dientes

27.01.2015

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Mi madre es maravillosa. Eso lo sabe todo el que la conozca. Pero hay que reconocer, que también tiene sus cosas…

Me refiero, particularmente, al modo en que hace la compra. No es que sea una compradora compulsiva, si no más bien impulsiva y quizá algo repetitiva. Hace tiempo, por ejemplo, debió detectar que se le estaba acabando el lavavajillas y su cerebro lo memorizó de tal manera que cada vez que iba al súper, lo compraba; hasta que llegó a acumular unos 25 botes de fairy en casa. Lo mismo sucedió otra temporada con los recambios de fregona, y otra con las bayetas… Le entraba la duda y, por si acaso, echaba una más a la cesta.

Pero la campanada la dio hace poco por el lado menos pensado: el enjuague bucal. Un buen día vio una estupenda oferta de Listerine y no se lo anduvo pensando; arreó con nada menos que tres frascos de litro cada uno: uno para su casa, otro para la mía y otro para ir rellenando ¡Tres litros de colutorio para dos tristes bocas! Pero si a mí me dura meses el bote pequeño!! Pues nada. Ya tenemos el plan quinquenal cubierto; como los rusos, pero para echarnos al coleto.

Lo cojonudo es que ahora va y me dice que en realidad a ella no le hace mucha gracia el Listerine, que ha descubierto que lo mejor es lo más simple, el enjuague bucal casero: agua con bicarbonato y, si hay llagas, con agua oxigenada ¡Maravilloso! Esto me deja a mí con más reservas de colutorio que Irak de petróleo. Así es que si un día de estos alguien detecta que dejo un ligero tufo mentolado, no me lo tenga en cuenta, es que voy a lavarme la melena con frescor verde menta!

Martes… La madre del cordero!! (Y la mía!) Muy buenos días…

04.04.2014

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A tenor del avance imparable de los tiempos, deberíamos actualizar alguna de nuestras expresiones más comunes porque, aunque parezca mentira, ellas también envejecen.

Por ejemplo:

  • Blanco y en botella: efectivamente en los 50 sólo podría ser leche, pero ahora vaya usted a saber. Desde algún derivado lácteo de esos que no han olido jamás una vaca hasta algún aderezo para ensaladas con reducción de balsámico de uva de monje del Tibet…
  •  No tengo un duro: expresión que quedó automáticamente desactualizada el 1 de enero de 2002 cuando entró en vigor el euro, siendo de aplicación aquí una expresión del siglo pasado que nos vuelve a servir (como la moda vintage): ‘No tengo un céntimo’. La situación ideal sería no tener que usarla por poseer abundancia de una u otra moneda, pero no parece que eso sea factible de momento…
  • A caballo regalado no le mires el diente: venga, en serio, alguien conoce a alguien que le hayan regalado un caballo? Es casi más fácil que te lo regalen de vapor, pero esos vienen en manada y no es cuestión de revisarles a todos la dentadura, excepto que entiendas de motores.
  • Llegar y besar el santo: eso sería antes de los recortes en el Metro, porque ahora es más bien llegar y esperar 10 minutos. Además de la tremenda dificultad de encontrar a algún santo al que besar.

De momento, con estos deberes tenemos bastante; que es viernes y todos tenemos otras cosas que hacer. Yo voy a ir a toda leche a comprar un corcel por cuatro duros, que si localizo a San Agatópodo me lo como a besos. Buenos días. Feliz ‘finde’.