baile

27.11.2014

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Por fin he decidido a qué quiero dedicarme.

 

En realidad no ha sido una decisión consciente, si no un descubrimiento sorprendente: me he dado cuenta de que, cada vez que cierro los ojos y tengo música puesta aparece en mi mente una especie de vídeo musical colorista con bailarines que ejecutan pasos casi imposibles pero con un resultado de lo más vistoso. Ergo, debería ser coreógrafa.

 

Sí. Eso creo. Así daría rienda suelta a esa simetría asimétrica que siempre me bulle en la cabeza. Y tendría, además, la excusa perfecta para ir mirando caleidoscopios como quien consulta enciclopedias.

 

Porque siempre he creído que el ritmo forma parte intrínseca de la misma esencia del ser humano; puede que sea incluso esa característica que nos diferencia (o al menos una de ellas). Somos animales que escriben, que razonan, que se cuestionan a sí mismos, que practican el sexo por puro placer y los únicos que bailan!

 

Y como creo que bióloga no seré, seguiré soñando con bailarines circenses para desmarcarme del chimpancé que puedo llegar a ser (especialmente los jueves)!

Buenos días!!

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28.07.2014

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Hay quienes, para disfrutar la vida, necesitan viajar a Myanmar, cenar en el restaurante más in, conocer a tal o cual o tener el último modelo de pascual… Afortunadamente para mi bolsillo y para mí, ese no es mi caso. Tengo la suerte de vivir aventuras excepcionales a la vuelta de la esquina, como aquel que dice.

 

¿Que no? Quedas con tres amigos en un pueblo castellano a un par de horas de Madrid, uno pequeñito, que censados no tiene ni 30 habitantes y en dos días puede pasarte casi de todo…

  •  Comerte la sardina rexona -cuyo olor nunca te abandona-
  • Asistir en directo a un concierto de punk en un granero con aforo completo (¿pero el punk no había muerto?)
  • Encontrarte con el reloj averiado del refrán justo a una de las dos veces al día que da bien la hora
  • Desayunar dos… o tres… o cuatro veces seguidas pasando alegremente del café al vino y de la tostada a la asadurilla guisada que están sirviendo casualmente a la puerta de tu casa
  • Charlar con un tipo que pasea un gorrión de Java -como si de un perro se tratara- por el torreón donde Doña Urraca quizá esté aún emparedada
  • Refrescar la digestión del cordero en un río que convierte a tus amigos en personajes de Tolkien: orcos, morcos y Golum, para más señas
  • Volver y descubrir que te han montado la verbena en casa (no cerca ni al lado; si no adherida a la fachada)
  • Alucinar con el nuevo paso de baile ‘la locomotora descarriada’
  • Dormir bajo música enemiga como si no hubiera mañana
  • Ir al pueblo de los monjes y encontrarte allí más rusos que en la estepa siberiana
  • Y, por fin, estar buscando buitres por el cielo y chocar de frente, a un palmo de ti, con uno cuya vida se acababa.

 

Tengo la suerte de que las aventuras están ahí para mí y de tener amigos con quien poderlas compartir… Aunque este lunes con poca voz y mucho sueño sea duro, ¿quién no iba a ser feliz así? Buenos días!!