coche

16.05.2017

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Amigos, he de confesarlo: ayer maté a Bambi. Después de haberme comido a su padre… O al menos eso creo.

 

Lo cierto es que el fin de semana (éste largo del que hemos disfrutado los madrileños acogidos a nuestro patrón) no auguró desde el principio nada bueno en mi relación con los corzos. Ya en el viaje de ida me encontré con uno jovencito que no temió mi mirada ni el coche que paré a su lado, pero que sufrió un ataque de timidez repentina frente al objetivo de la cámara del móvil y me dejó allí plantada y sin foto para demostrarlo. Un kilómetro más adelante apareció trotando otro junto al camino (o quizás el mismo), al que vi mirar las ruedas con claro gesto de desafío, pero que afortunadamente eligió distinto destino.

 

Pero en una trágica concatenación de refranes (como no hay dos sin tres y a la tercera va la vencida), en el viaje de vuelta – a pesar de ir alerta por estar advertida sobre la proliferación de esos animales en ese tramo de carretera- se produjo el triste suceso que ha dado titular a la presente entrada… Bambi salió de la nada por mi diestra y se empotró directa contra el lateral del coche. Sospecho que el impacto fue mortal, pero me fue imposible parar en ese tramo para comprobarlo y socorrer al animal.

 

Siento enormemente el daño causado al tierno cérvido. Una cosa es comer caldereta de venado como parte de una celebración popular (estaba exquisita, por cierto) y otra muy distinta la cacería motorizada involuntaria. Pero después del golpe mi preocupación principal, confieso, no fue por la fauna sino por mi propia seguridad. No dejo de pensar que si el golpe hubiera sido frontal, mi carrocería y la de mi coche hubieran salido bastante mal paradas.

 

Y  vista la alarmante frecuencia con la que se producen sustos como estos últimamente en esa zona, me pregunto si no sería más prudente autorizar más calderetas y sufrir menos accidentes… Por el bien de los animales de dos patas.

 

Martes y, a Dios gracias, sereno. Muy buenos días.

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29.03.2016

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Podría parafrasear a Pablo Milanés con aquel

“El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos;
el amor no lo reflejo, como ayer.”

Pero sería cantar en falsete, porque lo cierto es que yo el amor nunca lo he reflejado demasiado bien. No. Yo quería quedarme sólo con el primer hilván que alude al correr inclemente de los años. Y no por sacar la socorrida cantinela del envejecer si no exclusivamente porque el otro día tuve que renovarme el carné y, joder, se me han pasado los diez años en un santiamén. Tan rápido, que lo he tenido caducado más de un mes.

Así es que ante la inminencia de un viaje y los riesgos económicos que entraña conducir sin él, fui apresuradamente a un centro médico a hacer el test. Que no es que me preocupase, pero leñe, no deja de ser un examen y una quiere hacerlo bien. Y no es por echarme flores, pero lo bordé. La vista excelente, el oído también y los reflejos divinamente; diría incluso que mejor que la última vez!

Salí pensando que, si no costara una pasta, iría a hacerlo todos los meses. Para mantener el ego por las nubes, simplemente. Pero cuando ya me disponía a largarme con mi mejor sonrisa a otra parte, se les ocurrió enseñarme la foto que te hacen con un invento diabólico llamado cámara web…. Madre del amor hermoso! Pero esto que es? Mucho decirme que estoy estupenda pero me haces una foto que lo desmiente!! Y tengo que aguantarme diez años con el careto ese!?! Por lo menos bájale los mega píxeles, que prefiero tener un borrón en el expediente!!

Pues nada, ellos se lo pierden. No me vuelvo a hacer un psicotécnico hasta que no me toque!! Y cuando esa fecha llegue, me lo pienso hacer en un estudio fotográfico o les llevo un selfie, que mi teléfono es, sin duda, el que mejor me ve.

Martes y, para muchos, vuelta al tajo (otros ya llevamos dos) . Que nos sea leve! Buenos días!!

10.09.2015

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En contra de la lógica, la costumbre y el propio instinto de supervivencia, por más años que voy cumpliendo, tanto o más me siguen gustando los parques de atracciones.

