comer

15.12.2015

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Normalmente, a los estudios pseudo científicos estos que antes rodaban por el correo electrónico y ahora anidan en cualquier rincón del Facebook no suelo ni creerlos ni prestarles mayor atención, pero el otro día tropecé con uno que me ha encandilado.

 

Resulta que científicos de la Universidad de Stanford han determinado que se produce una correlación negativa entre las horas de sueño y el Índice de Masa Corporal, de tal manera que estos señores de reputada carrera e intachable trayectoria, han dedicado sus esfuerzos y trabajo a limpiarme a mí de mala conciencia y darme la excusa perfecta porque así -amparándome en sus conclusiones- los kilos que me sobran no son por dar rienda suelta al hedonista placer de llevarme una delicia a la boca, si no a la involuntaria desgracia de dormir menos que una farmacia.

 

Pero eso no es todo… Por lo visto, también influye negativamente en la presión arterial, el estómago, el páncreas y los reflejos, que según dicen, se igualan a los de alguien que ha bebido cinco copas (¡!)

 

Ergo, estas Navidades, cada vez que beba una cañita, echaré una cabezadita; que me paso con el tostón, me duermo un siestón y caso de que se me vaya la mano con el ron o el turrón, le pienso echar la culpa al colchón!!

 

No sabéis que paz me han dado los de la bata blanca y el doctorado. Y así, si duermo tranquila, me quito un peso de encima!

 

Martes de aproximación a la Navidad. Cuidado! Que como dice una amiga mía, cuando termina el adviento, empiezan las tempestades. Buenos días!

10.06.2015

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Me vais a llamar pesada, pero tengo la necesidad desatada de hablar de hormigas otra vez esta mañana. Como este año hay tantas y me he pasado recientemente cuatro días de convivencia con ellas, tengo inquietudes y aventuras nuevas que contar…

Entiendo, por ejemplo, a las que se cuelan por cualquier resquicio de la cocina para llegar hasta el azucarero; puedo llegar incluso a comprender a las que escalan el bote de la sacarina liquida para acabar flotando en ella (son golosas, pero más de cuidar la dieta); y, si me aprietan, hasta puedo ser tolerante con las que merodean la puerta del microondas para zamparse algún resto adherido a él, pero las del baño? En el cuarto de baño qué coño esperan comer?? Joder, que las hay por el suelo y el otro día vi tres rondando un bote de crema… ¿Acaso alimenta el Q10 ese que no sé ni lo que es?

Pero lo que ya me mosquea sobremanera es esa hilera interminable que recorre la cochera o un desván donde lleva meses sin pisar un alma. Ahí que coño pintan? Hay acaso un tesoro escondido en forma de migajas?? Lo digo porque si es así, en una noche de esas que llegas muertita de hambre a casa y no encuentras nada apetecible en la nevera, igual no es mala idea seguirlas, a ver de ahí qué se llevan.

Aunque por dónde ya sí que no paso es por que me muerdan ¡A mí! ¿En qué quedamos? ¿Son depredadoras o carroñeras? ¿Les va el goloseo o el canibalismo? Me desconciertan. Si no tienen dientes… ¿¡con qué coño aprietan!?

El caso es que cada vez tengo más desarrollado el ‘instinto hormicida’ (como muy bien lo bautizó mi querida Mati) y que mis remordimientos se desvanecen en la palabra defensa. Esperemos que no me dé por hacerlo con todo el que me muerda ;

Miércoles (X) Buenos días!

25.11.2014

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Por fin he decidido a qué quiero dedicarme.

 

Después de doce años ejerciendo mi profesión descubro que me he equivocado, que lo que yo quería ser de mayor es presentadora de televisión; pero no para un programa cualquiera, lo que quiero es ser de esas que van con el micro en ristre por bares de tapeo y restaurantes cantándolo todo. Eso es lo que quiero. Y sé que valgo. Igual alterno a pitarra, que a cerveza que a vino bueno; no tengo alergia a ningún alimento y nada me da asco: entresijos, mollejas, caracoles… Creo que hasta los saltamontes, si me los ofrecen bien preparados, me los zampo.

 

Mientras no me pongan aceitunas lo tenemos arreglado. Pero a los bares que ponen aceitunas como pincho elaborado no creo que me manden a hacer ningún reportaje, no? Si es así tengo otra opción: recorrer el territorio patrio con un colega degustando las especialidades gastronómicas de cada sito. Como Juan e Imanol. Charlando con cada paisano que encuentran por el camino, guisando lo mismo un potaje que un cochifrito, improvisando discursos resonantes mientras ves esconderse el sol entre encinas y olivos…

 

Probablemente para eso he nacido.

Martes. Buenos días!!

28.07.2014

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Hay quienes, para disfrutar la vida, necesitan viajar a Myanmar, cenar en el restaurante más in, conocer a tal o cual o tener el último modelo de pascual… Afortunadamente para mi bolsillo y para mí, ese no es mi caso. Tengo la suerte de vivir aventuras excepcionales a la vuelta de la esquina, como aquel que dice.

