cine

04.12.2014

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El otro día, por fin, vi Maléfica (la película, no mi vecina de arriba) y me llevé la gran decepción.

He de decir que mi predisposición era muy buena, porque a mí estas historias de fantasías remasterizadas llenas de paisajes imposibles, personajes de cuento que vuelan, grandes disfraces y unos cuantos efectos especiales -de entrada- me encantan. Pero… Maléfica? Anda ya! Por favor! Mucho más maléfica soy yo los días que me levanto con la lengua afilada (que son unos pocos).

 

La tía se viste de negro, se pone unos cuernos y echa polvos verdes por las manos, pero por lo demás es más tierna que el Bimbo sin corteza… Que un día se cabreó porque el churri la mutiló mientras dormía -es para molestarse, cierto- y soltó una pataleta en forma de maldición. Punto. Pero es una mala muy poco mala con un corazón más grande que sus orejas (que siendo élficas como son, no es decir poco). Sin chicha, sin limoná y casi sin vestuario fastuoso… Un fiasco.
Me da la impresión de que la Jolie andaba celosa de los papelones de malvadas de cuento de sus compañeras Charlize y Roberts y quería tener ella uno propio… y la ha pifiado. Lo auténticamente terrorífico de su personaje son esos pómulos, a los que el maquillaje debe ayudar muy poco, porque donde hubo moflete ahora sólo quedan ángulos.

Y claro, como la mala ni es mala ni está ya buena, no podemos dejar que el resto de los personajes se luzcan mucho: el rey estilo oficinista loco, la princesita un escuerzo y el príncipe azul un pipiolo que a lo mejor termina siendo guapete cuando le arreglen el pelo y acabe la ESO.

Y para eso, me la podía haber ahorrado, la verdad. Una vez más, con el cine hemos topado. Buenos días!

17.09.2014

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Pues nada. Aquí sigo. Incapacitada para ganar ningún concurso de belleza y apta en cambio para emprender un nuevo formato televisivo: “Mi flemón y yo”.

La verdad es que ya parece que mi moflete empieza a tener un tamaño más razonable; al menos ya quepo por las puertas y la gente me mira con -ligeramente- menos cara de horror. Algo es algo. Pero mi trabajo me ha costado: he pasado la mitad de la noche durmiendo sentada en el sofá del salón y la otra media intentándolo en la cama. Y no por falta de sueño, si no por la puñetera posición.

Y es que he descubierto que el flemón se nutre de mi decúbito supino (y hasta de mi decúbito prono, el muy cabrón) y he tenido que dormir apoyando la cabeza sobre dos almohadas y tres cojines que me dejaban el cuello como la peli de adolescentes: ‘A tres metros sobre el cielo’. Y yo, así, no. Nunca he comprendido como pueden dormir en esa posición los americanos de las películas y las series. ¿No os habéis fijado? Se acuestan tan tranquilos en una cama con 300 almohadones dejando el cuello alzado como un galápago y el edredón que sólo les llega por los sobacos ¡¡!! ¿Mande? ¿Y eso es estar cómodo? Cuando te vas a la cama, los cojines se quitan (ordenadamente o lanzándolos por ahí, eso ya cada cual). Y, cuando arropas a alguien, se le sube la manta hasta la coronilla, leches! Con lo bien que sabemos hacerlo aquí!! En fin…

Miércoles. Hoy os deseo, además de buenos días, un buen dormir.

09.06.2014

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Por fin encontré el momento de sentarme a ver ‘Ocho Apellidos Vascos’; le tenía ganas porque esperaba formarme una opinión propia, no por esperar que me gustara. Y probablemente no la hubiera visto, ni hablaría hoy de ella si no llevara detrás un fenómeno de masas (fenómeno, por cierto, que en el futuro seguramente será objeto de estudio de ‘Cuarto Milenio’, pues tiene carácter de misterio).

