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05.02.2015

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La Fórmula de la Felicidad. Día 4

Los jueves siempre han sido unos buenos días en mi calendario. Algo así como los previos del fin de semana, lo que le son los cuartos a las campanadas. Aunque también me encantan los viernes y por supuesto los miércoles… No anote nada de eso, agente, que voy a parecer un inconsciente!

Bueno, el caso es que a pesar del ambiente frío, yo estaba de un humor excelente y quería salir a compartir tan habitual acontecimiento, que no soy de los que olvidan disfrutar con algarabía el día a día. ¿A dónde? Pues de bares, ya sabe, esos lugares dónde el que no está alegre es porque no quiere (o porque teme las consecuencias que eso le traiga al día siguiente).

Apenas encontré gente en los sitios de siempre -cosa rara, ya ve usted- pero no me preocupé, que por esos lares no echamos cuentas de las ausencias de nadie, así como ignoramos sus faltas también.

Por lo visto todo el mundo andaba haciendo cola en las farmacias. Todos querían comprar un vial del invento ese, la última panacea, la pura felicidad embotellada. No me dirá que no tiene gracia, pensar que la felicidad puede beberse o siquiera fabricarse. Cualquier abuela les hubiera dicho que la felicidad, como el amor, ni se compra ni se vende.

Pero allá ellos, pensé. Dudoso destino tiene aquel que hace de lo bueno un ejercicio y no una piedra en su camino en la que poder tropezarse. Esto sí, haga el favor, esto anótelo usted.

27.01.2015

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Mi madre es maravillosa. Eso lo sabe todo el que la conozca. Pero hay que reconocer, que también tiene sus cosas…

Me refiero, particularmente, al modo en que hace la compra. No es que sea una compradora compulsiva, si no más bien impulsiva y quizá algo repetitiva. Hace tiempo, por ejemplo, debió detectar que se le estaba acabando el lavavajillas y su cerebro lo memorizó de tal manera que cada vez que iba al súper, lo compraba; hasta que llegó a acumular unos 25 botes de fairy en casa. Lo mismo sucedió otra temporada con los recambios de fregona, y otra con las bayetas… Le entraba la duda y, por si acaso, echaba una más a la cesta.

Pero la campanada la dio hace poco por el lado menos pensado: el enjuague bucal. Un buen día vio una estupenda oferta de Listerine y no se lo anduvo pensando; arreó con nada menos que tres frascos de litro cada uno: uno para su casa, otro para la mía y otro para ir rellenando ¡Tres litros de colutorio para dos tristes bocas! Pero si a mí me dura meses el bote pequeño!! Pues nada. Ya tenemos el plan quinquenal cubierto; como los rusos, pero para echarnos al coleto.

Lo cojonudo es que ahora va y me dice que en realidad a ella no le hace mucha gracia el Listerine, que ha descubierto que lo mejor es lo más simple, el enjuague bucal casero: agua con bicarbonato y, si hay llagas, con agua oxigenada ¡Maravilloso! Esto me deja a mí con más reservas de colutorio que Irak de petróleo. Así es que si un día de estos alguien detecta que dejo un ligero tufo mentolado, no me lo tenga en cuenta, es que voy a lavarme la melena con frescor verde menta!

Martes… La madre del cordero!! (Y la mía!) Muy buenos días…

19.12.2014

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Me he estado resistiendo como una jabata por aquello de no anticipar fechas en el calendario (que no nos patrocina El Corte Inglés), pero viernes y 19 de diciembre… empieza a resultar innegable.

Seguro que algo ya sabéis; luces de colores en las calles, turrones en el súper, gente cargada de paquetes, mensajes que incluyen un Papá Noel… No es un complot ni el primer capítulo de cualquier temporada de Doctor Who (que si esto fuera Londres, podría ser). Solo es que ¡han llegado las Navidades!

