complicado

18.11.2015

Posted on Actualizado enn

A veces me da por pensar, mientras me fumo un cigarro sentada en un escalón y espanto una mosca petarda por enésima vez de mi pierna, o mientras espero (y desespero) en una parada de bus o en el aeropuerto o mientras me sueño que me duermo con una verbena en pleno apogeo retumbando en mi oído, en lo simples y lo complejos que somos, a la vez, los seres humanos. En cómo es posible que te pases toda la vida conviviendo contigo mismo y aún así descubras -en un golpe de mano- que no te conoces tan bien como cabría suponer.

Igual a los demás no os pasa y soy yo la única que vive en la inopia respecto al auto análisis de interioridades, pero no me importa reconocer que así es, que me caigo de mi propio guindo montones de veces.

Va a ser verdad que la edad atempera las reacciones porque (¡joder, coño, la leche!) yo antes gustaba de un dramatismo que ahora no se me ve… Recuerdo aquella ocasión en la que me vestí tres días de luto en prueba manifiesta del cabreo por unos besos que no llegaron a buen puerto. O aquella otra en la que escapé llorando y corriendo por la playa por no sé qué chorrada que ya no recuerdo… Y ahora sin embargo, me encuentro en el extremo opuesto de tales tragedias: encarando con media sonrisa y la espalda recta los reveses personales que se me presentan. Huyendo del drama por la resultona senda de la templanza…

Que luego puede que me dé una noche por llorar en casa, o que me tiemblen de tanto en cuando los palos del sombrajo que me sustenta, pero no me va mal con estas tretas; quizás porque, al fin y al cabo, soy yo la que ha comprado el billete de la noria en esta feria.

Miércoles es. Buenos días de noviembre.