bragas

01.06.2015

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Cuando dije que este fin de semana me iba a quedar castigada, no esperaba que fuera tan rigurosamente cierto, pero es que parece que estos días han sido los de la exaltación de la literalidad.

Véase el sábado: me invitaron a comer “un huevo” y así fue, nos comimos 1 huevo… entre diez. Y cuidado, que sobró!! La cosa es que el huevo en cuestión no era de codorniz, si no de avestruz  y venía preparado con mucho indumento. Vamos, todo un invento.

Pero lo del castigo no ha sido tan bonito y era, además, autoimpuesto. Sucede que ha llegado esa estupenda época del año en que una comienza a necesitar la ropa de verano. Y aunque eso me inunda de felicidad, la cara negativa es que el armario no se puebla de prendas de temporada por ciencia infusa, así es que me he quedado en Madrid estos días y he minimizado mis salidas, de cara a cumplir con ese noble objetivo: hacer el cambio del ropero… He ahí mi castigo.

La condena que debo pagar dos veces al año a perpetuidad por tener el vicio de comprar. Que una cuando va de tiendas le parece que no tiene de ná y lo mismo le pega al vestido que al pantalón, a la blusa y al cinturón. Pero cuando toca sacar la ropa de temporada te encantaría ser -únicamente- la legítima propietaria de dos pares de bragas.

Por fortuna todo se pasa y cuando ves tres meses largos de tirantes y piernas descubiertas poblando tus perchas, la oda al nudismo se te pasa y prometes no volver a dar la tabarra en tu blog… Hasta el próximo cambio de temporada.

Lunes. Hasta los peores castigos se pasan y empieza una nueva semana. Buenos días!

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15.04.2015

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El otro día -y previo requerimiento de la Agencia Tributaria- me tocó bucear en los archivos informáticos de la oficina a la caza y captura de un impuesto del año Maricastaña. Parece mentira, no me acordaba yo pero, en el año 2001, estábamos en bragas! (en bragas telemáticas, digo). Odisea en el espacio? No, no. La odisea de ir despacio, será; porque no os hacéis una idea de cómo ha cambiado el cuento de la informática nuestras relaciones con la Administración.

 

Ya no hablo del ámbito personal, ni sociológico de la era de la información. Doy por hecho que todos tenemos asumido nuestra cuarta dimensión tras la pantalla plana de un teléfono o un ordenador (sabiendo que si haces el payaso vas a acabar en formato avi, si haces un posado en jpg y si bebes en 16:9). Hablo de algo tan complejo y tan sencillo como cruzar datos, por ejemplo (eso que los más cotillas hacen tan bien en Facebook).

 

El paso fiscal del papel al archivo de datos es abrumador. Mucho más que el que dio en la luna Neil Armstrong (si es que lo dio, que ahora que está de moda Jerónimo Tristante os recomiendo a ese respecto un libro suyo: 1969. Ahí lo dejo). Y pienso que lo más gordo está aún por venir, a medida que se desarrollen bases de datos compatibles… Es como si se compararan automáticamente las versiones que -de cada historia- le das a  tu madre, tus amigos, tu jefe, tu médico, tu novio, tu marido y tu amante bandido (y te sancionaran por las diferencias!!).

 

Terrorífico.

Aunque si no ocultas nada, no… Los voluntarios para tirar la primera piedra que vayan cruzando sus datos.

 

Miércoles. Buenos días!!