cabreo

11.03.2016

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Yo no tengo ni papa de alemán pero muchas veces ese desconocimiento no es excusa para el entendimiento. El otro día, por ejemplo, entendía a la perfección a los cuatro chavales teutones que llevaba al lado en el metro, que conversaban animadamente en su idioma sobre las fräuleins que se la ponían dura (literalmente, ‘harten penis’): si preferían a las suyas alemanas o a las españolas… Como os podéis imaginar, profirieron tal sarta de animaladas (en este caso alemanadas) en el trayecto, que era imposible no darse por enterado del discurso.

Sin embargo, acabo de oír a un crío hablando perfecto castellano al que no entiendo… Iba explicándole a su madre cómo había calculado el resultado de una resta; no sé qué que al cinco se le caía el unito y se hacía seis y por eso -teniendo en cuenta que el cuatro era más grande que el tres- el resultado era diecinueve! Un galimatías incomprensible para mí, que resto por la cuenta de la vieja de toda la vida y no lo sabría explicar.

Pero la gran torre de Babel de nuestros días no es tan alta desde que el Google Translator la taladra y las mayores incomprensiones no están en quienes se hablan si no en quienes se escriben por  whatsapp…

No sé qué nos pasa que malinterpretamos las palabras del whatsapp. Con eso de que falta la pata no verbal de la comunicación, no le ponemos la entonación ni la intención correcta al interlocutor y bronca que te crió. Entre el exceso de abreviaturas, la ausencia de signos de puntuación y no verle la cara al que te envía el mensaje, es muy fácil que se monte el follón. Así es que, por favor, más comas, menos piques y que viva la comunicación!

Viernes. Que disfrutéis del finde y buenos días!

07.10.2014

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Pues por muy bien que lo cantara la Torroja, si entre mi suelo y mi cielo hay algo con tendencia a quedarse calvo es porque…

 

me cuesta tanto…

…callarme.

 

Lo de ‘olvidarte’ me parece una tontería que no es imprescindible y que, en cualquier caso, puede venirte dado con la edad a poco que te toque una demencia senil o el otro cabrón alemán.

 

Lo que es un auténtico hueso es callar. Callar a tiempo. Callar cuando el verbo lo destila la rabia. ‘Morderse la lengua, dicen’. Yo me la podría desollar y, aún así, hablar. Cuando estoy cabreada es lo que el cuerpo me pide ¡y  la naturaleza es sabia! No se lo puedo negar (bueno, excepto cuando me pide un plato de patatas con chistorra a las tres de la mañana, la verdad). La musa de la ironía no deja espacio en mi cabeza para nadie más; y mucho menos para la del silencio, que es tan sutil y delicada, tan… callada.

 

Y aunque admire el temple de aquellos que son capaces de aguardar el postre helado de la venganza y guardarse para ese momento sus palabras, no logro imitarlos y, cuanto más me hierve la sangre, menos controlo el caudaloso río de los truenos que me atraviesa la garganta.

 

Así es que si alguno padece de trompa de Eustaquio sensiblera o delicada, le aconsejo tome la opción sensata -no invocar al demonio de la ira- o la práctica -tapones para oídos o dejar la dichosa trompa letárgica-

 

Buenos días de martes con postdata (Ayer, callé. Ahí es nada).