A la mayoría de la gente que conozco les encantaba montarse de adolescentes pero, al madurar, van perdiendo las ganas porque se marean, o sienten vértigo o tienen pavor a que una tuerca esté mal apretada. Y es verdad que lo de la tuerca también pasa por mi cabeza, pero me puede más lo que disfruto en la primera bajada. No me mareo en nada: ni subiendo, ni bajando, ni girando… ni centrifugando, vaya (a veces pienso que debería haber sido astronauta). La única ocasión en la que la velocidad me marea es cuando se detiene; me sucede muchas veces que voy conduciendo tan contenta y, al parar en la gasolinera, se me descoloca un poco la cabeza ¡!

El problema es que una no suele encontrar el tiempo, la compañía ni el presupuesto para ir tan a menudo como quisiera y al final, se me pasan los años sin catarlo. Por eso este sábado -que me ha tocado- pensaba, mientras hacía cola para subirme en los cacharros, que hay un modo de solucionarlo… La lanzadera, por ejemplo, podríamos instalarla como ascensor en edificios de más de cuatro pisos. El metro también daría para mucho: en lugar de hacerlo tan monótono pueden construirse los raíles con subidas, bajadas y curvas cual montaña rusa y, en los tramos planos, con cuatro actores, nos valdría de túnel del terror. Lo de los coches chocones facilísimo: es ponerle goma a los parachoques, una banderita en la antena y aprovechar cualquier atasco…

 

Y así con cuatro duros y algo de imaginación, convertiríamos nuestra ciudad en un lugar lleno de emoción!!… O al menos de sensaciones que se pudieran resolver con un simple salto del estómago, porque de las que te atacan el hígado ya vamos sobrados.

Jueves. Buenos días!

16.07.2015

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A pesar de que las estadísticas dicen que los radares se hinchan a poner multas de tráfico por exceso de velocidad, hay una especie de ley universal por la cual, cuando vas con el coche y con prisa, se te coloca delante el único que no la lleva: el lento, el pasmao, el equivalente de cuatro ruedas a una puñetera tortuga. Y esto pasa SIEMPRE ¡!

Que yo lo cuento y me dicen que será que yo voy demasiado rápida; pero eso no es necesariamente verdad. Es cierto que, en ciudad, me gusta conducir con cierta agilidad y que valoro esa cualidad en los que llevo por delante; pero entiendo que cada cual pueda llevar un ritmo… Lo que no podré entender jamás es que ayer, por ejemplo, me tocara hacer 10 kilómetros en una carretera de 90 km/hora detrás de una furgoneta que me llevó todo el camino a 40!! Y sin posibilidad de adelantar!!!

¡Hombre por favor!
Repito.
¡Hombre por favor!

Eso no se hace. Si llevas la furgo averiada, pones las lucecitas naranjas y te apartas, si te mareas, paras y vomitas, si no encuentras el acelerador, paras y lo buscas… Me da igual el motivo. Eso no se hace. Coño, que llevaba una caravana larga como ella sola y encima el tipo sacaba y mecía la mano por la ventanilla!! Guapo, que llevas una furgoneta blanca matriculada antes del whatsapp, no un BMW!!  Cómo sería la cosa que yo creo que iba cargada de melocotones y acabaron hechos mermelada. No digo más.

El caso es, a lo que íbamos, que el universo tiene sus propias leyes de la enseñanza y la ironía, que suelen darte curiosas bofetadas: que tú llevas prisa, te freno; que quieres calor, te asfixio; que te pones morbosa, te despierto.

Y de esta manera los planetas mantienen el equilibrio.

Es jueves y la Virgen (del Carmen). Buenos días!

22.06.2015

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La suerte tiene a veces curiosas maneras de hacerse notar. Para que te des cuenta de que la tienes, te prepara una jugarreta y acto seguido te salva y, así, acabas agradeciéndole su presencia hasta que el ciclo de las casualidades vuelve a empezar.

 

Con este ingenioso sistema, nos la ha colado dos veces este fin de semana. La primera desafiando las leyes de la mecánica y la segunda poniendo a prueba la agudeza visual.

