banana

29.09.2014

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A riesgo de que me toméis a chufla, tengo que confesar que tengo muy mala suerte con los plátanos últimamente. Los compro duros, verdes y lustrosos y aparecen al día siguiente blandurrios y amarillos. Lo que suele decirse hechos un higo.

En mi caso, el plátano -o banana, según me venga en gana- es más obligación que devoción: tengo que comerlos habitualmente para nadar, porque evitan los tirones musculares. La cosa es que sólo me gustan los verdes o al menos lo que aún están duros; así es que me esmero en elegirlos uno a uno para que estén en el justo punto que me convienen… Bueno, pues llevo una racha que no hay manera: los compre donde los compre, lo que hoy es verde como la primavera, mañana es amarillo cual pollito. Y claro, no soy capaz de comérmelo (porque me da como asco), pero tampoco soy capaz de tirarlo!! Y así, mediante este sistema, ya he almacenado cinco plátanos en la nevera ¡!

Ante tal acumulación de piezas de fruta en dudosa situación he echado mano del recurso habilitado para estos casos y he buscado en google cómo gastarlos. Si todo va bien, ya os contaré la semana que viene qué tal estaban las natillas de plátano, las empanadillas, el batido, el puding y las otras 502 recetas que he encontrado. En la vida pensé que se pudieran hacer tantas cosas con un plátano… aunque estuviera pasado!!

Buenos días de lunes frescos, que este año San Miguel no trae el veranillo puesto.