deterioro

26.05.2014

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Ayer -avatares de la vida y de los procesos electorales- acabé comiendo sola en un tailandés que, en condiciones habituales de compañía, me encanta.

Y no es que ayer no me gustara: la brocheta con salsa de cacahuetes y los tallarines salteados con cebollino estaban exquisitos, como siempre, pero pecaban de exceso de soledad, que no es lo mismo comer sola en un restaurante un lunes (en el que se te presupone una vida activa y un trabajo cercano), que un domingo, que estás rodeada de parejas y reuniones de amigos…

Para colmo, tenía enfrente un cuadro gigante con una composición pictórica altamente sospechosa: una escena pretendidamente oriental en la que a la izquierda podían observarse unas figuras de aire religioso acercándose a un templo y, a la derecha el interior de ese templo… donde se aprecia que también había figuras humanas pero han sido borradas; no sé si eliminadas a conciencia o sustraídas por la corrosión que presentaba el lienzo.

El conjunto resultaba inquietante porque el resto se ve perfectamente a pesar del deterioro. Pero los humanos se han desvanecido dejando por única huella borrones blancos en el cuadro; como el vivo recuerdo de la futilidad del ser humano, como si fuera sencillo olvidar que alguien ha existido… O como si cualquiera pudiéramos desvanecernos por arte de mala magia, si seguimos comiendo solos un festivo.

 

Lunes de resaca de partido y partidos, cuando lo que de verdad está hecho trizas son mis pies (y mis sentidos). Buenos (post)días!

Cuadro Thai