Reconozco que, en cuanto a sentido del humor, mi caso concreto no es significativo porque me pasa como a las personas que opera de cambio de sexo la Seguridad Social: he nacido en un cuerpo equivocado. No suelo compartir el humor patrio, pero me parto con las comedias francesas, que aquí rara vez triunfan y me río a carcajadas cada vez que veo de nuevo alguna comedia clásica americana. Quizá por eso me resulta incomprensible que miles de personas acudan al cine a ver los cinco o seis chistes que tiene la peli. De hecho, lo que te empuja a sonreír en ‘Ocho Apellidos…’ es el sonrojo; los guionistas apelan sin piedad al recurso de la vergüenza ajena de tal forma que, por no taparte los ojos (que es el primer impulso), arqueas los labios.

Tampoco es que eso sea delito. Es humor facilón y punto. Lo que sí incurre en falta grave es el punto de partida de ese humor: no es sólo que se use y abuse de los topicazos, es que semejante visión retrógrada de las diferencias culturales de este país nuestro, se corresponde con el ojo crítico que pueda tener un ciudadano medio de Ohio sin ningún conocimiento previo. Como si ninguno hubiéramos salido nunca de nuestro pueblo, como si no tuviéramos amigos con apellidos de todos lados, como si la mayoría no fuéramos (por sangre o afinidad) un poco vascos, un poco asturianos, un poco extremeños o un poco de en medio.

Y así pretendemos salir del cliché del abanico y la castañuela? Cambiándolo por el cliché de la chapela? Anda ya! Yo no me lo creo!! Y luego que vengan a preguntarme por qué no apoyo el cine ‘nuestro’… Por esto!

Lunes. La semana empieza….[Arsa quillo. Oso ondo] Buenos días!

19.03.2014

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De la noche a la mañana, el paseo de acceso a la piscina donde voy, ha sufrido una grata transformación: han abierto un restaurante kebab con pequeñas mesas dispares en su idílica terraza; a continuación, una floristería rodeada del aura mágica de los colores de sus flores y, algo más allá, una tiendecita de no se sabe qué que rezuma encanto vintage… Todo muy bucólico, todo muy fantástico. Tan fantástico es, que todo es mentira.

Frente a ese despliegue de armonía visual han aparecido también unos focos más grandes que yo y cámaras y cables por todas partes ¡El paseo se ha convertido en un set de rodaje! Y no es que me moleste el constante trasiego de técnicos y actores o tener que pedir permiso para pasar; lo que no les perdono es la decepción, el breve espacio de tiempo en que tomé la ilusión por realidad; aunque cierto es que ver un kebab idílico debería haberme hecho sospechar… Bueno, pues ahora resulta que la primavera me la ha jugado exactamente igual: el buen tiempo también era una ilusión y hoy -que además de felicitar a padres y Josés, despedimos el invierno- me entero de que el sol y el calorcito se van con él… Qué barato sale ser cruel.

Luces, cámara, acción y…. ¡Miércoles! Buenos días.

05.03.2014

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Después de mucho oír gustos y disgustos del personal… ¡Por fin he visto Gravity!

Y no, no pienso entrar en el juego de discutir su simpleza argumental ni su grandeza visual. Las críticas las tenéis en filmaffinity de todos los colores.

Sólo quiero constatar aquí dos cuestiones que no me puedo callar. La primera es la proverbial  ausencia de personajes secundarios de la cinta (sospecho que debe rozar el premio guinness al menor reparto); que no sé si se debe a que el alto caché que cobran Bullock y Clooney les dejó sin presupuesto para contratar a nadie más, a que Cuarón temía superpoblar el espacio al estilo de ‘Star Trek’ (de esto que no puedes doblar una esquina galáctica sin cruzarte con un marciano) o a que todos los extras del celuloide ya habían aparecido en ‘Lost’ y estaba feo repetir; pero vamos, ni tanto ni tan calvo. Aunque si el objetivo era potenciar la sensación de aislamiento lo clava, porque hasta Houston -que en otras películas está al completo- en esta no le vemos a ninguno el pelo…

Y la segunda es que, no sé si alguien ha caído pero el 80% de la película es… ¡sonido! Ya he visto que ha ganado los Oscar a banda sonora, sonido y efectos sonoros pero me parece que se quedan cortos. Gravity necesita una categoría nueva en la gala hollywoodiense: Oscar al mejor guión sonoro. Porque su mejor baza (ese desasosiego que genera) no es por las caras de la pobre muchacha que quiere volver a casa, ni por la intensidad de las imágenes espaciales, no. Toda la tensión dramática está en el sonido. En concreto, por los graves (he llegado a pensar que el título se lo pusieron por eso). Mi subwoofer no se había visto en una semejante desde que estalla la ola en ‘Lo imposible’, ¡echaba humo! más notas graves que en un concierto de tubas; Coño, que al principio pensé que era mi caldera, que se había averiado ¡! Hasta miedo da. Tú le quitas la voz a la tele y la historia se queda en nada.

