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02.07.2015

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Sí. No voy a negarlo. Siempre pico y peco de Antoñita… esa a la que apellidan ‘la fantástica’. No sólo en hablar con las musarañas y viajar con facilidad a Babia (o a la parra, o a Pernambuco), que lo he confesado ya; si no por dos costumbres que tengo arraigadas: la de soñar despierta y la de pautarme inalcanzables agendas.

La primera no tiene mucho que explicar: me dejas suelta en una calle sin escaparates, o en un tren o autobús -o en la propia cama, sin más- y mi mente navega por seriales de sobremesa que tienen a mi persona como indiscutible protagonista. Que aunque por temporadas la película es casi la misma, el coco tarda bastante en aburrirse de las infinitas variaciones que puede haber sobre un mismo tema.

La segunda también es fácil de entender: ante un día cualquiera de esos que una tiene mucha tarea,  me diseño mentalmente una agenda en la que cumplo todos los objetivos sobradamente y, además, me da tiempo a tejerme un mantelito de crochet.

Lo malo de ambas actividades es que -casi siempre- terminan en un callejón parecido: el de los finales no cumplidos… Y en el de un perpetuo regusto a culpabilidad.

Con este blog, sin embargo, nunca he dejado que me pasara, porque publicar aquí es en parte para mí una especie de higiene mental. Así es que cuando me ausento de sus letras es porque, realmente, ni la mente ni los dedos me dan para más, como me ha sucedido estos días… Todo sea por la buena causa de disfrutar de mi hermana, que ha recalado esta semana en mi casa y en mis quehaceres, absorbiéndolo todo. Pero qué queréis que os diga: lo que pierdo en manteles de crochet y publicaciones lo gano en cariño y diversiones.

Os deseo la misma agenda. Buenos días!

23.02.2015

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En ocasiones veo renglones torcidos.

Y no es una metáfora que quiera plagiar, de camino, a Torcuato Luca de Tena. Es literal.

Líneas que me consta que están rectas y encuadradas, las veo ligeramente caídas. De lo que deduzco que, si no son ellas las que escoran, será que escoro yo.

De repente, me asalta una paranoia hipocondríaca severa y me imagino presa de una terrible enfermedad, así es que acudo rauda al doctor Google a consultar…

Y me hincho a leer páginas sobre la DMAE (Degeneración macular) que además resulta que la tenía mi abuela y puede ser hereditaria; pero después de repetir tres veces con cada ojo el test de la rejilla de Amsler -para sorpresa del resto de usuarios de metro que me rodean- concluyo que ni mi edad ni la claridad con que aprecio las líneas hacen sospechar que padezca esa enfermedad.

Toca bucear un poco más hondo en la red. Es que a nadie más le pasa? Sí hay una muchacha de 27 años en un blog de salud (que no debe ser muy saludable porque Chrome me advierte que no puede garantizar mi seguridad en esa página) que dice que al colgar un cuadro lo ve torcido. Eso es! Y yo tengo en casa dos cuadros por colgar!! Pero el oftalmólogo le dice que eso se llaman metamorfopsias (¡!) y que a su edad -no siendo miope- no se tienen por qué dar. Y la manda a otras web a navegar…

Pues me quedo igual: ni miopía ni mácula, a Dios gracias. En realidad veo fenomenal. Sobre todo si me comparo con la señora de enfrente que separa el móvil todo lo que el brazo le da, o la chica de al lado, que lo tiene pegado a la punta de la nariz… A mí me pasa, nada más que -de tanto en tanto- algún horizonte se me vierte… Pero no creo que sea el de este lunes. Buenos días!

P.D.- Hoy alguien ha escrito en su blog “Como a todos los que usamos habitualmente el metro, la convivencia con chalados de distinto grado no me sale en absoluto de alto. Esta mañana llevaba sentada enfrente a una chica de apariencia normal, que debía estar más para allá (que para acá). No paraba de alejar y acercar la pantalla del móvil a la cara mientras se tapaba primero un ojo, luego el otro. Pobrecita. Será uno de esos renglones torcidos de Dios sobre los que escribía Luca de Tena…”

14.01.2015

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Desde pequeñita tengo cierta tendencia a coleccionar. Esto es, acumular una serie de objetos de similar naturaleza contenidos en un mismo espacio físico -generalmente una caja- que sólo se abría  para incorporar un nuevo elemento a la colección, instante en el que aprovechaba para deleitarme con su contenido, pronunciar las palabras en modo Golum ‘mi tesoro’ y volverla a cerrar hasta la siguiente novedad.

 

Probé con llaveros y postales durante una larga temporada, con entradas a teatros y conciertos y hasta de invitaciones de boda tengo llenita otra caja. Pero al final todo empacha.

 

Mi mayor colección, a decir verdad, está formada por objetos variopintos que -en su momento- llevaban asociada alguna historia personal detrás: piedras, flores secas, servilletas, alguna pluma, el envoltorio de un caramelo, una carta de la baraja, un trozo de tela, una vela medio usada… Cosas muy simbólicas cuando recordaba la aventura que llevaban aparejada pero que, con el correr de los años han ido quedando olvidadas, de tal manera que lo que tengo ahora son varias cajitas llenas de guarradas… Pero soy incapaz de tirarlas.

 

A mejor vida han pasado ya otras colecciones que me labré con el duro esfuerzo de la paciencia y el pirateo: películas, discos… Hasta muchos de mis preciados libros han acabado relegados a la casa del pueblo. Ahora todo queda reducido a megabytes en el disco duro, archivos que suben y bajan al ritmo de mis presentes anhelos. Es duro al principio, pero ganas espacio y pierdes peso (aunque sea en el piso y no en el cuerpo).

 

Ahora mi espíritu de coleccionista atesora otro tipo de objetos: recuerdos, momentos, palabras… Y este blog se nutre de ellos. Miércoles. Buenos días!

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08.01.2014

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Aunque aún quede mucho por pulir, su aspecto no sea el que yo había soñado y tenga que ir cambiando cosas a golpes a medida que voy aprendiendo, creo que ha llegado el momento de hacer público el proyecto: aquí está por fin el dichoso blog.

No es más que el territorio que ya hemos recorrido, la recopilación de muchos días de saludos mañaneros ordenados por la fecha en que se escribieron. Sólo siento que en el traslado los he dejado huérfanos porque no he podido llevar con ellos vuestros comentarios, que son los que le aportan sentido y color a esos ‘artículos’ del blog. Pero ahí los tenéis, con la ventana más abierta que nunca a quien tenga algo que objetar o aportar, a quien quiera acompañarme en este espacio que aún se me hace raro aunque no sea ya tan extraño, a quien quiera mirar el mundo o que el mundo le mire…desde el alféizar.

Total, que cambia un poco el medio pero no el entero: seguiré poniendo en negro sobre blanco mis desvelos y seguiré en facebook: el alfeizar blog tiene allí su espejo, que irá reflejando todo esto. Nada me alegraría más que os suméis a este proyecto de rumbo incierto, porque ¡qué coño! a veces los barcos que no saben muy bien hacia donde navegan son los que acaban descubriendo un mundo nuevo.

8 de enero y miércoles; ya sabéis, la X, la duda de nuestra ecuación… Buenos días desde el Alfeizar blog!!