ciencia

19.01.2015

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Si os habéis levantado esta mañana ligeramente apáticos y decaídos, debéis estar tranquilos: no estáis deprimidos, sólo es que sois estadísticamente correctos.

 

Hoy, tercer lunes del primer mes, es el que dicen que es en 2015 el ‘blue monday’, el día más mustio del año (que para ellos es azul y para mí, gris). A ver, tampoco hay que asustarse; hay un estudio más o menos científico detrás, pero la palabreja y el concepto lo acuñaron hace 10 años una compañía de viajes para una de sus campañas publicitarias, así es que igual el día no lo clavan.

 

Sumaron lunes con mal tiempo, cuesta de enero, catarros, abolición de buenos propósitos y otras gracias de ese pelaje y les salió eso, pero cada uno es libre de tener su día miserable cuando mejor le cuadre, estaría bueno (y si no preguntadle a mi compañera Mati, que puede aferrarse a la depresión post-parto aunque su niño tenga 12 años. Como ella dice, post-parto es…). De hecho, siendo listo y alegando que se desconoce el idioma inglés, podéis tener la excusa del blue monday un martes, un miércoles… (si lo tenéis un viernes o durante el fin de semana ya es un caso más preocupante) el día que os encaje entre hoy y el 19 de enero de 2038, momento en el cual, debido a no sé qué problema informático complicadísimo, nuestros dispositivos electrónicos harán un fundido a negro y ahí si que sabremos lo que es deprimirse.

Sí, sí. Reírse. Que yo he pensado lo mismo: qué me importa a mí lo que les pase a los programas de 32 bits que usan la representación del tiempo basada en el sistema POSIX? Anda y que se descuajaringue! Hasta que he hecho la prueba con el móvil de intentar cambiar la fecha al 19-01-2038 y me ha dicho que tararí que te vi. Y se me ha quedado unos segundos atontado además. Así es que, por favor, informáticos de mundo, no os durmáis en los laureles. Vosotros no tenéis derecho a ningún blue monday, que eso de amustiarse es para cuando no hay un problema urgente que atajar.

Los demás, que disfrutéis del maldito lunes este. Buenos días!

21.11.2014

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Qué puñetas será la mente, que a veces cuando esperando un autobús miras al suelo y lo ves sembrado de cáscaras de pipas, se te llena la cabeza de imágenes de alegres praderas amarillas y caras sonrientes y otras veces, enfrentada a la misma estampa, sólo logras ver en la suciedad callejera unos pútridos deshechos rechupeteados, tostados y repugnantes… los fantasmas de lo que en otros tiempos fueron girasoles.

 

La misma materia gris e idénticas conexiones neuronales, sometidas a un mismo estímulo externo, son capaces de llegar a puertos opuestos del misterioso mar de tu propio cerebro.

 

Y sospecho que por más que la ciencia presuma de conocer lo que sucede de ojos para adentro, estamos a un largo trecho de eso. Preguntad, si no, a los que tienen a sus ancianos aquejados de demencia o Alzheimer… cada caso, un mundo. Conocemos las manifestaciones externas, pero no lo que les pasa a ellos por la mente.

 

Soñar, sin ir más lejos. Se sabe cómo lo hacemos, se definen unas fases del sueño… pero nadie sabe porqué se mete cada noche en ese berenjenal nuestro cerebro. Voy a ver si lo averiguo un día de éstos… durmiendo.

 

Viernes. El día perfecto. Que las cáscaras de pipas os devuelvan este fin de semana un bonito recuerdo. Y buenos días!

27.05.2014

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¿Qué es el polvo?

No, no. Lo pregunto completamente en serio.

Es que si me piden así de sopetón que lo defina, yo diría que son pequeñas partículas de vete-tú-a-saber-qué en suspensión, que proceden de vete-tú-a-saber-dónde, con marcado carácter molestón e hijoputa y cuyo hábitat natural es cualquier superficie de mi casa; que poseen, además, el don de la inmortalidad, porque las quito de aquí y se posan allá, pero ¿desaparecer? No. Son solubles en agua, cierto es; pero no se van con ella excepto que la expulses por algún desagüe, ergo, así tampoco desaparecen: se trasladan al alcantarillado…

Wikipedia mediante descubro que el polvo doméstico es en su mayoría materia orgánica, restos de nuestro propio cuerpo que se desprenden y alimentan a los ácaros que viven en él, que a su vez defecan ahí, aumentando el caudal orgánico que se posa sobre el alféizar de mi ventana, ensuciando así incluso estas páginas y otorgando (¡oh, milagro!) credibilidad científica a la iglesia cuando dice aquello de ‘polvo somos y en polvo nos hemos de convertir’

Así las cosas, lo que fuera la lúdica idea de echar uno, te deja hecha ídem, porque ya no sabes si te vas a divertir o si alguno quiere criar unos cuantos ácaros a costa de ti ¡! Me parece que por hoy, lo que voy a echar son los polvitos de la madre Celestina y me voy a despedir…

Martes. Buenos días!!