cabra

13.01.2016

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No quisiera sonar como un ‘personal trainer’ de esos que están de moda pero, lo bueno y verdad, es que no hay nada para mejorar como entrenar.

Es cierto que cada uno contamos con unas aptitudes destacadas de partida (véase el asombroso caso de Rey –chatarrera- Skywalker y su dominio natural de la fuerza, que debe tener los midiclorianos más amaestrados que los gitanos antaño la cabra), pero es la práctica continuada lo que marca la diferencia… Por ejemplo, desvestirse. Tú estás en tus dominios con tu armario, tu baño y tu ropa ‘de estar en casa’ a mano y, 3 segundos después de entrar por la puerta, ya pareces una indigente de libro. En la piscina pasa igual: cuando llevas muchas semanas de rodaje, sólo con oler el cloro te enfundas bañador, gafas y gorro en un solo gesto. Tris-tras. Sin pensarlo. Perfecto.

El problema viene cuando hay un parón en esas rutinas; vacaciones, por ejemplo. Ahí es cuando te pones medio tonto y todo el organigrama que tu cuerpo tenía asimilado se diluye en un alelamiento de proporciones épicas que deja tu imagen a la altura exacta de Forrest Gump pero sin los millones, sin saludar presidentes ni ir a Vietnam. Llegas a nadar y no das una: te olvidas el gorro, los tapones no los encuentras y te cuesta tanto hilvanar las piezas de tu mochila que acabas felicitando el año a tus compañeras con la camiseta puesta, el culo al aire y sin saber si la tira rosa del bañador va para adelante o para atrás ¡¡!!

Pero no sólo en las actividades acuáticas se producen estas disonancias cognitivas: llego al metro y no sé por dónde tirar, intento abrir la puerta de casa con el abono transporte, no soy capaz de repetir el nombre del presidente de la Generalitat y no tengo claro qué cantidad de café le echaba a la cafetera… Lo que os decía, que tengo que entrenar mis rutinas, a riesgo de que mi compañera pida la bonificación en Seguros Sociales con la que habitualmente me amenaza!

Miércoles. Bienvenidos a este circo y buenos días!!

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09.12.2016

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La primera vez que vi un parque de aventuras en los árboles no sabía siquiera que eso existiera.

Fue en la provincia de Burgos, hace unos cuantos años ya; veníamos Don Fernando Rubio y yo de subir (y bajar) el pico Urbión y nos metimos en un complejo de ocio campestre llamado ‘Revenga’ en Quintanar de la Sierra. Al aparcar, empezamos a leer carteles en forma de flecha que rezaban “De pino a pino 200 metros” y no entendíamos nada, porque la distancia de un árbol a otro en aquel pinar no era en absoluto esa, así es que, intrigados, seguimos las flechas… Al final descubrimos que ‘De pino a pino’ era el nombre de un espacio de ocio forestal en el que -por el módico precio de un billete de 20- te subías, arnés mediante, a los pinos a hacer el cabra.

Desde entonces he andado con las ganas de encaramarme a un árbol a pasar por tronquitos de madera, barriletes, lianas y cuerdas, pero la ocasión no se había terciado… hasta el lunes pasado. Aprovechando el puente, el tiempo de ocio y la compañía de mi hermana, nos escapamos al Aventura Amazonia: un primo hermano del de los pinos, pero en la provincia de Málaga.

Si he de decir verdad, yo iba ilusionada pero algo de canguelo en el cuerpo también llevaba. Que una cosa es decir ¡venga! ¡me cuelgo de una liana! y otra muy distinta es verte suspendida entre ardillas y piñas y no acordarte de la madre que parió a Chita.

Lo peor es que razón a mi miedo no le faltaba: la aventura en cuestión consiste en pasarlas canutas. Trepas por un rocódromo interminable para ganar altura y ya desde ahí poder cruzar por troncos móviles que no hay quien los controle a menos que te espatarres, puentes con menos cables que la línea WiFi, sogas traidoras con las que no sabes si saltar o ahorcarte, trapecios aptos para entrenamientos circenses y diabluras varias en las que los elementos comunes son la madera, las cuerdas y la inestabilidad más absoluta!! No os digo más que el mayor descanso eran las tirolinas ¡!

Y lo más grande es que por todo ese cúmulo de tensiones pagas!! Que es verdad que es una aventura y que mola la experiencia pero ¿divertida? Pues yo no oí a nadie que se descojonara… Será que ya hace tiempo que no me bajo un barranco o me meto en una cueva, pero las batallas en la naturaleza me parecen más graciosas cuando son naturales que cuando te las fabrican. Dicho lo cual, no descarto meterme en otro fregado semejante en cuanto se me olvide que las agujetas me embargan de tal manera que me están doliendo hasta las pestañas.

Cosa de seres humanos, tropezones y piedras… como tantas otras.

Miércoles con aroma a lunes. Buenos días y buenas vueltas.