dentista

12.03.2014

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Reconozco en mí misma algunas aversiones que, aunque quizá sean algo infantiles, tienen su explicación, verbigracia, la de ir al dentista. Me da miedo. Pero es normal, porque sabes de antemano que un trance agradable no es (será, en el mejor de los casos, neutral). También entran en ese grupo consultar el extracto del banco cuando le has dado cera a la tarjeta, tirar una cebolla que se te ha puesto mala en la nevera, cocer una coliflor, cantarle a la vecina cotilla las merecidas cuarenta… Esas cosas.

Lo que no logro explicarme es la manía que le he cogido a ir a la peluquería. No es que esa actividad me haya gustado nunca, es verdad; pero tampoco puedo alegar que el contacto de la tijera con el pelo me duela. Y, sin embargo, no voy. Aún teniendo una enfrente de casa. Creo que la última vez que fui se llevaban los pantalones campana…

Necesito un corte de pelo más que el rey una muleta, tengo las puntas abiertas aunque me embadurne de crema y las capas ya no son tales, hace mucho que son greñas; cada vez que me desenredo rompo un peine y el otro día un chaval me pidió un autógrafo pensando que era el guitarrista de Metálica… Pensaba esperarme a que pasara la Semana Santa porque mi look a lo ‘Cristo en la cruz’ es apropiado para esas fechas, pero como sigo sin encontrar las bolsitas de lavar, sospecho que puedan estar escondidas entre los rizos de mi cogote, así es que cualquier día de estos iré a que me desbrocen. Ya veréis como aparece en las noticias que la selva amazónica se reduce ¡!

Miércoles. ¿Será hoy? Hoy no. Mañana será otro día; o pasado… Buenos días!

20.09.2013

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Ayer sufrí una tarde de inesperado e indeseado cambio de planes. Esperaba sudar la gota gorda con mi nueva monitora/sargento de natación y acabé sumergida en el in/cómodo sillón de mi dentista. Pero es que las muelas mandan y, cuando un nervio te declara la guerra no hay nada que hacer, salvo ingerir 4 litros de agua fría que era lo único que me calmaba el dolor y zamparse un diazepan como alternativa a saltar por la ventana…

El caso es que la ingesta de tanto paliativo al final, confieso, hizo mella en mí y acabé con un efecto secundario digno de estudio: cada vez que cerraba los ojos, se me aparecía el Dr. Spock ¡¡¡A mí, que nunca he sido trekkie!!! Afortunadamente hoy el dolor y la tripulación de Star Trek son historia; aparentemente la única secuela es el cuadrante superior derecho de la boca algo sensible y que, en lugar de decir ‘dependienta’, digo ‘amapola’. Si la cosa no va a más, me doy por conforme; siempre hay casos peores: he comprobado que hay gente que llega a perder el sentido del humor por mucho menos…

Viernes y San Andrew Kim Taegon (en serio). Ya no hay huevos de dar los buenos días, así es que buenas tardes y feliz fin de semana…