cables

27.06.2014

Posted on Actualizado enn

Me doy cuenta de que ayer desaparecí sin decir ni chus, ni mus, ni bicicleta, pero -por supuesto- tiene su explicación: nos quedamos toda la mañana encerradas en la oficina.

Bueno, la puerta estaba abierta y las ventanas funcionan perfectamente pero, por cometer ese terrible pecado de cambiar de compañía telefónica, en lugar de tener servicio con las dos, no teníamos con ninguna, así es que hasta que no convencimos a un técnico -bajo coacción y amenazas- de que viniera a tocarnos un rato los cables, estuvimos de encierro comunicativo: ni Internet, ni teléfono. Sólo nos quedaba el fax como recurso (lo que hoy en día equivale a las señales de humo).

Y qué queréis que os diga, nos parecía que, siendo una oficina, iba a ser algo malo, pero tampoco es tan dramático! Sólo un poco más cansado… Trituras tus papeles, trituras los del vecino, sacas brillo a los clips uno por uno, echas unas carreras de sillas, tiras los bolis que no pintan y, cuando ya tienes todo eso hecho y estás a punto de empezar a contar las gotas de gotelé del techo, te acuerdas de que por ahí debe estar la botella de vino que sobró de Navidades y de que tu compañera tiene mucho arte, que es una maestra de las sevillanas y que si robas una flor de abajo te puedes echar unos bailes!

Al final, tan agustito, oye. Es más, tengo localizado ya el par de cables y lo de pegar un tirón y arrancarlos de vez en cuando no me parece una mala opción… Por suerte ya es viernes y podemos dedicarnos al jolgorio sin romper ninguna instalación. Feliz fin de semana, disfrutadlo mucho… Buenos días.