catarro

23.01.2015

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Pues parece que por fin termina esta semana y no sé si alzar el puño de la victoria, suspirar de alivio o abrir la ventana y saltar (pero con este frío igual me hago carámbano en la caída y no es plan).

En estos días pasados he sido atacada por la enfermedad: los mocos, el malestar, los oídos, fuertes mareos, una contractura… afortunadamente de los dedos meñiques estoy fenomenal. Tengo la sensación de que mi cuerpo ha intentado ponerse malo de distintas maneras -por puro vicio de molestar- pero no le he dejado salirse con la suya. Entre la piscina, las pastillas y la indiferencia he ganado la batalla.

Es cosa de prescindir de las partes dañadas: que siento ruidos, pues paso de escuchar; que me mareo, me agarro a la barandilla para no rodar por la escalera; que la contractura no me deja dormir, pues me pongo a soñar; que el faro de la bahía tiene la bombilla fundida, dejo el barco y me dedico a trepar por las rocas de la orilla ¡y ya está! Lo de siempre: guardar la proporción entre el problema y el remedio a aplicar…

Pero sí que es cierto que tanto frente abierto me deja el ejército con pocos vélites por hilera y se apoderan de mi algunas tormentas. He acabado, por ejemplo, presa de varias adicciones: al telediario, al Candy Crush Soda, a las acelgas, a una barra de cacao que huele a rancia y a alguna fantasía auto-elaborada que me reconforta.

Sólo espero que el gin de semana haga conmigo lo mismo que el temporal: darme una tregua, que todavía queda enero por delante y ya se sabe que está en cuesta. Buenos días!!

21.01.2015

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Por cachondearme de los días oficialmente mustios, he llegado a la mitad de la semana en severa recesión mental…

Me siento mal.

Hecha una alcachofa en todos los sentidos, excepto en su verde colorido.
Aunque sea el día X de la semana, del sexo sólo me queda hoy lo del centro: sin la s y sin la o.

Sólo puedo pensar en las mil maneras de cocinar los dos kilos de acelgas que tengo en la nevera (malditas sean las ofertas). Y lo que fue una tormenta de ideas se ha convertido en ruido.

[Ruido mentiroso,
Ruido entrometido,
Ruido escandaloso.
Silencioso ruido]

El sonido de una caverna que campa en mi oído derecho. Y una turbina en sordina en el izquierdo.

Tengo catarro en los pabellones auditivos (lo que viene a ser los mocos a modo de pendientes) y es tan asqueroso de sufrir como de contar.
Porque la gente más tradicional se suena las narices, pero yo las orejas no me las puedo sonar!!!

Ay! Ay! Ay de mí, que no me quiero quejar… pero la invasión viral no me deja sitio en las letras para nada más!
Me siento fatal (con tres aes al final) y ni siquiera puedo llorar porque los ojos ya me lloran solos sin poderlo remediar.
Ahora sé para qué sirven las ojeras: para desaguar.

Hasta la espalda la tengo encharcada de penas: me pica en el sitio exacto donde no me puedo rascar. En el ángulo muerto de mi trasera. El envés de esta alcachofa apática.

Los buenos días en estos días son jodidos de solemnidad (y no los puedo desear más).

14.01.2014

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Hace mucho que tengo por costumbre no ver la televisión -no ver los canales corrientes, me refiero- sólo series y películas de mi elección que reproduzco en la tele vía usb, lo que tiene como ventaja fundamental la toma absoluta de control sobre horarios y contenidos, pero lleva aparejado algún inconveniente también: la inevitable cara de lela que se te queda cuando alguien introduce en la conversación un gag del personaje de moda de turno que tú no pillas y, lo que es peor, dejar de ver anuncios.

Porque los anuncios me gustan ¡! No todos, no tan repetidos y desde luego no cuando estoy a punto de saber si el asesino es el sheriff o no, pero me gustan.

Estas Navidades, que sólo se anunciaban colonias y he tenido oportunidad de verlos, me han encantado: desde el de Invictus (por motivos pectorales obvios), hasta el de ese marinero que, en su anhelo por volver a ver a su amada, es capaz de destrozar una ciudad para plantar el barco al pie del balcón de la dama. Coño, pero si hasta me apetece ir al cine a ver el ‘Viaje a Ceilán’ de Adolfo Domínguez!!

El caso es que ayer, en un momento de ocio vespertino, decidí poner la tele para ver de nuevo esas maravillas de la imaginación comercial y ¿qué me encuentro? Mocos. Mocos, estornudos, congestión nasal y dolor de cabeza. Se acabaron las epopeyas románticas y los torsos victoriosos!! Ahora no eres nadie sin la gripe y mucha tos, que ¡ojito con ella! Puede ser seca, húmeda o a medio mojar ¡!

Estoy por bañarme en perfume y salir a así a tomar el fresco, a ver si me constipo y viene Nick Youngquest en velero a darme el jarabe mientras nos vamos hacia Ceilán… Uy! Estaré ya delirando?! Martes 14 y día de San Potito (lo prometo). Buenos días!!