batallas

14.09.2015

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En persona y pettit comité muchos me hacéis comentarios sobre los artículos que escribo para este blog… Que hay que ver qué inventiva, que vaya cosas me pasan… Y reconozco que es cierto que a veces la pluma toma su propio ritmo y me permito alguna floritura en aras del interés dramático del texto pero -nabo en mano una vez más- a Dios pongo por testigo que todas las anécdotas que cuento de mis avatares diarios tienen un origen cierto.

Por ejemplo, hace poco he sido madre en el metro. Para sorpresa de todos los presentes (empezando por la que lo cuenta), un niño ha comenzado a llamarme mamá a gritos ¡! Yo al principio no me había percatado. Iba ensimismada con el móvil y pensé que la señora que parió al infante estaría bajando las escaleras detrás mía, pero al girarme y ver que allí no había nadie, he empezado a mosquearme. Máxime cuando el crío no hacía más que hablarme: “Mami, mira como bajo por la barandilla”, “Mami quiero irme”, “Mami, por qué no juegas conmigo”. Todo dicho en modo histérico y sin dejar de mirarme.

¡Pero leñe! ¿Tanto me pareceré a su madre? Y, por cierto, ¿ella dónde se mete? Porque no es normal que un chaval de ocho o nueve años viaje solo en metro y, encima -como Marco- sin dejar de buscar a su puñetera madre!!

Lo más grande ha sido las miradas de desprecio que me he granjeado del resto de viajeros presentes, en cuyos ojos podía leerse claramente lo mal que les parecía que yo le hiciera más caso al móvil que a mi hijo. Y peor les habrá parecido cuando me he perdido andén adelante escabulléndome entre la gente. Pero, entendedme: por mucho que digan que a caballo regalado no se le mira el diente, no puedo quedarme a éste…

Y mucho menos un lunes, que tenemos toda la semana por delante!! Buenos días

02.08.2015

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Haciendo un recuento somero de mis problemas de salud más recientes, me doy cuenta de que lo mío es grave. Pero no grave a nivel físico, por suerte, si no espiritualmente: me trato a mí misma peor que mal. Fatal. Soy la viva imagen -en versión femenina singular- de aquella frase que Plauto hizo popular: ‘Homo homini lupus’ y así me va.

Y es que lo mío no es un listado de enfermedades (a Dios gracias, vuelvo a repetir), lo mío es más bien un recuento de pupas y calamidades: me quemo una teta, me erosiono la piel de la cara dos veces, me despellejo el labio, me sobrecargo un músculo del que no recuerdo ni el nombre, me destrozo las rodillas habitualmente… Vamos, que no necesito enemigos. Lo que necesito, si acaso, es rosa mosqueta; dos o tres botes.

Porque mira que es bueno el aceite ese, oye. Si tienes paciencia y constancia, las cicatrices desaparecen. Desafortunadamente carezco de ambos dones y tengo el cuerpo lleno de ‘ñaclas’, como se dice en mi casa. Recuerdos de guerras que no he vivido, noticiario de mis pequeñas batallas. Como un memorando de aventuras pasadas. Refugio de historias que han sorteado el poder regenerador de los potingues milagro. Nidos de Anti-Aves Fénix que se regodean en sus cenizas. Nomeolvides para vegetarianos que no hagan ascos la carne… De todo eso tengo yo. En la piel.

Y es lunes. Buenos días.