armonía

09.01.2015

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Los Reyes Magos han sido especialmente buenos conmigo este año. Me han traído algo que llevaba mucho tiempo deseando: un cuenco tibetano.

Para los que aún no han tenido la suerte de disfrutarlo y me han preguntado si eso era un mortero u otro utensilio de cocina les cuento que -aunque se podría perfectamente machacar unos ajos dentro- en realidad es una suerte de instrumento musical, pero uno que emite un sonido muy especial.

Está fabricado con una aleación de siete metales que, los que saben de eso, relacionan con otros tantos planetas y chakras y cada uno tiene su afinación (el mío es un Mi). Como si de una campana invertida se tratase, puedes hacerlo sonar con un gong o hacerlo cantar por fricción. Y en este sonido es donde reside su magia: primero porque el cuenco tiene su carácter y canta sólo cuando le da la gana y, sobre todo, porque la vibración del metal produce una onda sonora, como un zumbido in crescendo que parece que partiera de lo más profundo de tu propio cuerpo; de ahí que se utilice para ayudar en la práctica de la meditación.

Y en este punto es donde cualquier mente avezada se pregunta para qué quiero yo (que no soy capaz de relajarme, no medito un pimiento y carezco de instrucción musical) un cacharro de esos… Pues porque sí, porque lo quiero. Porque ahora, cuando algo me toca los cojones yo toco mi cuenco y me consuelo. Porque me despierta un retumbar interior instintivo y poderoso que me atrapa y porque escuchar la armonía con el estómago no tiene precio. De hecho, creo que sólo hay otro sonido que consigue lo mismo: un cuerno gigante que oí una vez en el Circo del Sol. Pero ese no me cabe encima de la mesa del salón…

Viernes. Buenas vibraciones, felices resonancias y buenos días!

cuenco tibetano

03.03.2014

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Yo no puedo entender que en una casa tan chica y con tan pocos escondrijos como la mía, se puedan perder las cosas. Y mira que intento tenerlo todo razonablemente ordenado, pero ni por esas.

Los calcetines no cuentan -porque ya se sabe que forman parte de la dieta básica de las lavadoras- hablo de cosas más peculiares… No pensaba contar que el otro día perdí un plato porque al final resultó un despiste personal. Lo eché en falta al fregar la loza, porque las cuentas son facilitas: una persona que come una sopa y un filete da un total de un plato hondo y uno llano ¿no? Bueno, pues el llano no estaba ¡! Más de quince minutos me pasé buscándolo por la cocina con creciente cara de gilipollas y nada, no aparecía. Al final (joder, qué cabeza) lo encontré cuando ya había dejado de buscar… en el microondas. Pues eso, un despiste. Pero es que ayer me volví loca buscando las bolsitas de lavar (las de las prendas delicadas) y nada. He movido Roma con Santiago y ¡no están! Si tengo muchas y las usé hace poco ¡¡!! ¿Donde pueden haberse escondido?

A lo mejor es que cuando pedí como deseo ser Indiana Jones no me expliqué bien: yo lo que quiero es una vida de trotamundos aventurero con un látigo y un sombrero por todo equipaje, no pasarme la vida buscando absurdos objetos perdidos!!

Menos mal que mi jefa esta mañana -en plan inicio de semana al estilo japonés- me ha armonizado las células a golpe de cuenco tibetano… Maravillada y encantada estoy ¡Yo quiero uno! Es más, cuando lo tenga, voy a armonizar los calcetines y los platos hasta tal punto que no los voy a tener ni que lavar.

Lunes y Marzo. Todo comienza otra vez. Buenos días!!

23.01.2014

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Cuando hablamos el otro día de tocar un instrumento, no esperaba que se lo tomaran tan a pecho unos profesionales. De ahí mi sorpresa cuando me topé con esta banda callejera entreteniendo al personal con lo que me parecieron dos xilófonos gigantes ¡! Sonaban realmente bien; piezas populares y clásicas con un aire zíngaro y unos cambios de ritmo emocionantes. Pero me quedó la intriga de saber qué era aquella especie de xilo-piano que tocaban con tanta gracia el par de artistas que veis en la imagen. Así es que, tras una ávida búsqueda por Internet, lo averigüé: es un címbalo húngaro o dulcimer; instrumento de cuerda que data de antiguo y que rescató V. Josef Schunda, de Pest, allá por el siglo diecinueve.

cimbalo madrid sol

Además, navegando entre esos extraños aparatos de hacer música, encontré otro que me hechizó una vez…  caminaba sin rumbo por las mágicas calles del barrio gótico de Barcelona y acabé siguiendo las notas que se perdían por sus esquinas hasta que di con él: el Hang, que se parece a una cacerola gigante de esas de saltear tallarines con salsa de soja (lo que viene a ser un wok con tapa, vamos) y suena con una armonía algo primitiva, pero fascinante; como sonaba el cuerno gigante de la cabalgata del Circo del Sol, como suenan los cuencos tibetanos invocando a la relajación o los cuernos de la guerra invocando al combate. Creo que debería estudiarse: o yo tengo vocación de pato y acudo al reclamo, o algunos sonidos nos tocan una tecla interior impresa en el código genético, incontrolable…

Jueves; os toquen la tecla que os toquen, que no os desafinen ésta: Buenos días!!

