cariño

02.07.2015

Posted on Actualizado enn

Sí. No voy a negarlo. Siempre pico y peco de Antoñita… esa a la que apellidan ‘la fantástica’. No sólo en hablar con las musarañas y viajar con facilidad a Babia (o a la parra, o a Pernambuco), que lo he confesado ya; si no por dos costumbres que tengo arraigadas: la de soñar despierta y la de pautarme inalcanzables agendas.

La primera no tiene mucho que explicar: me dejas suelta en una calle sin escaparates, o en un tren o autobús -o en la propia cama, sin más- y mi mente navega por seriales de sobremesa que tienen a mi persona como indiscutible protagonista. Que aunque por temporadas la película es casi la misma, el coco tarda bastante en aburrirse de las infinitas variaciones que puede haber sobre un mismo tema.

La segunda también es fácil de entender: ante un día cualquiera de esos que una tiene mucha tarea,  me diseño mentalmente una agenda en la que cumplo todos los objetivos sobradamente y, además, me da tiempo a tejerme un mantelito de crochet.

Lo malo de ambas actividades es que -casi siempre- terminan en un callejón parecido: el de los finales no cumplidos… Y en el de un perpetuo regusto a culpabilidad.

Con este blog, sin embargo, nunca he dejado que me pasara, porque publicar aquí es en parte para mí una especie de higiene mental. Así es que cuando me ausento de sus letras es porque, realmente, ni la mente ni los dedos me dan para más, como me ha sucedido estos días… Todo sea por la buena causa de disfrutar de mi hermana, que ha recalado esta semana en mi casa y en mis quehaceres, absorbiéndolo todo. Pero qué queréis que os diga: lo que pierdo en manteles de crochet y publicaciones lo gano en cariño y diversiones.

Os deseo la misma agenda. Buenos días!

14.07.2014

Posted on Actualizado enn

Algo tiene la luna llena.
Luz.
Magia.
Encanto.
Un rostro.

La de este fin de semana me ha trasladado de Burgos a Arizona (baby) al doblar una curva de la carretera. Curioso, pero cierto. De esto que vas tú tan tranquila comentando cómo han crecido en 15 días los girasoles cuando aparece al fondo una luna gigante saliendo por el gran cañón… Frenazo y foto, por supuesto. Aunque el objetivo sea muy pobre recogiendo la mística del momento.

Y no puedo asegurar que nuestro satélite despierte a los hombres lobo porque no lo he visto (que más quisiera yo que ver a Lobezno, aunque fuera de refilón), pero sí que me ha dado lo que toda princesa desea ¿Dejar de presentar el telediario? ¡No! Un sapo. Uno bien lustroso puesto como por ensalmo en medio del camino ¿Para guisarlo? ¡No! Para besarlo. Porque es bien sabido que cuando vuelcas en un sapo todo tu amor se rompe el encantamiento y se convierte en un macizorro encantador. Sorprendente, pero cierto. Lo malo es que éste ha sido mi primer sapo, me pilló desentrenada y se me escapó: yo me lancé con los labios por delante en postura ‘boquita de piñón’ y creo que se asustó… Lo bueno es que ahora estoy segura de que los sapos existen (no como Teruel, que no me consta) y sólo tengo que pulir mi técnica para besuquearlos.

Y es que cuando la luz plata de la luna baña el mundo, la noche se ve mejor; tiene menos ciencia y más ficción, el corazón aúlla pidiendo cuentos en los que el sapo sea más guapo y cariñoso y el final feliz se alcance en el preciso instante en que te sientes como una princesa en el gran cañón… con un girasol.

Lunes capicúa y semana nueva de sol lleno. Qué alegría! Buenos días!!

Burgos Arizona luna llena