Y aunque son fechas controvertidas que unos aborrecen y otros adoran, a todos nos toca pasarlas, así es que lo más sensato es hacerlo de la mejor forma posible. Que no digo que tengáis que colocaros un gorro ridículo y hacer el canelo por calle, ni dedicaros a sacarle brillo a la tarjeta en compras interminables, pero sí se puede uno dejar embargar por la estética más cuidada de estos días y por ese sentimiento de acercarse a los que se quiere, que no hay males cuando el polvorón viene…

En cualquier caso, es época de tomarse unas vacaciones y, aprovechando que este año aún quedan rayos de sol con los que regocijarse, este gato va a tumbarse panza arriba al menos un par de semanas. Espero que encontréis también vosotros vuestro descanso, vuestro rayo de sol y vuestros placeres.

Buenos días, feliz viernes y que paséis unas Fiestas memorables.

29.09.2014

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A riesgo de que me toméis a chufla, tengo que confesar que tengo muy mala suerte con los plátanos últimamente. Los compro duros, verdes y lustrosos y aparecen al día siguiente blandurrios y amarillos. Lo que suele decirse hechos un higo.

En mi caso, el plátano -o banana, según me venga en gana- es más obligación que devoción: tengo que comerlos habitualmente para nadar, porque evitan los tirones musculares. La cosa es que sólo me gustan los verdes o al menos lo que aún están duros; así es que me esmero en elegirlos uno a uno para que estén en el justo punto que me convienen… Bueno, pues llevo una racha que no hay manera: los compre donde los compre, lo que hoy es verde como la primavera, mañana es amarillo cual pollito. Y claro, no soy capaz de comérmelo (porque me da como asco), pero tampoco soy capaz de tirarlo!! Y así, mediante este sistema, ya he almacenado cinco plátanos en la nevera ¡!

Ante tal acumulación de piezas de fruta en dudosa situación he echado mano del recurso habilitado para estos casos y he buscado en google cómo gastarlos. Si todo va bien, ya os contaré la semana que viene qué tal estaban las natillas de plátano, las empanadillas, el batido, el puding y las otras 502 recetas que he encontrado. En la vida pensé que se pudieran hacer tantas cosas con un plátano… aunque estuviera pasado!!

Buenos días de lunes frescos, que este año San Miguel no trae el veranillo puesto.

01.07.2014

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Ya sé que ahora el sector es muy liberal y cada tienda puede ponerlas cuando le dé la gana pero, para las clásicas como yo, hoy empiezan las rebajas. Y esto que para algunos no pasa de noticia de relleno al final del telediario, para mí supone el inicio de una época de gran peligrosidad; corro el mismo riesgo que los pollos en Navidad: acabar desplumada.

Porque esos cartelitos en rojo, esos porcentajes del 50 y el 70 con el menos delante, ejercen el mismo efecto sobre mi estructura mental que las luces de las recreativas sobre los ludópatas y los cerebros jugosos para los muertos vivientes antes de que los llamaran caminantes: me atraen hacia ellas…

Mmmm… Rebajas… No es lo mismo pagar 20 por una camiseta sin más, que pagar 20 y que tenga un 40 tachado detrás! En el segundo caso, te lo compras sin pestañear y ahí reside la gran trampa, en permitir que el gen consumista se acueste con el gen de economizar: acabas con más bolsas de las que puedes acarrear, con más camisetas de las que te caben en el cajón y con el saldo de la cuenta por debajo de la línea de flotación.

Y no importa que no salgas ex profeso a por ellas, es que en cuanto pones un pie fuera de casa, ellas te buscarán. ¿Los tiempos muertos? Fatal, siempre hay una tienda cerca ¿Quedamos a tomar una caña? Error, los escaparates te acechan. ¿Voy a dar un paseo? Anda ya! Quién pasea en julio? En realidad vas a comprar… Y sí que es cierto que a veces hay alguna ganga, pero son gangas que en realidad no te hacían falta!!

Así es que me este año he pensado que si lo primero que me compro en oferta es una buena venda, igual me doy algún piñazo, pero me ahorro lo demás!! ¿Tienen antifaces en rebajas? Martes. Buenos días.