batalla

14.10.2014

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Mi compi y yo somos como una gramola escacharrada. Nos da muchas veces por ponernos a tararear canciones de lo más variopinto a poquito que alguien nos de la entrada.

En general, tiramos mucho de María Jiménez (‘Se acabó’), de Xuxa (‘Es la hora, es la hora’) o de Mari Trini (‘Por qué a mí…’), pero otras veces nos enrolamos en músicas que fluyen por nuestra cabeza sin motivo aparente. En una de esas, acabamos cantando la de Mambrú y, en un rapto súbito de lucidez, nos quedamos de piedra razonando la crueldad de la letra.

Mambrú se fue a la guerra,
qué dolor, qué dolor, qué pena,
Mambrú se fue a la guerra,
no sé cuándo vendrá,
do-re-mi, do-re-fa,
no sé cuándo vendrá.

Joder! Es que si se ha ido a primera línea de batalla y no vuelve… sólo quedan las dos opciones de Peret y ¡nadie se va a tomar las cañas al frente! (le-re, le-re). Vamos, que el tal Mambrú (que siempre me ha parecido un angelito) está criando malvas y tú do-re-mi, do-re-fa!! Y vas y lo cantas! Tan contenta!!

Como me parecía que letra era un tanto extraña -al nivel de la del patio de mi casa: que es particular pero cuando llueve se moja como los demás (dónde está entonces la particularidad??)- decidí investigarlo a golpe de wikipedia y resulta que, efectivamente, la tonadilla se la sacaron los franceses a su enemigo John Churchill, duque de Marlborough por creerle felizmente muerto en combate. Es más, que versiones de la canción hay tantas como idiomas y que el ‘porque es un muchacho excelente’ es otra de ellas (la inglesa), que como conducen por la izquierda y usan libras, adaptan la letra como les da la gana.

Total, que el tal Marlborough (nuestro Mambrú), aunque en la canción acaba bajo tierra y con tres pajaritos que le cantan, sí que estaba realmente de parranda porque lo que es morir, lo hizo años después en su cama.

Y así hoy martes hemos aprendido todos una cosa más. Do-re-mi, do-re-fa. Una cosa más! Buenos días!!

13.06.2014

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Recuerdo que, al principio, las noches que pasaba a tu lado no pegaba ojo. Cosa rara, porque tengo tendencia a dormir como un cesto cuando estoy tumbada y tengo sueño… Probablemente era la falta de confianza, que una cosa es compartir sexo y otra descanso y hay que conocerse más para eso.

Así es que allí estaba yo, una extraña entre las vigas de tu techo, estudiando cuánta luz entraba por la claraboya, vigilando -sin pretenderlo- tu sueño inquieto. Adaptando mi cuerpo al contacto constante de tu cuerpo; paladeando el silencio.

Y así pasaron las horas, las noches y pasaron aquellos tiempos. A golpe de placeres entre los desperfectos, nos construimos un pasado sin saber que lo estábamos haciendo.

Pero lo que eran bordes dentados se hicieron aristas de hierro. Y con la luz del día, con los días que siguieron, vinieron desvelos nuevos. Senderos tortuosos que nos perdieron. El viento, a poco que sople, desvanece aquello que es etéreo.

Y aún hoy nos seguimos desvaneciendo. Bordando notas de desencanto, bajo amenaza de destierro. Entre el fragor de tanta batalla, entre los ladridos de unos perros que solo saben callarse cuando se muerden algún hueso.

Será que pecamos de imbéciles. Que hay demasiadas sombras que no se disuelven con el fuego. Será que no nos cubre ya la pendiente de aquel techo… estaba tan cerca de nuestras manos que lo tocamos sin quererlo.

 

Viernes. De nuevo.

Buenos días