dones

11.05.2015

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Llegados a estas fechas en que el buen tiempo no es que esté asegurado pero empieza a darse por sentado, la estación de la primavera da un sutil giro hacia una estación intermedia que podríamos llamar ‘pre verano’.

Para mí, esta época es tan deseada como agobiante y agotadora. Porque en invierno, de lo malo malo, te sale algún fin de semana descargado (de estos que tienes pocos planes y sacas más tiempo para el descanso), pero desde aquí hasta bien finalizado el verano ya no paro. Mi vida se convierte en una sucesión de idas y venidas con días laborables -también liados- en medio.

Esta acumulación de ocio primordialmente viajero, tiene -por supuesto- su cara y su cruz: en el lado bueno que me gusta, lo disfruto y me divierto. En la cara oscura está una cierta sensación de permanente destierro. La maleta no conoce el descanso, los días se pasan a velocidad de vértigo y acabas estando fuera tanto, que no te cunde lo que estás dentro. Además te encuentras amigos que te terminan torciendo el gesto (y lo entiendo) porque intentan quedar contigo y tú eres un cajón lleno de ‘no puedos’…

Pero es que hay tantos sitios en los que me apetece estar, tantas cosas de las que quiero participar, que muchas veces he pedido en la hoguera de los sueños fantásticos dones como la ubicuidad o el teletransporte; aunque éste último no me conviene, que ya sabéis cuanto me gustan los viajes… Me vendría mejor tener alguna mano extra, o una cabeza con más memoria, que hay muchas ocasiones en las que me faltan. Por pedir…

 

Lunes. Buenos días!

28.06.2013

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No es que me considere un dechado de virtudes, (que tengo una por cada mil defectos, como dice la canción), pero siempre he tenido algunos dones que me venían muy bien y a los que estoy acostumbrada; por ejemplo, los mosquitos. No me pican. Aunque los haya a millares, siempre prefieren la sangre de quien tengo al lado, la mía debe amargar -aunque cuando la he probado tras algún corte en la mano, me sabe rica-. Bueno, pues este año me habrán mejorado leucocitos y plaquetas porque me han picado nueve ¡Nueve! Debió ser hace dos semanas, aprovechando que me estaba echando la siesta en un pantano, debajo de un pino… pero es que aún las tengo en vigor; es más, como no tengo costumbre de aguantar las ganas de rascar, lo que eran nueve picotazos sencillos, ahora se han convertido en nueve pelotas de ping pong repartidas por mis brazos y piernas. Y no me hace ni pizca de gracia ¡¡!!

Pero no es lo único que ha cambiado a peor últimamente. Tengo la sospecha de que he perdido otro de mis dones: los huevos. Mi madre los cuece con todo el cuidado del mundo, vigilando la temperatura y aún así se le rompen. Pero a mí no. Yo los metía de la nevera al agua caliente sin contemplaciones y no se me rompían jamás… hasta ayer. Qué es esto? Qué va a ser lo siguiente? No abrir un libro exactamente por la página que busco? Que no me toque siempre la puerta del vagón enfrente? Por favor, decidme que las hadas madrinas tienen libro de reclamaciones!!

28 de junio y viernes orgulloso. Que vuestros dones no os abandonen. Buen fin de semana y buenos días…