cuchara

12.06.2014

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Es tradición pública, notoria y reconocida en mi familia que, a poco que comienza la temporada estival, comienza la producción e ingesta masiva de sopas frías de tomate; bien en la más popular forma de gazpacho, bien en forma de porra antequerana (lo que la mayoría conocéis como salmorejo). Igual me da; los dos me encantan y constituyen el primer plato perfecto de todas mis comidas veraniegas.

El primero del año siempre me sabe a campanada de salida de lo mejor de esta temporada: a terraceo, a mar, a amigos, a días largos, atardeceres lentos, a viajes, a poca ropa, a deseo. El primero de este año, en concreto, me ha sabido a todo eso y, además… a madera. A madera sí; cual si fuera un Rioja criado en barrica de roble. No. No es una metáfora ni que hayamos patentado un nuevo sistema de maceración del tomate… Ha sido cortesía de mi madre (el hada que, cuando aparece, rellena los tupper), que le ha añadido a la porra un ingrediente secreto: cuchara. Tuvo la peregrina idea de meterla en el thermomix mientras estaba funcionando (a saber con qué propósito, porque si era para removerlo digo yo que las cuchillas a toda leche ya harán algo); de tal forma que de la cuchara de palo que entró, sólo el palo salió. Y qué queréis que os diga, mezcladas con el tomate, el ajo y el sabor a sol, las astillas no están tan mal.

Lo malo del cuento es la moraleja refranera: madera que no mata.. ¿flota? Pues eso, otro verano flotando. Jueves. Buenos días!