demonios

11.06.2014

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En estos días en que el sol ejerce de Dios (aprieta, pero todavía no ahoga), la ciudad se transforma en el peor de mis demonios… El asfalto se me adhiere al carácter, los edificios me pesan en el ánimo y la polución me estropea la cosecha, porque me pone de mala uva.

Lo que el cuerpo me pide es salir. ¡Salir! Agua, verde, monte. Renovarme para no morir. ¡Salir! Nacional X adelante, darle por unos días la patada a Madrid. Quitarme el reloj de la muñeca y las telarañas del horizonte. Escuchar el rumor del agua que fluye, sin tener que cerrar corriendo el grifo. Bañarme de la primavera que todavía nos queda. Alejar la nariz del olor a rutina del metro. Encontrar animales al borde de la vereda, no animales que me empujan en la acera. Acercar mis pasos al camino que quiero seguir.

Que no haya más límite que lo que el día dé de sí, ni más carga en las espaldas que la mochila con un bocata. Cambiar malos humos por buenos tiempos y volver a sentir que el mundo es, exactamente, ese lugar donde me gusta vivir.