 

¿Que no? Quedas con tres amigos en un pueblo castellano a un par de horas de Madrid, uno pequeñito, que censados no tiene ni 30 habitantes y en dos días puede pasarte casi de todo…

  •  Comerte la sardina rexona -cuyo olor nunca te abandona-
  • Asistir en directo a un concierto de punk en un granero con aforo completo (¿pero el punk no había muerto?)
  • Encontrarte con el reloj averiado del refrán justo a una de las dos veces al día que da bien la hora
  • Desayunar dos… o tres… o cuatro veces seguidas pasando alegremente del café al vino y de la tostada a la asadurilla guisada que están sirviendo casualmente a la puerta de tu casa
  • Charlar con un tipo que pasea un gorrión de Java -como si de un perro se tratara- por el torreón donde Doña Urraca quizá esté aún emparedada
  • Refrescar la digestión del cordero en un río que convierte a tus amigos en personajes de Tolkien: orcos, morcos y Golum, para más señas
  • Volver y descubrir que te han montado la verbena en casa (no cerca ni al lado; si no adherida a la fachada)
  • Alucinar con el nuevo paso de baile ‘la locomotora descarriada’
  • Dormir bajo música enemiga como si no hubiera mañana
  • Ir al pueblo de los monjes y encontrarte allí más rusos que en la estepa siberiana
  • Y, por fin, estar buscando buitres por el cielo y chocar de frente, a un palmo de ti, con uno cuya vida se acababa.

 

Tengo la suerte de que las aventuras están ahí para mí y de tener amigos con quien poderlas compartir… Aunque este lunes con poca voz y mucho sueño sea duro, ¿quién no iba a ser feliz así? Buenos días!!

26.05.2014

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Ayer -avatares de la vida y de los procesos electorales- acabé comiendo sola en un tailandés que, en condiciones habituales de compañía, me encanta.

Y no es que ayer no me gustara: la brocheta con salsa de cacahuetes y los tallarines salteados con cebollino estaban exquisitos, como siempre, pero pecaban de exceso de soledad, que no es lo mismo comer sola en un restaurante un lunes (en el que se te presupone una vida activa y un trabajo cercano), que un domingo, que estás rodeada de parejas y reuniones de amigos…

Para colmo, tenía enfrente un cuadro gigante con una composición pictórica altamente sospechosa: una escena pretendidamente oriental en la que a la izquierda podían observarse unas figuras de aire religioso acercándose a un templo y, a la derecha el interior de ese templo… donde se aprecia que también había figuras humanas pero han sido borradas; no sé si eliminadas a conciencia o sustraídas por la corrosión que presentaba el lienzo.

El conjunto resultaba inquietante porque el resto se ve perfectamente a pesar del deterioro. Pero los humanos se han desvanecido dejando por única huella borrones blancos en el cuadro; como el vivo recuerdo de la futilidad del ser humano, como si fuera sencillo olvidar que alguien ha existido… O como si cualquiera pudiéramos desvanecernos por arte de mala magia, si seguimos comiendo solos un festivo.

 

Lunes de resaca de partido y partidos, cuando lo que de verdad está hecho trizas son mis pies (y mis sentidos). Buenos (post)días!

Cuadro Thai

07.04.2014

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Dispuesta a ser justa y, dado que el viernes pasado me dio por desmontar expresiones tradicionales del lenguaje popular, hoy quiero destacar una que contiene en su simpleza tanta verdad, que creo que la tendríamos que ampliar:

“El comer y el rascar, todo es hasta empezar”

Efectivamente. He ahí una verdad como un templo. Pero, insisto, esas no son ni de lejos las dos únicas actividades de las que parece que no tienes muchas ganas pero, cuando empiezas, el cuerpo te pide más porque ¿Qué me decís de dormir? Yo aguanto como una jabata con cuatro o cinco horas diarias pero, si me dan rienda suelta, desgasto el colchón hasta que tengo el cuerpo con forma de manta y me levanto sólo porque los riñones me duelen como si se me fueran a partir. ¿Y el sexo? Igual. También aguanto cuatro o cinco horas diarias pero.. ¡No! Es broma. Me refiero a que, en épocas de sequía el cuerpo es capaz de adormecer el deseo hasta dejarlo en un anhelo llevadero pero, cuando lo incorporas a la dieta, no lo puedes dejar. Y así con tantas otras cosas: el deporte, la lectura, algunos juegos, algunas personas…

Parece que el ser humano tiene el gen de la adicción, pero que éste tiene dos posiciones: puede estar en ‘on’, puede estar en ‘off’… La cosa está en controlar el interruptor.

Lunes y Nuestra Señora de la Caridad (Cari, para mí) ¿Sabéis que hay un pueblo en Mozambique y otro en Argentina que se llaman Siete de abril? Hoy parece un buen día para pasarse por allí. ¡Buenos días, caris!