Y con eso acabo hoy, con las historias que quedan en nada; que se quedan en ceniza, vaya; que para algo es miércoles de ídem y toca dejar a la sardina enterrada. Buenos días…

24.01.2014

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Después de llevar años observando el extraño fenómeno, me he decidido a hacer una pequeña investigación y, efectivamente, queda confirmado: en el cine (y aún más en la televisión) todo puede ser… Mortal.

No hablo ya de las que te matan de puro malas; me refiero a ese sub-subgénero de películas que se titulan ‘Loquesea Mortal’. Estoy segura de que todos hemos visto alguna (sobretodo porque hay unas 189). Suelen ser cutres, de acción y tienen tendencia a emitirse alrededor de las cuatro de la tarde de sábados, domingos y festivos. Sabéis de las que hablo, no? El argumento es siempre una variable del clásico:

‘Protagonista (el bueno) que huye del peligro causado por algo o alguien (el malo) aparentemente imbatible hasta la penúltima escena, en la que el sudoroso y magullado prota se lo carga. Desgraciadamente, justo en el último fotograma -en un originalísimo y mil veces repetido giro argumental- se da a entender que el malo ha sobrevivido, pudiendo dar lugar a una secuela’.

Aunque lo realmente apabullante no es cuantas veces se puede contar lo mismo si no la cantidad y variedad de cosas que pueden ser ‘mortales’; desde las que tú ya intuyes que buenas no son (plaga, veneno, tiro, trampa, picadura), hasta las relaciones en todas sus modalidades (seducción, magnetismo, abrazo, beso, idilio, luna de miel, boda y divorcio), pasando por desplazamientos (viaje, trayecto, tren, carrera) y llegando incluso a lo que parecía inocuo (puzzle, juguete, examen o teléfono). Se lleva la palma, por original ‘Peluquín Mortal’, que con un poco de  suerte, nos la calzan este fin de semana!

Viernes, toca disfrutar de un fin de semana mortal (¡No, no!¡ni hablar del peluquín!), mortalmente estupendo, quiero decir. Buenos días…

17.04.2013

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Desde que el 17 de abril de 1924 se fusionaron las tres compañías que la precedieron, el rugido del león de la Metro sonaba al Hollywood de los años dorados; a Escarlata O’Hara rebuscando nabos mientras el viejo Sur se hundía a su alrededor, al restallar del látigo de Ben-Hur sudando el maquillaje en la carrera de cuadrigas y a los rojos tacones de los zapatitos de Dororthy buscando su lugar más allá del arco iris… pero lo cierto es que hace un par de años que el león empezó a abrir la boca para pedir comida; la MGM había acumulado una deuda millonaria sin tener éxitos para saldarla, que esto de la producción cinematográfica es un poco como la agricultura del celuloide: si sale mala la cosecha, no hay con qué pagar al que te vendió las semillas. Parece que a golpe de inversores y alianzas la compañía va saliendo del bache, aunque con muletas: un brazo se apoya en el musculado hombro de Daniel Craig esperando que 007 tenga licencia para facturar y el otro en el mullido grupo de seguidores de Tolkien, que alguien me comentaba el otro día que no se explica lo de trocear al pequeño Hobbit, pero es que si vender en tres partes la gallina de los huevos de oro triplica los beneficios ¿quién no estiraría el argumento? Pues eso, f(x) otra vez.

Miércoles y, aunque no esté la cosa para tocar las castañuelas, los sevillanos siguen con su feria de abril; así es que de Despeñaperros para arriba podemos celebrar SanRoberto, que es el que toca (felicidades Negrino). Buenos días…