cafetera

22.07.2015

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De la cantidad de cosas curiosas que pueden (y tienden) a pasarme, a veces el dado cae del lado bueno y otras justo de la otra parte. Y la historia de cómo me he cargado la fuente del mercadeo con los albañiles de mi edificio, es de estas últimas.

Por un cúmulo de motivos que ahora no vienen al caso, acabé un lunes a eso de las siete y media de la mañana haciendo top-less en mi casa esta vez, eso sí, a persiana cerrada. Hasta ahí nada escandaloso ni digno de comentar si no fuera porque un día laborable a esas horas una puede pasearse en cueros, pero no estar parada; así es que -cual abejita obrera- me puse a hacer el café, deshacer la maleta, poner la lavadora y colocar la cocina mientras ventilaba mis mamas… Hasta aquí tampoco es que haya nada demasiado reseñable, es cierto; pero ya se otea en el horizonte la tragedia…

Quiso el infausto destino que tuviera que poner en su sitio una cazuela que guardo en un estante alto, justo encima de la cafetera, en el preciso instante en que ésta expulsaba por abajo el café y por arriba vapor de agua. Y por si alguien lo dudaba, el vapor de agua quema. Es más, aplicado sobre la fina piel de un pecho, abrasa. Para más señas, te achicharra el pezón hasta hacerte una esplendida quemadura. Lo que viene a ser una herida del tamaño de una pastilla de amoxicilina de 1000 mg -gramo arriba, gramo abajo- que, cuando además no te curas en el momento porque llevas prisa por haber perdido el tiempo en gritar, forma una falsa costra que se levanta a la mínima para permitirte una intensa y completa observación estelar…

En resumen, que vi las puñeteras estrellas y que -como me paso el día a remojo- no se yo si ese pezón va a curar. De momento he encargado unas tarjetas ‘Doña Vanessa de Tetaquemada’ que no quedan mal y pienso ponerme en contacto con el municipio leonés de Vegaquemada a ver si lo del “Vega” se puede negociar, porque de betadine, gasas y cremitas estoy harta ya. Lo que más me preocupa ahora es -con estas pechónidas lesionadas- si vuelven los albañiles, ¿que les voy yo a enseñar?

Miércoles. La X nos ha salido gore… Vaya plan. Buenos días!!

03.12.2014

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Yo creo que la culpa va a ser de Miguel Bosé. Tanto machacar con aquello de que ‘nadie como tú me sabe hacer café’, que nos hemos acabado creyendo la versión de Nestlé: que para hacer un delicioso café hay que meterlo en una cápsula de aluminio antes. ¿Cómo dice usted?

 

Estoy hasta los granos del susodicho del cambio que han experimentado nuestras cafeteras en los últimos años, que han dejado la discusión entre la italiana y la de goteo a la altura del betún. Ahora la gente quiere cafeteras dolce-ness-nosequé que no funcionan con los granos ni con la molienda, si no con la jodienda de unas capsulitas de colorines.

 

Hasta ahí, en principio, solo cabe una oposición medioambiental por el aumento del embalaje; pero cuando te paras a echar cuentas, se te caen los palos del sombrajo… Con una sencilla regla de tres comprobareis que, por el sibilino método de encapsular el café, el precio de éste asciende hasta los -aproximadamente- 50€/kilo, ocho veces más de los 6 ó 7 que pago yo por él (por exactamente el mismo café) ¡!

 

Que a lo mejor después de tanto divagar con las profesiones la semana pasada no encontré la más rentable: rellenadora de cápsulas de café! Si la gente está dispuesta a pagarlo a precio de bogavante, no veo por qué no puedo yo aprovecharme también!! De hecho, estoy a ver si convenzo a Mati -usuaria poco alegre de esas estafas con forma de cafetera- de que vuelva a sistemas más tradicionales y, con lo que se ahorre nos vamos de vacaciones a Colombia a ver si informamos de esto a Juan Valdez!!

 

Miércoles. Buenos días!