bicicleta

19.10.2015

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Después de pasarme un fin de semana en el que, porcentualmente he estado menos tiempo seca que mojada, he podido constatar una vez más que divertirse como una enana no es una cuestión dada por una meteorología más adversa o más simpática, si no cuestión de ganas.

He tenido por aquí estos días a mi hermana (para los que tenéis buena memoria y solera en esta página, es aquella que el 21-05-2014 tocaba tan mal la flauta y que afortunadamente -a sus 14 años- ha dejado ya de tocarla) y lo que en principio era un fin de semana sin planificar y con flacas esperanzas de hacer casi nada, se ha convertido en una experiencia a recordar.

Ya empezó el viernes de forma inesperada, con alguna pelotera y mi mano derecha vendada, pero rodando con tanta naturalidad como la maleta que llevábamos a cuestas. Pero el sábado nos salió de traca. Decidimos hacer uso de esto que los ayuntamientos últimamente tanto fomentan: la bicicleta urbana y creo que no hay cosa que nos pudiera pasar que no nos pasara…

Haciendo uso de ese ojo clínico que no sabíamos que tenía mi hermana, eligió -de entre las 25 bicis disponibles- la más granada: le faltaba un manguito del manillar, se le salía la cadena y el motor eléctrico apenas funcionaba. Con lo que el paseo por el río -que debía ser una cosa tranquila- se convirtió en una prueba de supervivencia en la que acabamos caladas, con las manos negras de grasa y llevando su bici cargada en lugar de ir ella montada. Pero para más INRI, al llegar a la parada, no había sitio para dejarlas, así es que nos tocó cambiar la mala por una que funcionara y adentrarnos en el tráfico de una lluviosa tarde de sábado para llegar a casa… No os daré detalles; baste decir que estamos vivas para contarla. Pero os aseguro que cuando dejamos las bicis a la puerta de casa, nos abrazamos saltando de alegría como aquellas que coronan la cima más alta!

Aparte de eso, todo ha sido sushi, risas y compartir paraguas y confidencias. Vamos, una gozada de fin de semana. A ver que tal se nos da este lunes, ducentésimo nonagésimo segundo día del año… Sería bonito celebrar la victoria de Escipión en la batalla de Zama. Alguien se apunta? Buenos días!

17.12.2014

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Ya sé que los de mi generación (que incluye a los nacidos en un período aproximado de 20 años) estamos muy orgullosos de nuestra infancia: nuestros días lejos de videojuegos, móviles e i-cacharros, nuestras bicis, barriguitas y nuestro criarnos en la indolencia de la calle, en el desparpajo del contacto entre seres humanos… Todo eso fantástico.

Fantástico. Sí. Pero, seamos francos. Teníamos mucho. Pero no lo teníamos todo: no teníamos parques de ocio!! Me refiero a esos sitios ideados para niños llenos de bolas de plástico de mil colores donde rebozarse cual croqueta de dos patas y lanzarse por toboganes, cuerdas y colchones elásticos con la alegría de caer y no hacerse daño.

En ese sentido me temo que he nacido demasiado pronto. Es ver los Dino-chismes, Aventuro-tierras y Parque-colorines y empezar a salivar descontroladamente. ¡¡¡Yo quiero montarme!!! En mis sueños más felices no me acuesto en la cama, si no en un suave lecho de bolas de colores mulliditas que me arrullan y me atrapan. Pero nada! Estoy vedada!! Para mayores de 12 años no hay bolas que valgan!!!

Y ese, hoy miércoles, era mi tercer -y por ahora último- trauma… Buenos días!

24.04.2013

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Me he dado cuenta de que el peligro acecha en los trayectos cotidianos, en los recorridos comunes: del trabajo al metro, volviendo a casa… Cuando no tengo una acera nueva que pisar, un escaparate desconocido que cotillear o una distracción que me engatuse, me aburro. Y es ahí cuando saco el móvil del bolso y me da por enredar. Si tengo las neuronas en modo creativo estupendo: sueño, ensueño, escribo; pero si lo que tengo más activo son otras áreas del cortex cerebral apaga y vámonos: puedo liarla parda, haciendo bueno el dicho ‘Cuando el diablo se aburre, mata moscas con el rabo’ y os aseguro que, a juzgar por las que me he cargado, en modo aburrida no hay insecticida que me haga sombra… Al final van a tener razón los que dicen que la tecnología es un regalo envenenado, el caballo de Troya moderno, porque según cuenta la leyenda curiosamente hoy hace 3.197 años que el original desparramó su carga de griegos cabreados dispuestos a matar lo que fuera por tomar la ciudad.

Quizá la solución sea probar otras posibilidades de transporte, que para algo el barón Karl Dreis presentó al mundo un día como hoy en 1817 su laufmaschine, un prototipo de lo que hoy llamamos bicicleta similar al que ya había en la antigüedad en Egipto y China: dos ruedas unidas por un palo y sin pedales, que lograba una velocidad nada desdeñable deslizando los pies. Y así, con la velocidad, minimizo el tiempo de exposición al aburrimiento y dejo las moscas atrás…

Miércoles. La semana sí que se está pasando veloz. Buenos días!!