cosas

13.02.2014

Posted on Actualizado enn

Día 2: LA SOLUCIÓN

Tengo al fondo de la memoria el recuerdo de un programa de televisión en el que a los participantes les entregaban un objeto cualquiera y ellos debían encontrar distintos usos que darle. Y, visto mi drama con los botes vacíos de tomate, me siento como una de aquellas concursantes.

Primero pensé lo evidente: ¡para meter cosas dentro! Y empecé una batida por estantes y cajones a ver que podía guardar… Cuando se me agotaron los tornillos, horquillas, bolitas, restos de salsas y mascarillas, me di cuenta de que eran perfectos para especias; así es que emplee otros pocos en sal de roca, pimienta rosa y bayas de enebro. La idea era buena, por lo que -durante un tiempo- caí en la compra compulsiva de condimentos en bolsa, pero cuando llegué a la adquisición masiva de sazonador para caracoles, decidí poner fin también esa etapa.

En este punto, tuve que pedir ayuda externa especializada: el doctor Google me derivó a millones de páginas de manualidades en las que mentes de lo más creativas me conminaban a ponerles puntillas, pintarlos de colores y usarlos como portavelas, floreros o lámparas… Pero una vez tienes el salón cual cementerio el 1 de noviembre y la iluminación de tu casa deja pobre a la de Las Vegas, la cosa pierde gracia y te das cuenta de que algo falla: en realidad no son velas con olor a mango lo que quieres embotellar; lo que te gustaría almacenar son esos olores evocadores que Chanel no vende: a lluvia, a sexo, a verano, a limpio… ¿Y porqué no voy a meter en mis botes de tomate lo que me dé la gana, pensé?

Así he hecho; ya no queda uno vacío, en el que no guardo silencio guardo inspiración, aunque no sé porqué hay cosas que me cuesta envasar: la paciencia, la moderación… El que necesite cualquier cosa no dude en pedírmela, que se la envaso. Esta mañana sin ir más lejos, abrí un bote de ‘jueves’ y otro de ‘buenos días’; aquí tenéis los dos…

30.09.2013

Posted on Actualizado enn

Se te descuelga un poco el alma cuando entras en una casa vacía y tú la recuerdas ocupada. Todos los cachivaches que -aunque no eran tuyos- durante años te han sido familiares, dejan de tener sentido para convertirse en poco más que trastos. Faltan las manos que los hacían útiles, faltan las personas para las que lo eran.

La que siempre has considerado tu casa, aunque no lo fuera, se te aparece como inhóspita, desarraigada. Te sientes más extraño en ella. Un poco desorientado cuando buscas una toalla, un poco intruso al abrir un cajón.

Y es que la mayoría de nosotros nos aferramos a las cuatro cosas que tenemos como si en ello nos fuera la vida, cuando resulta que la vida se nos va intentando tenerlas. Y un día, entras en una casa que ahora está vacía y el entendimiento te fulmina como un rayo: en realidad, todas esas cosas dan igual. Los tesoros de unos son estorbos para otros. El recuerdo, que no necesita de joyero para guardarse, es lo único que queda.

Comienza la semana y septiembre se nos acaba, en el Día Internacional de la Traducción. Traducido: lunes 30, que otras cosas cuestiones me cuesta mucho más traducirlas a palabras. Buenos días…