Chimo Bayo

05.02.2016

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Cito mucho a Chimo Bayo.

Es curioso porque, a primer golpe de vista, puede parecer que Shakespeare tiene mejores citas. O Benedetti, que está en el top ten de los más mentados en Internet… Pero yo creo que el producto patrio está, en este caso, infravalorado (no como en la cosa fílmica actual, que es otro cantar).

El valenciano ha pasado a la historia quizás como uno de los letristas más zumbados del panorama nacional gracias a aquel

“Chiquitan chiquititan tan tan
Que tun pan pan que tun pan que tepe tepe
Pan pan pan que tun pan que pin”

que cualquiera que haya vivido los 90 recordará, pero para mí ha sido un profeta, el gran gurú de la toma de decisiones cuando compuso aquello de

“Ésta sí
Ésta no
Ésta me gusta, me lo como yo”.

Por favor, no reírse. Pensadlo un poco nada más… Esta sí. Ésta no. Ésta me gusta me la como yo. Brutal. Brillante. Cierto es que el muchacho le ponía cierta entonación a la ese que entroncaba con la tradición pastillera de aquel momento musical pero, si limpias el lema con Alka-Seltzer para reducirle el ácido, te queda una frase filosófica de una calidad indiscutible.

Ésta sí. Ésta no. Ésta me gusta me la como yo. Resume la realidad aleatoria y en ocasiones caprichosa de la mentalidad humana. Por qué? Porque sí. Porque así me gusta a mí; así me gusta a mí… Y ya está. Sin más premeditación ni alevosía ni maldad. La elección humana suele estar sujeta a la volubilidad. El gusto es un amante veleidoso. Y no hay más. A veces toca comértela, otras que te la coman y muchas otras toca quedarte con la que no, sólo porque sí.

Y que tal genialidad haya sido sintetizada por un icono del techno-makina cartógrafo sin par de la ruta del bakalao no nos debería dejar engañar. Es así. Un axioma. La más cruda realidad. No puedo añadir nada más. ¡Hu-Ha!

Buenos días y feliz fin de semana… con la Tía Enriqueta.

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10.06.2014

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No interpretéis mis palabras como una apostasía de las telecomunicaciones, por favor, que no soy ninguna abanderada de volver a los vasitos de Danone y la cuerda.

No entonaré a Chimo Bayo ‘móvil sí, móvil no, el móvil me gusta me lo como yo’, porque está claro que no tenerlo no es una opción. Ni cantaré tampoco a Karina ‘cualquier tiempo pasado nos parece mejor’ porque el pasado esta caput y lo de ahora es lo que tenemos, pero… tiene cojones cómo ha cambiado nuestro mundo el dichoso móvil.

Los tiempos muertos han muerto. Y el best seller ha cambiado el título: ya no es ‘No sin mi hija’, ahora es ‘No sin mi móvil’. Hemos mejorado como electricistas: ahora sabemos dónde están localizados todos los enchufes de nuestra casa, la de nuestros familiares y amigos y, si me apuras, las de los bares que frecuentamos.

Pero es que ha variado hasta nuestra fisonomía: los pulgares ya sirven para algo y el estiramiento cervical está asegurado (la curvatura del cuello es imprescindible para consultar el aparato). Además, se ha eliminado la necesidad de aprender a sostener miradas incómodas (todo el mundo mira hacia abajo) y si te encuentras al vecino del quinto (es feo) y no quieres saludarlo, con una consulta al móvil lo tienes arreglado. Lo malo es que las miradas cómplices también han volado.

Ha cambiado hasta el paisaje urbano! Ya no hay nadie erguido, aburrido, oteando el infinito, solo y esperando. Ya no hay nadie caído de brazos.

Yo? Que qué hago? Nada. Pensando… mientras escribo esto con el móvil entre las manos… ¿Qué os traéis entre las vuestras? Miércoles. Buenos días!!