Bilbao

24.02.2015

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Ayer me di cuenta de por qué la cigüeña, en su infinita sabiduría, me depositó en Bilbao y no en California: mi cuerpo no está hecho para temblores (ni desgraciadamente para los patines, por más que me gusten)

 

Quiso la casualidad que cuando se produjo la vibración intra-terrestre estuviera visitando a mi madre -que vive, para más señas, en un sexto piso- y no en mi casa que es un bajo; pues parece que a pie de calle la cosa no fue tan grave.

 

La sensación fue brutal: notamos perfectamente balancearse el edificio. Amén de las piernas, que se hicieron gelatina y el estómago que hizo un centrifugado. Cuando lo único que siempre está estable se mueve muchos metros por debajo de tus pies, no importa que sólo dure 30 segundos: el instinto te transforma en una suerte de Bambi que lo único que quiere es correr por el bosque con su madre. Y para colmo, en este caso, la madre de Bambi estaba hecha un flan y sólo era capaz de correr en un movimiento rotacional sobre su propio eje, el angelito.

 

Ya sé que hay chistes (10 minutos tardaron) sobre la magnitud del terremoto, que se ha sentido más en las redes sociales que en los daños materiales, pero eso viene a demostrar una vez más cuál es ahora nuestro patio vecinal.

 

Porque la situación es la siguiente: mini-seísmo, susto del copón, dudas existenciales (¿terremoto o explosión? ¿me voy o me quedo? Nada de ascensor!!) abro puerta y hablo con vecinos -que están totalmente acojonados-, cierro puerta, vuelvo al salón y ¿qué hago? ¿me pongo a ver el bodrio alemán de sobremesa que echan en La Uno? ¡No puedo! Así es que busco información, pero en la tele parece que no ha habido terremoto; en la radio saben algo, pero poco y yo sigo con ganas de compartir y contrastar lo que he sentido ¿de qué tiro? De facebook y de whatsapp, por supuesto; que ahí ya saben dónde ha sido el suceso, los grados de la escala Richter que ha tenido, cual ha sido el epicentro y lo que estaba comiendo el Director del Instituto Geográfico Nacional en el momento del evento. Será cierto o no, pero es inmediato. Y a nadie le tiembla el pulso por publicarlo.

 

Martes. Qué toca hoy? Porque empezamos… Buenos días!!

29.10.2014

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No sé si recordareis que este verano tuve problemas con mi congelador… Básicamente, que entró por su cuenta y riesgo en una nueva era de glaciación y convirtió los tres cajones que tengo en un monumento compacto al hielo que no se ha visto desde que aún vivían en la tierra media los elfos.

 

Aquella baza ya fue muy dura para mi, porque estuvieron a punto de declararlo parque nacional para la conservación de la primera colonia de pingüinos autóctonos madrileños, pero pensé que lo había solucionado cuando entré a destajo con un martillo hidráulico y quité más o menos todo el entuerto. Pero no.

 

Resulta que el condenado aparato debe estar enfermo porque, en cuanto no lo cierro apretando con todo mi empeño, vuelve a las andadas y recrea de nuevo la edad de hielo.

 

Este domingo hemos discutido de nuevo: yo parapetada con un buen cucharón de palo y él con su capacidad de generar infiernos blancos; hasta que he acabado tumbada en el suelo, exhausta, sin nudillos y contemplando con aire místico los halógenos del techo. Y sabéis qué? No voy a decir que me haya gustado pero ha sido, de algún extraño modo, terapéutico.

 

Como andaba yo con los latidos cardiacos alterados por el cambio de hora, el clima de verano y otros asuntos que no vienen al caso, poder liarme a golpe limpio con el demonio que había congelado me ha dejado como una malva. Es una pena que haya tenido que amputarme luego tres dedos y que la tarima se me haya destrozado pero, arreglar las cosas a hostias es, algunas veces, un gran consuelo…

Lo habéis probado? Os pasa lo mismo?? O sólo es a los que hemos nacido en Bilbo?

Miércoles. Buenos días!!