Calabaza

30.10.2015

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¿Recordáis aquella balada popular mexicana que rezaba “ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca…”?

Bueno, pues yo tenía aquel lunar. No exactamente ‘junto’, si no ‘sobre’: lo tenía en el labio inferior, ligeramente a la derecha. Un puntito marrón, que resultaba coqueto y todo. Pero desapareció.

Es más, he de confesar cual Pantoja (cual Pantoja cantando, porque creo que en los juzgados no confesó nada), que tuve un novio al que semejante disparidad cromática en mis morros le resultaba encantadora y que me hizo prometer, como en la canción, que le guardaría hasta más ver el dichoso redondel. Pero -insisto- desapareció… Curiosamente, al poco de terminar aquella relación; que digo yo que quizá no me di cuenta y fue él quién se lo llevó.

Y es que las cosas, que es a lo que voy, desaparecen. No sólo mi pañuelo negro y rosa que no hay quién lo encuentre, ni varios pendientes que se han quedado en soltería permanente. Atrás se quedan también sentimientos y emociones que creíamos inalterables. Por Dios! Si desaparecen loa lunares, que por mucho que sean melanomas en potencia te acostumbras a ellos y hasta los quieres!! Ni las rocas permanecen. Las erosiona el agua, y el viento; las erosiona el tiempo.

Pero es viernes y, por mucho que casi haya desaparecido también la semana, no pretendo ponerme dramática. Es que ayer se me vino a la cabeza esa canción y, en lugar de quedarme en el ‘canta y no llores’ me enfrasqué en la insoportable levedad de los lunares, qué le vamos a hacer!

Que disfrutéis del fin de semana, por muchas calabazas que os den. Buenos días!!

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31.10.2014

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Jamás he visto al miedo esconderse en una calabaza, por mucho que metamos una vela en su boca desdentada. No. El miedo es más parecido a esa amalgama viscosa que se cuela reptando bajo tu cama. Aquello que espera en silencio, 60 centímetros por debajo de tu espalda; algo frío que, cuando tengas la luz apagada y la guardia baja, se colará entre los pliegues de tu sábana.

 

No creo que a nadie le aterren en realidad las telarañas, aunque podrían, si sientes cómo te atrapan, si te retienen inmóvil frente a un peligro que se acerca mirándote a la cara.

 

Tampoco es que den pánico los niños que llaman a las puertas con esa cantinela del ‘truco o trato’. En cambio la mirada sin párpados de una muñeca de porcelana o su risa infantil en una casa deshabitada puede ponerte los pelos como escarpias.

 

Los disfraces que se ponen los chavales para salir de marcha? Nada! Por más que porten hachas, motosierras o espadas ensangrentadas. El terror sí podría ser una máscara. Una que se aproximara flotando desde la nada.

 

Vampiresas de bote, dráculas de paja, zombis de pacotilla… Bailarines absurdos de esta mascarada: el auténtico terror se esconde en nuestra mente desbocada. La fiesta de los difuntos no es más que la bravuconada que usamos para olvidar que el miedo nos acecha desde cualquier puerta cerrada.

 

Feliz Halloween. Buenos días (mejores noches) y buen fin de semana.

31.10.2013

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Para los que hemos crecido sin esas tradiciones es difícil que hoy se nos haga el corazón calabaza al ver tanto muerto y tanta bruja por la calle, por mucho que los vagones de metro se asemejaran esta mañana a un disparatado coche de difuntos de serie B.

El caso es que no es que le tenga manía a la fiesta por el mero hecho de ser de importación (como me pasa con el insoportable Papá Noel), porque el equivalente patrio de visitas de compromiso a los cementerios portando claveles, tampoco es costumbre en mi casa. Al Halloween este moderno le reconozco su estética tan naranja y tan vistosa y ese don que tiene de quitarle hierro al espeluznante asunto de la muerte. Porque hoy es la fiesta del ‘terror’ sí, pero del terror fiestero y guasón -más del susto que del miedo- adaptada para todos los públicos, que lo mismo tenemos cocktail de cerebrito sanguinolento para adolescentes, que caramelos de fantasmas para los niños, amén de tartas-sepultura para adultos golosos…

En fin, trucos y tratos aparte, octubre se nos acaba por más golosinas con que le tentemos y con él se va el último reducto de calor del año, con el miedo que me da a mí el frío… Jueves y fin de semana ya: estos hachazos no están tan mal!! Buenos días!