 

05.02.2013

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Se me está olvidando contar que llevamos desde el 1 de febrero celebrando la ‘Semana Mundial de la Armonía Interconfesional’; esto es -como su propio nombre indica- un capón a todas las religiones conocidas y por conocer dictado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en resolución 65/5 de 20 de octubre de 2010 para recordarles que, en realidad, no tienen que zurrarse entre ellas porque todas dicen lo mismo: que seamos buenos, tolerantes, que respetemos al prójimo, que cultivemos nuestra espiritualidad y tal… Pero me encantan los llamamientos a la armonía, porque me parece una palabra preciosa (aunque no tanto como mi palabra preferida), que tiene además una preciosa definición: “el equilibrio de las proporciones entre las distintas partes de un todo, cuyo resultado siempre connota belleza”.

Así es que hoy me apetece sintonizar con el bienintencionado organismo internacional y celebrar San Armisticio, que es eso que pactan los que están en guerra cuando dicen “ahora no se le vale disparar”, como lo hacían los ejércitos cristianos durante la Navidad, o las ciudades-estado griegas durante los Juegos Olímpicos. O como el que firmaron un 5 de febrero como hoy en 1878 Rusia y el Imperio Otomano…

Martes. Es martes. Buenos días!!

27.12.2012

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Su solo nombre ya resulta evocador y altivo, pero cuando la has visitado (y aún más cuando tienes su visita tan reciente como yo), es imposible no recrear mentalmente su majestuosidad en cuanto la oyes mencionar: Hagia Sofía, Santa Sofía, la Divina Sabiduría…que hoy cumple 1475 años de la inauguración de su tercera reconstrucción, después de haber sido dos veces pasto de las llamas.

Es tan magnífica que destacó como la basílica ortodoxa que fue construida, como catedral católica por unos años y como mezquita principal de Estambul después. Y aunque ahora figura como museo, ese título no responde a su personalidad: tras su rotunda fachada, bajo su imponente cúpula no se respira el aire inventarial de un museo, si no la fastuosa solemnidad de dos religiones: la cristiana y la musulmana, que conviven en esa maravilla arquitectónica como en muy pocos lugares del mundo se puede encontrar: en armonía.

Quizá es la sabiduría la que lo logra. Quizá convendría invocarla un poco más…
Jueves. Sabiduría, buenos días.

PD.- Sabiduría, por cierto, que hoy no parece acompañarme: ¡¡Me he dejado el móvil en casa!! O quizá sí, quizá eso sea lo más sabio…

20.12.2012

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Esta mañana en el tren me he sentado junto a cuatro personas que invertían el trayecto en una apasionada charla que a mí no me apasionaba en absoluto, así es que he tenido que sacar del bolso los cascos y abstraerme de tan animada conversación. El caso es que, cada vez que me pongo música para caminar por la calle o el metro, la realidad cambia radicalmente, da un salto cualitativo hacia delante y me sumerjo a ratos en un videoclip, a ratos en un videojuego; no puedo evitar que el ritmo me traspase de punta a medio y se imprima en cada paso que doy, de tal manera que termino caminando con un curioso y vivificante movimiento fluido.

Con el coche me pasa algo parecido, a veces me dejo llevar por la música que llevo puesta y todo se alinea a su compás sin que yo haga nada: las curvas, los semáforos… hasta el agua de las fuentes. Como en aquel anuncio del Volkswagen Bora ¿os acordáis? La pareja que iba en el coche se miraba anonadada porque todo lo que les rodeaba se movía en sincronía con su vehículo. Y es publicidad, lo sé; pero es que sucede de verdad!! Quizá porque el ritmo se desarrolla en el ser humano con los latidos del corazón que escuchamos en el vientre materno, como un instinto primario.

Todas las cosas pueden seguir un patrón armónico y, cuando dos o más elementos siguen el mismo, se crea un sentimiento perceptible de unidad: con tu ciudad, con tu coche, con unas notas musicales o con otras personas; y eso, confieso, me encanta.

20 de diciembre. San Ceferino (¡¡Felicidades Ceferinas!!). Muy buenos y rítmicos días…