diciembre

04.12.2015

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A cuenta de pasarme unos días haciéndome pasar por una jubilada ociosa, me he dado cuenta de que, para esto, también hay que tener escuela.

Mira que yo pongo mi mejor cara de ‘el tiempo y la estética no me importan nada’ y que el puñetero tinte vuelve a dejar asomar mis canas, pero no cuela. Cuando llego a los bancos del final del paseo marítimo, ellos ya los han ocupado. Si se me ocurre sonreirle a alguna paloma, ellos ya la tienen cebada. En la mesita perfecta de la cafetería, siempre hay alguno afincado jincándose una cerveza helada… Y a mí se me queda cara de atontada, porque me siento como una intrusa en ociolandia.

Y eso que yo tengo más juguetes que ellos: mi mp3, mi eBook, mi móvil y todas mis chorradas, pero no tengo esa capacidad de emplear el tiempo en ver el sol desplazarse por el cielo. Mis minutos reclaman siempre su finalidad: leer, escribir, pasear, relajarme… Coño! Que llega la hora y no me ha dado tiempo de relajarme casi nada!

De verdad que no sé si ese poso me lo va a dar la edad, porque el relax siempre se me ha dado fatal. Me pone un poco nerviosa, vaya. Recuerdo el día que en un balneario tuvo que venir el médico a socorrerme porque me dio un jamacuco en una bañera llena de sales y cáscaras de naranja en la que sólo tenía que ‘estar’.

En fin… Por ahora y por suerte, he podido escapar estos días a respirar aires más limpios, a empaparme de sol luciendo tirantes en pleno diciembre; a pesar de que mis amigos me odien cuando les mando fotos paseando por la playa y a pesar de que no saque buena nota en la asignatura ‘tranquilidad’. Tranquilos, que ya se me acabarán! Buenos días, buen puente y felices escapadas.

02.12.2013

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Ea, pues ya llegó. Para todos aquellos que, en un alarde de clasicismo, aún tenemos un calendario de papel colgado en la pared, llegó el momento de su última mutilación: diciembre. El mes de la cuenta atrás: en 29 días estaremos a tiro de 12 uvas de esa tierra ignota a la que llamamos 2014.

Diciembre… qué pereza. Que luego todo va llegando y se va llevando, pero visto así, desde el borde del precipicio antes de empezar a rodar, la parafernalia de estas fiestas da un poco de vértigo y otro poco de desgana. Es más, se me ha ocurrido que ya que voy a escribir hoy a Nintendo para felicitar a la Wii que cumple 7 añitos, les voy a proponer un juego simulador de la Navidad, que lo del tenis y el boxeo en la consola está muy bien pero muy visto: yo creo que triunfarían con un juego de plataformas en el que un ciudadano corriente con un sueldo medio tiene que llegar al 7 de enero sin perder la salud ni el dinero en el intento (del amor no digo nada, que ese va por otros derroteros). Sí, sí, lo veo: pantallas en las que esquivas un pavo gigante mientras te ametrallan a polvorones, otras en las que borras mensajes de felicitación a toda velocidad antes de que se te colapse el teléfono y otras en las que huyes a la carrera de un muñeco diabólico de nieve disfrazado de Papá Noel. Con extras y bonus en los que llueven poinsetias y luces led…

Increíble, creí que las grapas solubles eran la patente de mi vida pero veo que no, que la fortuna me está esperando a la vuelta de cualquier esquina! Y sin lotería!! Lunes. Buenos días…