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18.02.2015

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Mira que me gusta el Spotify.

Es el sueño de mi generación hecho realidad: acceso gratuito a una biblioteca musical gigantesca con la posibilidad, además, de organizarse las canciones en bonitas listas… La versión actual de aquellas cintas que grabábamos con infinita paciencia y arduo trabajo de la radio hace poco más de 20 años. Seguro que más de uno se acuerda: te tocaba tener siempre la casete lista y los reflejos alerta y aún así se te colaba a la mínima la voz del locutor pelma que no respetaba el final de la pista ¡! En eso hay que reconocer que estos tiempos son sustancialmente mejores.

Ahora bien, estos del Spoti que se creen tan a la última y tan modernos, no han debido oír hablar de los algoritmos que permiten la publicidad selectiva, porque a mí (a mí, personalmente) me tienen frita… Lo voy a dejar por escrito y bien clarito: por más veces que suene el anuncio de ‘Latiiiino Caliente de Filter’ no voy a agregar la puñetera lista!!

Es que tiene guasa la cosa; sabiendo mis gustos, pudiendo acceder a mis playlist, a las de mis amigos y hasta a la de mis padres ¿por qué narices me sale cada tres canciones un tío diciendo que tiene para mí una selección del mejor regetón? No guapo, perdona, pero para mí no tienes eso!! Que estás tan tranquila barriendo al ritmo de Carlos Sadness -por decir algo- y te empieza a sonar tres puntos de volumen más alto que tu música, un hortera cantando ‘Hoy vamo a selebrá que estamo en carnavá, lalalalala’ Mande?? Joder, que me toca soltar corriendo la escoba para cerrar la ventana a toda velocidad no vayan los vecinos a pensarse que esa es de verdad mi selección musical!!

Empiezo a sospechar que precisamente pretenden eso: que te pases a la versión premium no para evitar los anuncios, si no para evitarte la vergüenza!!

Miércoles… qué vamo a escuchá? Buenos días!!

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A riesgo de parecerme a algún amigo que tengo de estos de corazón rápido y suspiro fácil, voy a decir lo que siento: ‘me he enamorado’… Lo que no tengo ya muy claro es de quién, si del anuncio, de su realizador, del modelo, del frasco de colonia, del compositor de la canción o de todo el conjunto, que yo creo que eso va a ser.

No es nuevo que confiese mi fascinación por el décimo (o el número que le toque) arte: la publicidad. No toda, claro, que hay determinadas prácticas aborrecibles y algunos anuncios que deberían estar perseguidos con pena de cárcel (verbigracia el de kelisto.es ¡¡¡!!! Para matarles). Pero otras veces -muchas, por suerte- se producen pequeñas joyas de breve duración que aparecen en la tele. La última de ellas en conquistarme ha sido la de la colonia (para él) Only the Brave – Wild de Diesel.

 

Brutal.

La música, la historia y el personaje.

 

Muchos directores deberían plantearse por qué no son capaces de dotar de entidad a un personaje en 120 minutos de metraje cuando llega otro que, en un minuto y siete segundos sí lo consigue.

El caso es que el modelo no es que me mate; el muchacho feo no es, pero tampoco como para tirarte… a sus pies. Lo que conquista, insisto, es el personaje: ágil, versátil, valiente (…) Lo mismo me pasaba con Aragorn. Al que me llevaría puesto es al Heredero del Trono de Isildur, al Capitán de los Montaraces del Norte, no al pobre Viggo Mortensen, que parece un buen chaval pero tirando a aburrido en la cama.

Personaje, señores, personaje. Que en la vida real ya nos enfrentamos a diario a las personas que hay detrás.

Miércoles. Buenos días!