cupones

06.05.2014

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¿Vosotros queréis conocer al detalle la vida sentimental de la chica que me hace la depilación láser? Bueno, pues yo tampoco pero, después de hora y cuarto escuchándola me la sé mejor que la mía; me la sé con pelos y señales. Literalmente. Pelos los que me iba chamuscando y señales las que me dibuja con un lápiz, que me deja las piernas como el mapa de las Seychelles. Pero digo yo ¿esto no es el mundo al revés? Porque la que estaba tumbada en la camilla era yo!! La que larga, normalmente, es la clienta!! No?

Pues nada, la muchacha venga a contarme. Y con todo lujo de detalles: que si ese día me dijo que le dejara espacio, que si me volví a liar con él, que si se me acercó por detrás, que si me encontré una camisa de mujer en su piso… y claro, yo no podía perder el hilo, primero porque me hacía preguntas y después porque cuando estás sin bragas ni pantalones delante de una mujer que porta un rayo láser, no es cuestión de hacerla enfadar, que en cuánto me despistaba del relato disparaba sin compasión, en modo metralleta.

Y por más que la jurisprudencia y la razón dicten que estando con el culo en pompa hay cosas de las que es mejor no hablar; es más, que llegados a esa postura cualquier conversación huelga, así me vi yo ayer: en una estampa ni favorecedora ni respetable, aullando de dolor y obligada a dar consejos amorosos a una desconocida a punta de pistola (láser). Para luego despedirme sin darme ni las gracias, que la siguiente víctima esperaba ¿les contará su vida a todas, o sólo las de los cupones de oferta somos las agraciadas?

Que queréis que os diga: ya puede ser la depilación definitiva porque esto, con la cera, no pasaba! Martes. Buenos días!!

10.03.2014

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‘Para conseguir los millones hay que comprar los cupones’ coreaba esta mañana mi vendedor de la ONCE favorito. Es un chico joven y ciego que tiene la caseta en la estación de metro de Sol, pero jamás le verás dentro de ella. Se pasa toda su jornada laboral de pie en una escalera cercana que tiene mucho más tránsito de viajeros y desde allí nos anima cada día a adquirir su mercancía con ingenio y buen humor; hasta el punto que yo que no soy de comprar el cupón, me quedo con las ganas de hacerlo…

El caso es que la consigna de esta mañana se me ha pegado a los pensamientos para el resto del trayecto. Coño, es que no por más simple es menos cierto; tendemos a quejarnos de una suerte que no nos llega pero no movemos un dedo para lograrla. Nos quedamos cómodamente sentados en nuestra caseta esperando que la buena fortuna nos llame a la puerta. Evidentemente, no hablo ya de los juegos de azar (que no quisiera yo incitar a la compra compulsiva de loterías) si no que la analogía me sirve para cualquiera de los tres pilares que le encomendamos tradicionalmente a la buenaventura: salud, dinero y amor. Cuidarse, trabajar duro, amar y dejarse querer… Así es posible que la fortuna encuentre antes el camino de nuestra puerta.

Lunes y San Simplicio (este promete). Buenos cupones, buenas ocasiones… y buenos días!