 

Me explico: cuando uno deja un coche aparcado en una cuesta poco pronunciada, con el freno de mano echado y entra en el supermercado de enfrente a comprar, lo que menos se espera es que, a la salida, el coche te haya venido a la puerta a buscar. Es decir, que ignorando el freno de mano alzado, se haya deslizado suavemente y marcha atrás por el aparcamiento; pero no trazando una línea recta como sería de esperar, si no esquivando milagrosamente 5 coches aparcados detrás y 3 personas que cruzaban, para acabar parando con exquisita pericia allí donde no molestaba en el preciso momento en que su dueño salía por la puerta… Vamos, el acontecimiento está entre la buena suerte, la pura chorra y la temática de aquella serie de los 80 en la que el listo Kitt paseaba al chulo de David Hasselhoff (antes de aprobar las oposiciones para vigilante de la playa) mientras sonaba de fondo la inigualable banda sonora: ta-ta-ta-ra, ta-ta-ta-ra, ta-ta-ta-ra ra ra

Pero no se quedó el azar contento con esta exhibición de habilidad, que al día siguiente nos la vuelve a jugar (aunque de forma más convencional), perdiendo un billete de 20€ en un paseo campestre y volviéndolo a encontrar a vista de coche seis horas después enganchado –como los tres tristes tigres- en un trigal.

 

Lo que os decía: no hay suerte buena sin suerte mala y a veces sólo es el orden de los factores el que determina el producto final. Por ahora, me vale así como está.

 

Lunes. Que la fortuna os sea ordenada en la nueva semana! Y buenos días!

18.11.2014

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Confieso que soy una masoca de la carretera. Lo pensaba el otro día montada en un autobús mientras salía de Madrid con atasco y aún tenía 550 kilómetros por delante.

 

Cierto que prefiero el asfalto cuando conduzco yo y que los viajes largos me gustan más en tren; pero aún así, el tiempo del tránsito siempre me ha parecido un tiempo bonito… Encaramada en mi asiento, sin poder estirar las piernas a mi gusto, atufada del olor a sudor e incluso pies ajenos, con las lumbares retorcidas y las orejas sangrando por la versión que está sonando de ‘la chica de ayer’ (de Enrique Iglesias??), sólo puedo pensar lo bonita que se ve la cuesta salpicada de luces rojas, lo idílico que parece ese polígono industrial y los colores tan esplendidos que pinta el atardecer en las nubes que van quedando a mi diestra.

 

En serio. Me gusta. Me gusta la idea de todas las cosas que puedo hacer en las seis próximas horas: puedo escribir, leer, dormir, escuchar mi propia música, ver la película que acaba de empezar, soñar mientras la vista se me desliza por el horizonte al otro lado de la ventanilla… Tardo rato en querer llegar; a veces hasta me da pena porque el tiempo se ha pasado y yo no he hecho ni la mitad.

 

Supongo que es la sensación de comienzo lo que siempre me atrapa. Quizá no soy sólo masoquista…  Buenos días.

10.09.2014

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Ya sé que algunos perros les tienen pánico y que los animales no son inmunes a la desorientación que a veces produce, pero nunca había visto que una tormenta pusiera tonto a tanto bicho como la de hace unas semanas. Estábamos campeando por tierras del Cid y nos pilló un tormentón -más o menos similar a la que cayó por tantos otros lugares- que, curiosamente, dejó a la fauna local con un tornillo suelto.

 

No es sólo haber matado a un pájaro -no acostumbro, pero a veces sucede- que se empeñó en meterse entre mis bajos (los del coche), es que tuve que esquivar otros pocos que intentaban estrellarse; amén de un perro, que tenía una vena suicida o quería ligar con mi rueda derecha (la del coche) o  detectó el olor a pájaro muerto,  yo que sé.

 

Pero lo más grande no es la enajenación mental transitoria de algunos animales, lo grave es la pedrada que tenemos los de nuestra propia especie, al menos los madrileños, que también nos volvemos locos cuando llueve: el tráfico lleva dos días imposible y empiezo a plantearme seriamente salir a la calle con armadura completa para protegerme; no de la lluvia, que moja pero no duele, si no de los que usan los paraguas como lanzas cada vez que pueden!!

 

Por favor, señores usuarios de esas peligrosas armas llamadas paraguas, los que no los usamos también tenemos derecho a caminar por la acera, cruzar los pasos de cebra y entrar en los portales; no intenten extirparnos un ojo con las varillas al menor descuido ni sacudir sus paraguas mojados sobre nuestros abrigos y así, todos tan amigos!!

 

Viernes como el huevo: pasado por agua. Buenos días y que disfrutéis del finde!