cambio

01.06.2015

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Cuando dije que este fin de semana me iba a quedar castigada, no esperaba que fuera tan rigurosamente cierto, pero es que parece que estos días han sido los de la exaltación de la literalidad.

Véase el sábado: me invitaron a comer “un huevo” y así fue, nos comimos 1 huevo… entre diez. Y cuidado, que sobró!! La cosa es que el huevo en cuestión no era de codorniz, si no de avestruz  y venía preparado con mucho indumento. Vamos, todo un invento.

Pero lo del castigo no ha sido tan bonito y era, además, autoimpuesto. Sucede que ha llegado esa estupenda época del año en que una comienza a necesitar la ropa de verano. Y aunque eso me inunda de felicidad, la cara negativa es que el armario no se puebla de prendas de temporada por ciencia infusa, así es que me he quedado en Madrid estos días y he minimizado mis salidas, de cara a cumplir con ese noble objetivo: hacer el cambio del ropero… He ahí mi castigo.

La condena que debo pagar dos veces al año a perpetuidad por tener el vicio de comprar. Que una cuando va de tiendas le parece que no tiene de ná y lo mismo le pega al vestido que al pantalón, a la blusa y al cinturón. Pero cuando toca sacar la ropa de temporada te encantaría ser -únicamente- la legítima propietaria de dos pares de bragas.

Por fortuna todo se pasa y cuando ves tres meses largos de tirantes y piernas descubiertas poblando tus perchas, la oda al nudismo se te pasa y prometes no volver a dar la tabarra en tu blog… Hasta el próximo cambio de temporada.

Lunes. Hasta los peores castigos se pasan y empieza una nueva semana. Buenos días!

07.11.2014

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Nunca dos checks azules habían causado tanto revuelo. Ayer no se hablaba de otra cosa; hervían los mentideros de la villa y corte del smartphone… Whatsapp nos controla! Nos espía! Nos vigila! Nos exprime! Nos espachurra!

 

La verdad es que saber en qué minuto exacto te lee quien te lee a mí también me impresionó un tanto, pero ahora que el cuerpo se me ha hecho al cambio, no me parece descabellado. Antes se daba por sentado que leías todos los mensajes en el momento de la última conexión, pero lo cierto es que a veces te conectas un momento para algo y no puedes leer todo lo que te han mandado. Ahora, si usas la aplicación como un ciudadano de bien, no tienes nada que temer.

 

Al fin y al cabo, se trata de reforzar la comunicación. Y si ignoras o eres ignorado hacerlo de frente, con conocimiento de causa. Porque el que quiera obsesionarse con la hora de lectura o conexión, siempre va a encontrar el medio para hacerlo. Otra cosa es que el nivel de atención que dediques al mensaje en cuestión, que a veces uno escribe ‘verde’ y el otro lee ‘vente’ y para eso no hay -de momento- ni símbolo, ni solución.

 

Lo de siempre, vaya: que la tecnología es la que es y somos nosotros los que optamos por darle un uso bueno…o no. Lo que es bueno sin discusión es el día de la semana: viernes y, en Madrid, este finde viene con premio. ¡A disfrutarlo! Buenos días.

22.09.2014

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Mi madre lo dice mucho: lo más inteligente (y lo más diabólico) es ir dejando que la rana se vaya cociendo poco a poco. No escaldarla de golpe, que se asustaría y abandonaría el caldero de un salto.

 

Y me temo que el cambio ya ha comenzado. Sutilmente al principio, pero sin retorno ya. Primero cayó una hoja, al día siguiente fueron dos… Después vino una tormenta, de la que el termómetro no se recuperó. Fuimos dejando los tirantes tirados en el armario y paseando de nuevo chaqueta y pantalón.

 

El otoño nos acechaba quedamente desde el recodo de este mes en el calendario y esta noche, por fin, se instalará entre nosotros.

