barco

27.10.2014

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Nada como volver a casa en barco.
Palpando unas calles que llevan ahí cientos de años.
Esquivando islotes de dos patas con la bandera de Dinamarca.
Murmurando palabras de nadie que se te han quedado en la garganta.
Destilando el fruto de las decisiones tomadas.
Saboreando alguna almendra dulce y alguna amarga.
Encontrando tantos baches como pisadas. Dudando de tu propia fe de erratas.

Nada como dejarte arrastrar en plena tormenta por una cubierta que resbala, aunque la noche sea temprana y soleada.

Hay algo de tu propia esencia que se te escapa, como el rastro del sabor de otro cuerpo que se te quedara en la boca, sin saberte a nada.

Siempre te habías creído David guardando una piedra bajo la manga, pero el sonido de una falsa alarma te convierte en Goliat recibiendo la pedrada. Que no duele, pero resquebraja la coraza.

Podrías ser tú la que habla, en lugar de la que siempre se lo guarda, pero eliges ser corcho, que tiene más fácil la jugada: mantiene al genio encerrado en la botella y, además, flota sobre el oleaje de estas calles adoquinadas.

Por eso algunos días es imprescindible volver a casa en barco; por si a la vuelta de aquella esquina ya no quedara nada.

Hoy no. Hoy empieza una nueva semana. Buenos días…

03.10.2014

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Casi todos los días veo a un señor descolocado. Vamos, que creo yo que está donde no tiene que estar. Regenta un pequeño kiosco cerca de mi trabajo pero, cada vez que le veo, pienso que ese hombre no es quiosquero, si no lobo de mar.

Capitán. Marino. Marinero…
Ha vivido surcando las olas, con un timón entre los dedos; fijando la vista en un horizonte que siempre está lejos, agarrado a un mástil ante los contratiempos… Quizá siguiendo bancos de peces, tal vez como pirata de otros tiempos. Pero ese hombre ha sido capitán, o marino, o marinero.

Sus canas deben llevar agua de mar y en ese mostacho se ha enredado la sal. Lo veo. Quizá sea el protagonista de la canción de Albertucho

“Que si el barco se hundiera
yo sería el capitán
y éste no es mi barco
y yo no soy de nadie,
tampoco sé nadar”

Pero a ver cómo se lo planteo.

He pensado mucho en ello. Quisiera hacerle una foto, que pudierais verlo, pero no veo el modo: el robado es inviable y a ver cómo me acerco y le digo “No me dé usted el periódico, cuénteme mejor cómo ha atracado en este sitio”. ¡¡Me va a tomar por loca!!

Sospecho que ya le tengo un poco inquieto por la intensidad de las miradas que le echo… Mejor me voy a esperar. Si cuando llegue el invierno hay niebla y se dedica a soplarla, entonces me acerco y os cuento…

Viernes. Los bichos están ahí.
Buenos días!