caldera

09.10.2015

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En mi casa -que es bastante normal- pasan, de vez en cuando, cosas raras.

No raras como en la película esa de Guillermo del Toro que ahora anuncian; por suerte para mi integridad física y mental, yo no tengo ninguna cumbre escarlata; raras -digo- en el sentido de curiosas… Por ejemplo el día que limpiando los bajos de los muebles de la cocina me encontré dos botes de lentejas. Así sin etiquetar ni nada, lentejas medio cocidas y metidas en dos botes, escondidas tras un embellecedor. Supongo que se las dejarían los antiguos inquilinos pero no me negaréis que es cosa extraña. Con qué objeto uno oculta unas lentejas embotadas? Para atraer la suerte así, a la italiana??

Pero no hablaremos de pajas en ojos ajenos, teniendo buenas vigas en los propios. Que mi última gracia fortuita ha sido encarcelar un corazón. Terrible, no?

La cosa es que mi caldera (que para más INRI se llama ‘tronca’ porque los cachondos de las lentejas debían ser aficionados al Scartergories y despegaron las letras COINTRA para pegarlas con más guasa) antaño lucía una superficie blanca de lo más convencional que me resultaba un tanto aburrida, así es que un buen día le pegué una pizarra roja en forma de corazón que adquirí a un módico precio en una tienda de decoración. Hasta ahí vaya que vaya. Pero recientemente he tenido que modificar mi armario y colocar un cajón donde antes había una cesta, de tal manera que me he quedado con una bonita cesta IKEA de un metro por sesenta literalmente colgando de la caldera porque no he encontrado otro sitio donde ponerla. Y como mi Diógenes galopante me impide tirarla he acabado haciendo yo misma la gran gracia… Ahora convivo con una tronca de gran corazón encerrado sin premeditación! Curioso, no?

Pues eso. Que esperemos que se quede meramente en el anecdotario no alegórico! Viernes. Buenos días!!

 

Caldera corazón encarcelado

19.05.2014

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Alguno recordará que hace un par de semanas andaba yo más feliz que una perdiz porque, contra todo pronóstico, había dormido a pierna suelta en un autobús… Pero como no hay ciencia exacta ni regla sin su excepción, esta noche -que la he vuelto a pasar sobre ruedas- me ha cambiado completamente el cuento: en lugar de estar sola como Rapunsel en su torre, me he sentido más espachurrada que Blancanieves compartiendo la cama con los siete enanitos; solo que el mío era uno solo y de enanito no tenía nada (nada a la vista, al menos).

Me ha tocado por compañero de asiento un chaval grande como una montaña por el que estoy seriamente preocupada: su temperatura corporal no era normal. Lo sé porque como él era enorme y yo no peco de pequeña, el 15% de mi cuerpo (tomado verticalmente y por el lado derecho) ha estado continuamente en contacto con el 20% del suyo (también tomado verticalmente, pero del lado izquierdo), de tal manera que al amanecer esta mañana en Méndez Álvaro, nos habíamos fusionado. Sí, sí, unidos por el costado; siendo el primer caso conocido de siameses nacidos de distinta madre y en distinta fecha ¡! Creo que lo van a publicar el mes que viene en el Skeptical Inquirer…

No, ya en serio; hacedme caso que yo he visto muchos capítulos de Expediente X y sé que el calor d el cuerpo de ese muchacho podría dar lugar en cualquier momento a una combustión espontánea y la cantidad de líquido que desprendía por la sudoración ha podido licuarlo. Vamos, que para un día que me abrigo requetebién, el conductor pone la calefacción a toda mecha y me instalan en el asiento contiguo una caldera… una caldera de vapor!!

Lunes y San cubo de Rubik. Eso es lo que veo yo hoy en cuanto parpadeo: cuadraditos de colores! Muy buenos días…