 

Y lo que me duele no es esta estación de colores intensos y vientos perfumados, lo que me lastra es saber que, como en el libro de Martin, se acerca el invierno. Me pesan los minutos de luz que cada día se van esfumando, me escuece la distancia que nos separa del próximo verano. Hoy me mata saber que cada primavera florece,  pero un poco menos y que cada equinoccio seca una rama más de mi propio árbol… Aunque mañana estos pensamientos se los lleve también un viento frío de otoño.

 

Lunes, buenos días.

10.06.2014

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No interpretéis mis palabras como una apostasía de las telecomunicaciones, por favor, que no soy ninguna abanderada de volver a los vasitos de Danone y la cuerda.

No entonaré a Chimo Bayo ‘móvil sí, móvil no, el móvil me gusta me lo como yo’, porque está claro que no tenerlo no es una opción. Ni cantaré tampoco a Karina ‘cualquier tiempo pasado nos parece mejor’ porque el pasado esta caput y lo de ahora es lo que tenemos, pero… tiene cojones cómo ha cambiado nuestro mundo el dichoso móvil.

Los tiempos muertos han muerto. Y el best seller ha cambiado el título: ya no es ‘No sin mi hija’, ahora es ‘No sin mi móvil’. Hemos mejorado como electricistas: ahora sabemos dónde están localizados todos los enchufes de nuestra casa, la de nuestros familiares y amigos y, si me apuras, las de los bares que frecuentamos.

Pero es que ha variado hasta nuestra fisonomía: los pulgares ya sirven para algo y el estiramiento cervical está asegurado (la curvatura del cuello es imprescindible para consultar el aparato). Además, se ha eliminado la necesidad de aprender a sostener miradas incómodas (todo el mundo mira hacia abajo) y si te encuentras al vecino del quinto (es feo) y no quieres saludarlo, con una consulta al móvil lo tienes arreglado. Lo malo es que las miradas cómplices también han volado.

Ha cambiado hasta el paisaje urbano! Ya no hay nadie erguido, aburrido, oteando el infinito, solo y esperando. Ya no hay nadie caído de brazos.

Yo? Que qué hago? Nada. Pensando… mientras escribo esto con el móvil entre las manos… ¿Qué os traéis entre las vuestras? Miércoles. Buenos días!!

02.06.2014

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Me gusta pensar en las estaciones como lugares de tránsito. Y no porque sea un original nombre de mujer, si no porque me gusta la palabra tránsito en su acepción más genérica: el paso de un  estado a otro (de despierto a dormido, de ilusión a desencanto, de líquido a gaseoso…). Parece aludir a un cambio consciente y consentido; a un devenir natural del curso de la vida. A ese estado mental en que no te tropiezas con las piedras del viernes, si no que fluyes sobre ellas, entre ellas y a pesar de ellas.

Como es una palabra dócil, uno imagina que ese cambio de estado es un proceso sin grandes altercados y tirando a lento pero, en contadas ocasiones, el tránsito se esconde a ras de piel, en las yemas de los dedos pulgar y corazón cuando se frotan entre ellas y hacen ‘chas!’. Aquí mi quinta coreará el “y aparezco a tu lado” de la Rosenvinge pero, en este caso, no procede… O tal vez sí porque, efectivamente, aparece a nuestro lado el conocimiento; como si fuese el vástago de la ciencia infusa y el sobrino del milagro.

No es una situación muy frecuente, pero yo creo que a todos nos ha pasado. Como cuando llevas mucho tiempo estudiando una materia sin aprender ni papa y de repente (chas!) lo entiendes; ves los conceptos como piezas de tetris; todo encaja, te sientes clarividente, no comprendes como has podido ser tan cerrado de mente!!

Pues a veces -raras veces- en el terreno personal también se produce: cuando has estado obcecada dando vueltas alrededor de un comportamiento ajeno que no comprendes y, con un chasqueo de dedos, te viene. Te sientes como un personaje de Marvel con el súper-poder del saber. Chas! De tonto a cuerdo: tránsito hecho. Y aunque lo que tienes delante pueda doler, la endorfina que el entendimiento segrega, cauteriza la herida antes siquiera de que sangre.

