diario

11.12.2014

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No es un secreto -porque alguna vez lo he contado y porque muchos me conocéis- que soy un poco… ¿cómo decirlo? Bruta.

 

Bruta, bestia, animal de  bellotas, borrica… La antítesis de una damisela delicada, vaya. Que no es que vaya por la calle castrando capones (ni que los hubiera), pero tampoco voy a pasar a la historia por princesa de cuento de hadas, por ponerlo en unidades de medida.

 

El caso es que tal característica atrae sobre mi persona algunas consecuencias poco deseables: escasa supervivencia de los cepillos de dientes, pequeños cortes superficiales en las extremidades, uñas que siempre se parten, algunas molestias estomacales, tirones de pelo que arrancan hasta la carne… y otros inconvenientes de esa índole.

 

La última -de ahí el preámbulo- ha sido cuando he estrenado el nuevo limpiador facial que me he comprado… El producto trae una especie de disco de goma con pequeñas púas del mismo material sobre el que echas el gel y, por lo que pone, con eso debes frotarte la cara unos 30 segundos. Pero claro, depositando tal sistema en mis manos, los 30 segundos fueron unos 5 minutos (por si no lo he hecho bien) y el suave movimiento circular que recomiendan se convierte en un restregar rápido y encarnizado como si estuviera limpiando el culo de una sartén con grasa de siete años: con tal saña que me acaban doliendo hasta los brazos.

 

Por lo que parece, el producto debe ser bueno: efectivamente me ha quitado espinillas y puntos negros, pero… también todo lo que había junto a ellos. Creo que tengo unas siete capas de piel menos. Al día siguiente amanecí a manchas rojas y dos más tarde con la cara de un blanco reluciente fruto de haber eliminado el rastro de moreno de los quince últimos años, que creo que -a lo tonto, a lo tonto- he descubierto el secreto de Michael Jackson.

 

El golpe es que encima pone en el cacharro que es de uso diario!! Desde luego mi menda va a tardar un tiempo en volver a usarlo… o quizás no tanto.

 

Jueves. Ya casi estamos. Buenos días!

21.10.2014

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De vez en cuando me pasa que me despierto un sábado o domingo asustada pensando que me he quedado dormida y no he ido a trabajar. Y aunque en un primer momento te sienta a cuerno quemado la angustia gratuita, el instante en que recapacitas y te coscas que es fin de semana es uno de los grandes placeres gratuitos de la vida…

Sin embargo esta mañana la broma ha sido justo la contraria: ha sonado el primer despertador y he pensado: vaya! por qué estará sonando una alarma? La he apagado un poco cabreada y convencidísima de que la mencionada alarma estaba equivocada. Pero cuando, cinco minutos de cortesía después, ha empezado toda la fanfarria, se ha abierto ante mis ojos la más cruda realidad ¡ODM! ¡OMG! ¡Su PM! ¡Es martes! Y esto, como broma, no tiene ninguna gracia.

De ahí en adelante todo es sentirte medio gilipollas, medio descolocada. Y por más que ahora el famoso pasillo del metro de la publicidad original esté forrado de negro y te intente animar a golpe de mensajes amables de (Nes)café del estilo ‘Inspírate’, ‘Hoy es tu día’ y ‘blablabla’, a ti ya te da igual, porque eres consciente de que te engañan: hoy no puede ser mi día porque mi día, guapito, no era martes.

 

Creo que lo que me pasa es que se va deshilachando el corazón mío y me he metido en una canción de El Kanka…

 

“Rin rin… el despertador (…) yo me levanto pegando un brinco y maldiciendo al amanecer que me pone en pie (…) Y voy abriéndome paso entre las legañas y discutiendo con una araña. (…) Y pierdo el metro y pierdo las ganas de cambiar el mundo esta mañana. (…) Habrá que salir de casa con armadura, tener el móvil con cobertura (…) cultivar la sangre fría, (…) mantener la compostura (…) cumplir todos los horarios, respetar el calendario…”.

 

Buenos días de martes descosido.

 

12.06.2013

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Tenía un grupo de whatsapp con dos amigos míos que creé el otro día para pasarles unas fotos y ayer ambos decidieron abandonarlo (nada que reprocharles, cumplido el objetivo, se elimina el grupo; normal). Al darme cuenta de que me había quedado sola y que, por definición, eso ya no era un grupo, fui decidida a pulsar ‘eliminar y salir’ por pura inercia hasta que, de repente, se me encendió la bombilla… ¡Joder! ¿Un grupo para mi sola? Pues oye, no es tan mala idea…

Puedo usarlo para hablar sola por escrito. Es más, puedo usarlo para decirme cosas que no quiero olvidar. Grandes promesas de esas que te haces a ti misma y que después el viento de los días acaba por llevarse. Vanessa, piensa antes de hablar. Vanessa, tienes que dormir más. Tienes que ser más prudente, menos impulsiva, menos vehemente… Le he cambiado el nombre y ahora se llama “conciencia” y de momento está vacía, limpia. Ahora ando pensando que igual no está de más crearme otro grupo unipersonal al que llamar “diario” donde bastaría con ir poniendo dibujos de esos con que los creadores del chat quieren que resumamos todos nuestros estados anímicos… Pues no sé, no sé, porque a pesar de lo que me gustan las 58 caritas de las cuales 14 sonríen abiertamente, 3 enseñan una sonrisa breve, 1 de medio lado, 4 tiran besos, 1 está loca de amor y 35 se encuentran en distintos grados de asombro, miedo, cabreo o sueño, no siempre encuentro la que necesito: se me quedan cortas ¡!

Miércoles 😦 Buenos días 🙂