conexión

03.02.2016

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En el pueblo de mi madre (me consta que también en muchos otros), las familias tienen un apodo. El de la mía, por parte de mi abuela, es “la instalaora” gracias a su padre y un hermano que eran electricistas y encargados de las instalaciones de la compañía eléctrica en el pueblo.

Quizás por este motivo, en algún oscuro rincón de mi cerebro, he creído que igual que se heredan los apodos se hereda su contenido, porque la electricidad siempre me ha sido muy familiar: nunca le he hecho ascos a cambiar un enchufe o arreglar un cable pelado a pesar de mis pírricos conocimientos en la materia.

El caso es que a fuerza de observar de pequeña a mi abuelo que era un manitas, yo tenía clara la cosa del casamiento del cobre y el uso abundante de la cinta aislante. Pero el otro día, que tenía por meta cambiar los focos empotrables de mi cocina por dos flamantes downlights led, descubrí que no todo cable es orégano y que juntar colores como en el Lego no es siempre la solución…

Poneros en situación: voy yo con toda mi ilusión, desmonto el foco viejo de bombilla pasada de moda y me encuentro que a ese aparatejo lo alimentan dos mangueras de cables que van a confluir en una clema con seis alambres de tres colores diferentes enganchados; miro mi precioso foco nuevo y me encuentro con que éste sólo tiene dos cablecillos blancos esmirriados para hacer frente a todo ese ejército ¡Ups! Y yo con mi cinta aislante colgando… A puntito de saltar por la ventana (hasta que recordé que vivo en un bajo).

 

Afortunadamente, Dios ha inventado los grupos de Whatsapp además de los focos led y lo que me falta en sabiduría me sobra en amigos con buena voluntad… Me cambiaron el foco por teléfono y a danzar. ¡¡Eso sí que es chispa!! Es estupendo conectar…

 

Miércoles. Buenos días!!

07.11.2014

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Nunca dos checks azules habían causado tanto revuelo. Ayer no se hablaba de otra cosa; hervían los mentideros de la villa y corte del smartphone… Whatsapp nos controla! Nos espía! Nos vigila! Nos exprime! Nos espachurra!

 

La verdad es que saber en qué minuto exacto te lee quien te lee a mí también me impresionó un tanto, pero ahora que el cuerpo se me ha hecho al cambio, no me parece descabellado. Antes se daba por sentado que leías todos los mensajes en el momento de la última conexión, pero lo cierto es que a veces te conectas un momento para algo y no puedes leer todo lo que te han mandado. Ahora, si usas la aplicación como un ciudadano de bien, no tienes nada que temer.

 

Al fin y al cabo, se trata de reforzar la comunicación. Y si ignoras o eres ignorado hacerlo de frente, con conocimiento de causa. Porque el que quiera obsesionarse con la hora de lectura o conexión, siempre va a encontrar el medio para hacerlo. Otra cosa es que el nivel de atención que dediques al mensaje en cuestión, que a veces uno escribe ‘verde’ y el otro lee ‘vente’ y para eso no hay -de momento- ni símbolo, ni solución.

 

Lo de siempre, vaya: que la tecnología es la que es y somos nosotros los que optamos por darle un uso bueno…o no. Lo que es bueno sin discusión es el día de la semana: viernes y, en Madrid, este finde viene con premio. ¡A disfrutarlo! Buenos días.