Teniendo en cuenta cuantas estaciones de paso acabamos cruzando en nuestra vida y todos los tránsitos que debemos hacer, no me parece un mal súper-poder.

Feliz lunes. Feliz cambio de semana. Buen tránsito de mes y Buenos días!

20.01.2014

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Me he levantado pensando que, como los lunes son el día señalado para empezar la dieta y enero el mes de los propósitos, podía meter ambos en la batidora, en plan experimento.

Me ha salido esto:

  • Lunes: haz un favor.San

No hace falta que nadie vaya a pedírtelo ni que lo hagas público. Basta simplemente con ceder el paso o el asiento. Sólo date el gustazo de ayudar a alguien sin que se lo espere.

  • Martes: cambia algo.

Tranquilo, no tiene que ser el mundo; puede ser algo pequeño: los macarrones por las espirales, el metro por un paseo, los cordones negros de las zapatillas por unos rojos, alguna rutina que te moleste o puedes cambiar de sitio el mueble del salón.

  • Miércoles: toca un instrumento.

Como es X, debería ser un xilófono, pero no vamos a ser tan estrictos. Prueba con un triángulo o un acordeón. En caso de no tener ninguno a mano, toca hacerlo nosotros mismos. Platos y vasos tenemos, no?

  • Jueves: invéntate una palabra nueva.

Como cuando eras niño. Seguro que hay algo que tienes en mente pero no hay palabra en todo el diccionario que lo defina. Vale. Sin problema ¡Invenlabra! El vocablo lo pones tú.

  • Viernes: busca una foto antigua.

Debe ser, como mínimo, de hace 10 años y tienes que aparecer tú. Mira la foto y mírate en un espejo. Asúmelo: estás estupendo; ese crío de la foto era un pardillo! Tú no, pero seguro que el sabía cosas que tú has olvidado. Haz memoria ¿Cuales?

  • Sábado:

No. No se me ha olvidado. Está en blanco para que puedas rellenarlo. Tú eliges. Sólo hay una norma: hay que pensarlo.

  • Domingo: descanso.

Llevas toda la semana creciendo por dentro. Te has ganado el sillón. Puedes, incluso, gastar las pilas del mando de la televisión…

Por supuesto, el orden de los días es intercambiable (excepto el domingo) y, debido a su carácter experimental, no garantizo ningún resultado; pero hay una alta probabilidad de sonreír y pasar la semana más entretenidos. Eso espero.

Lunes. El día perfecto para empezar la semana. Feliz San Sebastián a guipuzcoanos, acehucheños (y al resto) y, por supuesto, buenos días!

21.03.2013

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Pues mira que normalmente tengo todos los síntomas, pero ayer me pilló la entrada de la primavera con las alteraciones sanguíneas bajo arresto domiciliario. Vamos, que a las 12:02 -hora oficial peninsular en la que se produjo el equinoccio- estaba yo estornudando en lugar de suspirando; aunque la feliz estación durará este año 92 días y 18 horas… demasiado tiempo para aventurar qué derroteros mentales seguiré cuando los días traigan cada vez más luz del sol y las noches dejen de oler a frío, que esto de los vaticinios queda muy bien cuando aciertas pero te hunde la credibilidad cuando no. Que le pregunten a los del calendario Maya, o al milenarista William Millar, que dio de plazo del 21 de marzo de 1843 a 21 de marzo de 1844 para que se acabara el mundo y se produjera la segunda venida de Cristo y (gracias al padre de éste) parece que no atinó el angelito.

Jueves y Día Internacional para todos los gustos: de la Poesía, de la Eliminación de la Discriminación Racial, del Síndrome de Down, de los Bosques, del Color… No sé por cual decidirme; igual tiro por el camino de en medio y me veo esta noche La Roca para conmemorar los 50 de años del cierre de Alcatraz que -siguiendo el principio inexorable del cambio- pasó de fortaleza carcelaria a patio de recreo para turistas. Buenos días…