. A Dios gracias. Digo yo que febrero será otro cantar. Por lo que hoy empieza y nos toca, muy buenos días!

23.10.2015

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Claro que podría habértelo dicho, hacerte partícipe de mis anhelos. Pero hay sueños que no se cuentan, deseos que se quedan dentro. Y no es una cuestión de miedo; es que cuando una sufre un episodio de fiebre romántica, es mejor padecerlo en silencio, como esa afección del ano que los anuncios llaman hemorroides e insisten en que no contemos.

Y, sin embargo, me duermo algunas noches mientras voy caminando hacia tu encuentro. Sin violines ni cámara lenta, que no es cuestión de que parezca una película de Meg Ryan cuando ponía ojillos tiernos.

Hemos quedado, por ejemplo, en el kilómetro cero; porque a mí me pilla al pelo y por puro gusto a las alegorías y a los gestos.

Tú ya estás esperando cuando yo llego. Y te quedas quieto. Muy quieto. Invitándome a recortar los centímetros que aún dominan nuestro destierro.

Nos miramos. Nos estamos viendo con unos ojos nuevos. Ha pasado mucho tiempo.

Y estamos distintos, por supuesto. Somos los mismos, pero con unos nervios que no conocemos. La ilusión inocente de encontrarnos, contradiciendo la madurez que nos suponemos.

Ahora toca hablar; llegó el momento de introducir el diálogo. Y dudo entre un saludo que no deje lugar a dudas o uno más templado; que me permita hablar y dejar la ropa a salvo.

Pero al final no es necesario. Nos abrazamos… Travelling circular. Picado. Y fundido a negro.
………..

Al final no he tenido que decirte que esto ya lo he soñado. Que estos ataques melodramáticos que me dan sarpullidos los sufro en silencio, como la almorrana que por suerte no tengo, como si te cantara baladas de Silvio. Como un deseo que jamás se confiesa; que es mejor guardarlo para los ratos de desvelo.

Aunque la ropa, al final, la he perdido. Me temo.
Viernes. Buenos días. Felices sueños.

22.09.2014

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Mi madre lo dice mucho: lo más inteligente (y lo más diabólico) es ir dejando que la rana se vaya cociendo poco a poco. No escaldarla de golpe, que se asustaría y abandonaría el caldero de un salto.

 

Y me temo que el cambio ya ha comenzado. Sutilmente al principio, pero sin retorno ya. Primero cayó una hoja, al día siguiente fueron dos… Después vino una tormenta, de la que el termómetro no se recuperó. Fuimos dejando los tirantes tirados en el armario y paseando de nuevo chaqueta y pantalón.

 

El otoño nos acechaba quedamente desde el recodo de este mes en el calendario y esta noche, por fin, se instalará entre nosotros.

 

Y lo que me duele no es esta estación de colores intensos y vientos perfumados, lo que me lastra es saber que, como en el libro de Martin, se acerca el invierno. Me pesan los minutos de luz que cada día se van esfumando, me escuece la distancia que nos separa del próximo verano. Hoy me mata saber que cada primavera florece,  pero un poco menos y que cada equinoccio seca una rama más de mi propio árbol… Aunque mañana estos pensamientos se los lleve también un viento frío de otoño.

 

Lunes, buenos días.

26.09.2013

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Lo voy a traducir a pesetas, a ver si os impresiona tanto como a mí: quedan 96 días para que se acabe el año!!!

Madre mía! Qué hacemos con el calendario que se nos ha gastado tanto? Estamos ya en la cuenta atrás y yo aún ni me he acostumbrado a decir ‘dos mil trece’. Y estoy con los propósitos patas arriba -o eso creo- porque los llevaba anotados firmados y sellados en presencia de dos testigos (también conocidas como amigas)… en el monedero que me robaron. Que no es que eso me exima de su cumplimiento, por supuesto, pero va a hacer imposible su comprobación. Es más, igual los está cumpliendo por mí quien me lo robó y yo sin enterarme ¡!

El caso es que el año va tan abocado a su último trimestre como Tony y María a la tragedia desde aquel 26 de septiembre de 1957 en que se estrenó en Broadway West Side Store, el musical, del que poco pueden disfrutar los protagonistas del ‘Día de’ de hoy.
Jueves. Día Internacional de la Sordera. Exclúyanse, si son tan amables, los mayores sordos: los que no quieren oír, que no tenemos sitio para tantos.

♫ Good night, good night / Sleep well and when you dream / Dream of me / Tonight ♫

Ah no! Buenos días…