avería

30.07.2014

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Está claro que para saber apreciar lo bueno de la vida hay que pasar también malos tragos… después de un estupendo fin de semana, el lunes me tocó el gajo amargo de la mandarina: se me ha averiado el coche.

 

Seis y media de la tarde, calor sofocante y tráfico endiablado en la M30. Ya llevaba toda la tarde mosca porque lo notaba raro raro, pues ¡zasca! Luz chunga que parpadea. Y aquí opera el mismo código de colores que en la naturaleza (donde las ranas brillantes son venenosas): si una luz se enciende es malo, si además parpadea es malísimo ¡Joder, joder! ¿Qué hago? Aquí desde luego no paro!! Pues nada, a consultar el folleto de instrucciones del coche, mientras enciendo los intermitentes y cruzo cinco carriles acelerando a golpecitos y soltando para que la luz no se cabree… Para colmo, me traje de recuerdo del fin de semana una afonía monumental y no me salía ni gota de voz del cuerpo, por lo que no podía llamar por teléfono ¡! Arrrrgggg ¡! Así no se puede.

 

Me avergüenza un poco decirlo pero, al final, montada en un autobús camino de casa, lloré. De impotencia, de dependencia y de mala leche. Pero razón tiene mi madre, esas lágrimas ofenden: no me ha pasado nada, la salud es lo importante y, lo demás, ya lo capearé. Sobretodo porque tengo ángeles de la guardia que me protegen, me ayudan, me escuchan… y hasta me prestan un coche. Así sí que se puede.

 

Y con las de cal y las de arena, ayer me salté el martes así es que hoy os doy los buenos días dos veces. Buenos buenos días de miércoles!!

27.06.2014

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Me doy cuenta de que ayer desaparecí sin decir ni chus, ni mus, ni bicicleta, pero -por supuesto- tiene su explicación: nos quedamos toda la mañana encerradas en la oficina.

Bueno, la puerta estaba abierta y las ventanas funcionan perfectamente pero, por cometer ese terrible pecado de cambiar de compañía telefónica, en lugar de tener servicio con las dos, no teníamos con ninguna, así es que hasta que no convencimos a un técnico -bajo coacción y amenazas- de que viniera a tocarnos un rato los cables, estuvimos de encierro comunicativo: ni Internet, ni teléfono. Sólo nos quedaba el fax como recurso (lo que hoy en día equivale a las señales de humo).

Y qué queréis que os diga, nos parecía que, siendo una oficina, iba a ser algo malo, pero tampoco es tan dramático! Sólo un poco más cansado… Trituras tus papeles, trituras los del vecino, sacas brillo a los clips uno por uno, echas unas carreras de sillas, tiras los bolis que no pintan y, cuando ya tienes todo eso hecho y estás a punto de empezar a contar las gotas de gotelé del techo, te acuerdas de que por ahí debe estar la botella de vino que sobró de Navidades y de que tu compañera tiene mucho arte, que es una maestra de las sevillanas y que si robas una flor de abajo te puedes echar unos bailes!

Al final, tan agustito, oye. Es más, tengo localizado ya el par de cables y lo de pegar un tirón y arrancarlos de vez en cuando no me parece una mala opción… Por suerte ya es viernes y podemos dedicarnos al jolgorio sin romper ninguna instalación. Feliz fin de semana, disfrutadlo mucho… Buenos días.